Siete preguntas y respuestas para aclarar la situación
Artículo publicado en Tribune des Travailleurs nº 525, periódico del Partido de los Trabajadores (Francia).

1. ¿Por qué Trump atacó Groenlandia de esa manera, provocando una gran crisis con varios países europeos, incluidos Francia, Dinamarca, etc.?
Es importante comprender que, cuando hablamos de Trump, no estamos hablando del carácter totalmente excesivo y más o menos psicológicamente desequilibrado del individuo. La pregunta que debemos hacernos es por qué la clase capitalista en Estados Unidos —no sin vacilaciones, no sin contradicciones— decidió apoyar a Trump. ¿Y por qué todavía lo apoya?
La respuesta no reside en la psicología individual de Trump. Reside en la crisis del capitalismo. El principio del capitalismo, como escribió Marx, es el “dinero siempre en expansión” que no puede permanecer estático. El capital necesita conquistar constantemente nuevas áreas de valorización.
Al haber alcanzado la fase del imperialismo, el capitalismo ya no puede desarrollarse expandiendo los mercados, porque todos los mercados están, de una u otra forma, controlados por alguna potencia capitalista. Tampoco puede hacerlo porque se enfrenta, en cada país, a la resistencia de la clase trabajadora, que se opone a cualquier ataque contra sus derechos.
El imperialismo estadounidense, por su parte, se enfrenta a imperialismos rivales y a la economía china, que no se rige de la misma manera por las leyes del capital.
Tras años de dificultades, la clase capitalista más poderosa del mundo observa con interés a quien declara:
“Romperé toda resistencia, con mi método, el de la violencia más extrema. Gracias a ello, América Primero, nosotros, el capital financiero de Estados Unidos, volveremos a dominar el mundo sin contestación.”
Habiendo presentado este programa y movilizado a los capitalistas estadounidenses en torno a esta perspectiva —incluso a aquellos que eran muy “contrarios” a ella (recordemos la movilización de Zuckerberg y otros gigantes tecnológicos, hasta entonces apoyos del candidato demócrata)— Trump necesita demostrar que puede obtener resultados. Y ahí comienzan los problemas.
Trotsky escribió una vez que la burguesía acepta el nazismo como alguien con dolor de muelas acepta al dentista: es un mal necesario.
Algo similar ocurre con Trump.
Por eso todos estos grandes gestos, todas estas ofensivas desde Venezuela hasta Groenlandia, pasando por Irán o Palestina, se justifican abiertamente no en nombre de la “democracia” o la “paz”, sino del petróleo, los recursos naturales y la ganancia.
En el plano interno, sus políticas económicas alimentan la inflación mientras la creación de empleo se desploma. Además, las políticas ultrarrepresivas del ICE contra los inmigrantes están provocando levantamientos populares y juveniles en Minnesota. Por eso necesita desesperadamente “éxitos”, demostraciones de fuerza, justificadas por beneficios inmediatos, en este caso el petróleo.
2. Jean-Luc Mélenchon declara que “diecisiete soldados franceses de montaña en Groenlandia fueron suficientes para hacer retroceder a Trump” (24 de enero). ¿Será cierto?
Se trata de una afirmación bastante extraña. Debemos mencionar aquí a Jean-Luc Mélenchon, quien, cada vez más chovinista e incluso social-chovinista, ofrece su apoyo a Macron en todos los aspectos de su política exterior. Declaró, por ejemplo, a Barrot, ministro de Macron: “Ante el ministro de Relaciones Exteriores de mi país, intento asegurar que las cosas marchen bien para nosotros, los franceses primero”.
En realidad, Trump probó hasta dónde podía llegar. Luego, aparentemente, retrocedió. Pero seamos claros: Trump ya ha obligado a las potencias europeas a capitular. Ya impuso a todos la obligación de aumentar el gasto militar hasta el 5% del PIB, en particular para comprar armas, principalmente estadounidenses.
Ya se arrogó el derecho, sin que nadie se opusiera, de negociar una “paz” en Ucrania, cuya consecuencia será que los países europeos tendrán que asumir todo el peso de la implementación del fondo de inversión entre Zelensky y Trump, cuyo contenido es el saqueo de la riqueza de Ucrania por el capital financiero estadounidense, un saqueo garantizado, por tanto, por el envío de tropas de países de la Unión Europea.
