Artículo extraído de Tribune des Travailleurs #533

El 23 de marzo, Trump anunció las “muy buenas negociaciones” con el régimen iraní. En pleno marasmo económico provocado por la guerra, esos anuncios “calmaron los mercados” financieros…
Sin embargo, Trump había fijado un ultimátum de cuarenta y ocho horas amenazando con bombardear las centrales eléctricas para aplastar aún más a los pueblos de Irán, mientras que unidades de Marines en ruta hacia el Golfo permitía presagiar una intervención terrestre.
Trump fue desmentido por el presidente del Parlamento iraní. No hay “negociaciones”, dice, denunciando las “informaciones falsas (…) que tienen como objeto manipular los mercados financieros y petroleros y salir del atolladero en el que los Estados Unidos e Israel se metieron”. Los “mercados” vuelven a caer.
Trump fija un nuevo ultimátum: “en cinco días”. En el estrecho de Ormuz, vemos los mismos zigzags: de un golpe, Trump lo va a desbloquear solo, y al rato, ¡exige que otros lo hagan: franceses, alemanes, británicos e incluso chinos!
En realidad, después del secuestro de Maduro en Venezuela, Trump no había previsto que el régimen de Teherán resistiría*, a pesar de la eliminación sistemática de sus dirigentes por parte de Israel.
Tampoco había previsto el bloqueo de la economía mundial. Mientras que la industria del armamento se frota las manos por el anuncio de una petición del Pentágono de aumentar en 200 mil millones de dólares el presupuesto militar estadounidense, otros sectores capitalistas manifiestan su descontento.
En fin, entre Israel y los Estados Unidos aparecen “los primeros signos de divergencias en la guerra” (BFMTV del 20 de marzo). Y es que, si Israel actúa en principio como mercenario de Washington, la lógica del sionismo lo lleva a ir mucho más lejos y más fuerte… con el peligro de desequilibrar los planes de su maestro.
Añadamos a la lista: El asunto Epstein y la crisis política en los Estados Unidos. Y, sobre todo, la lucha de la clase obrera en los Estados Unidos y en el mundo.
La barbarie provocada en Irán y en el Líbano no desaparece por sí sola las contradicciones del capitalismo en descomposición. Comenzando por el hecho de que el imperialismo estadounidense no es omnipotente.
Dominique Ferré
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*Esta resistencia no cambia en nada la naturaleza reaccionaria del régimen de los ayatolas, que se encuentra reforzado por la agresión imperialista: “Los partidarios de la línea dura del régimen encontraron un ayuda de una fuente inesperada: Estados Unidos e Israel” (New York Times del 21 de marzo).

