México: desigualdad extrema en la fase del imperialismo senil

Artículo extraído de Tribuna de Trabajadores # 7 marzo de 2026

Por Juan Carlos Vargas

El nuevo informe de Oxfam México, Oligarquía o democracia, confirma con cifras lo que millones de trabajadores vivimos todos los días: la riqueza en nuestro país se concentra de manera extrema mientras la mayoría enfrenta precariedad, bajos salarios y carencias sociales. Lejos de ser un fenómeno natural, la propia investigación reconoce que la desigualdad es resultado de decisiones políticas y económicas concretas.

Hoy, el 1 % más rico —apenas 1.3 millones de personas— concentra el 35 % del ingreso nacional y el 40 % de la riqueza privada. Esta concentración convive con más de 38 millones de personas con ingresos por debajo de la línea de bienestar y con millones que carecen de acceso a alimentación adecuada. No se trata de dos realidades separadas: son las dos caras de un mismo modelo económico.

El informe muestra además que la concentración se ha acelerado. En 2025 existen 22 milmillonarios mexicanos con una fortuna conjunta de 219 mil millones de dólares, riqueza que se multiplicó 4.2 veces en tres décadas, mientras la economía nacional creció a un ritmo mucho menor. Como admite el propio documento, el modelo ha sido “mediocre para la mayoría, pero extraordinariamente rentable para los milmillonarios”.

Desde Tribuna de Trabajadores sostenemos que estos datos solo pueden comprenderse plenamente si se ubican en el marco del imperialismo senil, es decir, la fase de agotamiento histórico del capitalismo caracterizada por la concentración monopólica, la financiarización, el estancamiento productivo y la destrucción de fuerzas productvas.

En esta etapa, el capital ya no se expande principalmente mediante el desarrollo productivo, sino mediante mecanismos parasitarioas como la apropiación de rentas, la privatización de bienes públicos y la captura del Estado. El caso mexicano es ilustrativo. Buena parte de las grandes fortunas se vincula a procesos de privatización, concesiones y permisos otorgados en sectores estratégicos. No estamos ante historias de éxito individual, sino ante un patrón estructural de acumulación favorecido por el propio diseño institucional.

El informe advierte también que la concentración económica se traduce en poder político directo. Los ultrarricos influyen en políticas públicas, acceden a los espacios de decisión y controlan infraestructura clave del país. Desde una perspectiva marxista, esto confirma la fusión entre poder económico y estatal propia de la fase imperialista. La democracia formal subsiste, pero cada vez más vaciada de contenido real.

Otro elemento revelador es el relativo al uso del tiempo. Millones de trabajadores enfrentan jornadas extensas, traslados largos y cargas de cuidados no remunerados —especialmente las mujeres, 21 millones de las cuales realizan al menos una jornada completa de cuidados sin pago. Mientras tanto, las élites concentran no solo riqueza, sino también tiempo libre y capacidad de decisión sobre la economía. La desigualdad se vuelve así una desigualdad de vida.

El problema se agrava porque la creciente acumulación privada no se traduce en desarrollo nacional. El propio informe muestra que el sector privado invierte menos de 8 de cada 100 pesos que posee en la economía mexicana. Esto evidencia el carácter cada vez más parasitario del capital en su fase senil: acumula, pero no impulsa el desarrollo social.

México se encuentra, por tanto, ante una encrucijada histórica. O se profundiza el rumbo oligárquico —con más concentración, precariedad y captura del Estado— o se avanza hacia una verdadera democratización económica.

Desde la perspectiva de la clase trabajadora, las reformas parciales resultan insuficientes. La magnitud de la desigualdad exige una transformación social de fondo que coloque en el centro las necesidades de la mayoría. Esto implica redistribuir la riqueza, fortalecer la inversión pública, recuperar el control democrático de sectores estratégicos y, sobre todo, impulsar la organización independiente de los trabajadores.

En la época del imperialismo senil, las contradicciones del sistema se vuelven cada vez más visibles. México no es la excepción. La concentración extrema de la riqueza no es compatible con un desarrollo justo ni con una  con una democracia real, donde el pueblo decida.

La disyuntiva está planteada: oligarquía o transformación social. Y esa decisión, más temprano que tarde, se resolverá en el terreno de la lucha de clases.

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