Y podemos estar seguros de que Trump no dudará, si surge la oportunidad, en tomar Groenlandia… o no. Por lo demás, un futuro acuerdo bajo los auspicios de la OTAN podría incluir “una renegociación del pacto de 1951 entre Estados Unidos y Dinamarca que regula el estacionamiento de tropas estadounidenses en Groenlandia, así como el despliegue de misiles estadounidenses en Groenlandia; la concesión de derechos mineros, en particular para impedir la presencia o la inversión china” (Le Grand Continent, 22 de enero). En su entrevista con el New York Times el 8 de enero, Trump afirmó que la única barrera que reconocía era la dictada por su propia moralidad. Existe, por tanto, una gran brecha entre lo que está haciendo hoy y lo que podría hacer mañana.
3. ¿Significa esto que la amenaza de guerra ha disminuido?
Lamentablemente, no. En el mismo movimiento en que Trump parece moderar su retórica sobre Groenlandia, está dirigiendo lo que él mismo llama una “armada” hacia Irán. “El USS Abraham Lincoln cruzó el Estrecho de Malaca hace una semana, según registros marítimos y fotografías de observadores locales. El portaaviones de propulsión nuclear pasó frente a la costa de Singapur poco antes de la medianoche del domingo pasado, con las luces encendidas, acompañado por los destructores USS Frank E. Petersen Jr., USS Spruance y USS Michael Murphy” (Euronews, 25 de enero de 2026).
En otro frente, para impedir que Canadá firme un acuerdo comercial con China, Trump lo amenaza con aranceles del 100%, mientras su Secretario del Tesoro, Scott Bessent, considera abiertamente anexar la rica provincia de Alberta: “Tienen recursos significativos. (…) Deberíamos dejar que se unan a Estados Unidos” (23 de enero). La amenaza se considera tan seria que fuentes del gobierno canadiense indican que sus “fuerzas armadas están estudiando tácticas de guerrilla similares a las utilizadas por los muyahidines afganos” (The Globe and Mail, 20 de enero).
En cuanto a Venezuela, las órdenes de Trump llegan a tal punto que la vicepresidenta Delcy Rodríguez acaba de declarar: “¡Basta de órdenes de Washington para los políticos venezolanos!”. Hemos sabido que “Delcy Rodríguez garantizó a Estados Unidos su cooperación antes de la captura de Maduro”, según fuentes del diario británico The Guardian (22 de enero).
4. De certa forma, la Unión Europea se posicionó contra Trump. ¿Deberíamos entonces ofrecer apoyo a la Unión Europea y a Macron?
Esa es claramente la línea adoptada por los dirigentes de la “izquierda” en Francia. En el mismo momento en que este enfrentamiento colocó a Estados Unidos frente a los países de la Unión Europea, los líderes del Partido Socialista corrieron a ofrecer a Macron y a Lecornu un apoyo inestimable, votando a favor de sus presupuestos que —recordemos— tanto el presupuesto del Estado como el de la seguridad social están completamente orientados por las exigencias de la economía de guerra dictada por Trump.
Mélenchon, aunque condenó esa votación presupuestaria, se apresuró después a multiplicar declaraciones de unidad nacional y de apoyo, tanto a Macron como a la industria armamentística francesa, y en particular a Dassault. “Soy fan del Rafale (caza de Dassault – nota del editor) en la industria aeronáutica mundial”, declaró durante una visita a una fábrica de armamento el 19 de enero, elogiando “la pericia francesa en aviones de combate. Lo hacemos mucho mejor, con mucha menos gente, que los estadounidenses” (20 Minutes, 20 de enero).
En cuanto a la unidad nacional, volvió a manifestarse en el Parlamento Europeo, que votó el martes 21 de enero a favor de una “cooperación reforzada en lo que respecta a la concesión de un préstamo a Ucrania”: 90 mil millones de euros que permitirán a Zelensky reforzar su economía de guerra. Entre los 499 votos a favor se encontraban todos los eurodiputados franceses de “izquierda”, tanto del Partido Socialista (PS) como de Francia Insumisa (LFI).
5. ¿Cuál es la concepción de paz de Trump? Por ejemplo, creó el Consejo de Paz para Gaza. ¿Cuál es el estatus actual de ese consejo?
Este llamado Consejo de Paz de Gaza es una farsa increíble. La carta del Consejo de Paz acaba de publicarse.
En ninguna parte aparece mención alguna a algo llamado Palestina, ni siquiera al pueblo palestino. Es un acto de piratería inaudito. Trump propone que el capital financiero —el de Estados Unidos, pero también el de las petro-monarquías, cuyas considerables reservas financieras son bien conocidas— invierta en Gaza, transformada en una especie de Riviera, para construir 150 gigantescos edificios de lujo. La hipótesis implícita es que habría un espacio donde los sobrevivientes del genocidio de Gaza serían confinados.
¿Derechos de los pueblos? ¿Democracia? ¿Soberanía? Todo eso es barrido por una sola ley: aquí y ahora, la ganancia.
Independientemente de lo que este proyecto llegue (o no) a concretar, resume la “concepción” de Trump sobre el “orden mundial”: no existe derecho de las naciones, ningún principio democrático y, evidentemente, ningún principio de soberanía; solo existe un principio: el derecho del imperialismo más poderoso a saquear y lucrar con todas las regiones y todos los pueblos.
Cabe señalar que, en este asunto, Trump cuenta con el apoyo total de la Unión Europea. En nombre de los veintisiete jefes de Estado, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, declaró que estaban “dispuestos a colaborar con Estados Unidos en la implementación del plan integral para poner fin al conflicto en Gaza, con el Consejo de Paz cumpliendo su mandato conforme a la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU”.
6. Pero, en la práctica, ¿cómo funcionará realmente este Consejo de Paz?
Este Consejo de Paz está definido por estatutos que establecen que es presidido por Trump, compuesto por sus allegados y por jefes de Estado invitados a contribuir con “más de mil millones de dólares en efectivo” (!), que dirige “entidades subsidiarias” y tiene poder para firmar acuerdos internacionales.
Su función va más allá de Gaza, y Trump no lo oculta: el objetivo final es sustituir a la ONU por el Consejo de Paz. La ONU reflejaba el equilibrio de fuerzas al final de la Segunda Guerra Mundial. Por eso estaba bajo la égida de un “Consejo de Seguridad” compuesto por cinco países, los “Aliados” de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, la URSS en su momento, y China (primero Taiwán, luego la República Popular China). Desde entonces, la URSS fue reemplazada por Rusia, pero la composición del Consejo de Seguridad sigue siendo la misma.
Trump, en esencia, dice: “El equilibrio de fuerzas cambió desde 1945, pero yo solo reconozco la fuerza. Por lo tanto, creo un Consejo de Paz en el que todos los artículos de los estatutos conducen al poder de un solo hombre: yo”.
Trump ni siquiera sustituye a las cinco potencias del Consejo de Seguridad por Wall Street como bloque, sino por Donald Trump personalmente, designado nominalmente en los estatutos.
7. En estas condiciones, ¿cómo podemos combatir la guerra?
Es evidente que la “unión sagrada” a la que convoca Mélenchon —y que practican todos los dirigentes de la “izquierda” en Francia—, esa unión con Macron, con la burguesía y con los fabricantes de armas, no solo es un callejón sin salida. Está pavimentando el camino hacia las mayores catástrofes. Porque mañana, en nombre de la guerra necesaria o de la preparación para una guerra necesaria contra Trump, Putin u otros, se exigirán nuevos sacrificios a los trabajadores, con el apoyo y el aval de toda la “izquierda”, desde el Partido Socialista hasta Francia Insumisa. Y lo mismo ocurrirá en Estados Unidos.
La única lucha eficaz contra la guerra que puede tener un impacto real es la lucha independiente de la clase trabajadora. Al defender sus propias reivindicaciones, la clase trabajadora se ve llevada a combatir los presupuestos de guerra y a los gobiernos que los apoyan y, por lo tanto, a combatir la guerra misma.
Esta cuestión se plantea en todos los países. En Estados Unidos, los expresidentes demócratas Clinton y Obama, percibiendo que la situación podría escapársele de las manos a Trump, realizan declaraciones indignadas. Recordemos, sin embargo, que antes de Trump, fue Obama quien ostentó el récord de deportaciones de inmigrantes.
Por su parte, los dirigentes de la federación sindical AFL-CIO en el estado de Minnesota convocaron una movilización contra el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos). Es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente. Para proteger a los manifestantes frente a la terrible represión que ya ha costado dos vidas, para proteger al sector migrante de la clase trabajadora, es necesario ir más lejos: la situación exige una huelga de todos los trabajadores en Minnesota y, más aún, en todo Estados Unidos, para obligar a Trump a retroceder en sus políticas criminales contra los trabajadores, particularmente contra los migrantes.
Lo mismo ocurre en Francia. El camino para luchar contra la guerra no es apoyar a Macron, ni promover una unión sagrada con él; es el frente único de los trabajadores y de sus organizaciones contra Macron y su presupuesto de guerra. Es la necesidad urgente de romper con todas las formas de apoyo a Macron. Y de romper con todas las formas de apoyo “sindical” a sus políticas.
Y es porque esta ruptura con Macron es esencial en todos los terrenos que debe construirse el partido de la ruptura. Esa es la razón de la lucha del Partido de los Trabajadores en todos los frentes de la lucha de clases, y en particular en este momento, en la conformación de sus listas de candidatos para las elecciones municipales.

