RUSIA: Cuatro años de masacre imperialista

Militantes rusos escriben en la Tribune des travailleurs, con motivo del aniversario del 24 de febrero del 2022. Articulo republicado por La Tribuna de Trabajadores #7 marzo de 2026

La “operación militar especial” (SVO) se inició hace cuatro años: la guerra entre Rusia y Ucrania. Según el gobierno ruso, debía ser una “pequeña guerra victoriosa”, una “guerra corta rápida” que tendría “resultados excepcionales” en poco tiempo.

Hoy entramos en un quinto año bajo el régimen de la ley marcial. Y sin embargo, los dirigentes rusos continúan afirmando que la guerra es una bendición, que propulsa la economía hacia éxitos sin precedentes. ¿Es cierto? Tratemos de verlo más claramente.

La SVO: la muerte para los trabajadores, las ganancias para los oligarcas

Veamos las cifras: La primera: 1 461 días. Es la duración de la guerra. En comparación: recordemos que la Gran Guerra patriótica (1941-1945), la más terrible para nuestro pueblo, duró 1 418 días. Hemos sobrevivido, pero entonces, el pueblo sabía que defendía las conquistas del sistema socialista contra los invasores fascistas. Hoy, ¿los soldados son enviados al frente por los intereses de quién?

Otra cifra: 1,2 millones de personas. Según el Centro estadounidense de estudios estratégicos e internacionales (CSIS), es el número de pérdidas rusas a finales del 2025 (muertos, heridos y desaparecidos). Las pérdidas combinadas de los dos campos se acercan a los 2 millones. Es más que en cualquier otra guerra desde la Segunda guerra Mundial. Detrás de cada cifra hay un trabajador, uno de nuestros hermanos, enviado al matadero por parte de ambos campos.

¿A quién beneficia esa matanza? Tercera cifra: 146. Es el número de multimillonarios en dólares con que contaba Rusia en el 2025. Durante la guerra, ese número ha pasado de 125 a 146. Su fortuna acumulada ha alcanzado el récord de 625 500 millones de dólares.

Cuarta cifra: 90%. Menos del 1% de la población rusa posee más del 90% de los depósitos bancarios.

El capital no se contenta con aprovecharse de la guerra; se concentra hoy más que nunca entre las manos de un puñado de oligarcas. En cuanto al comercio de Rusia con Europa, no ha cesado: el petróleo y el gas afluyen desde el momento en que se pagan. No es un “choque de civilizaciones” como lo pretende la televisión. Es una guerra imperialista clásica por los mercados y las ganancias.

El Estado construye un campo de concentración numérico

Para hacer callar a la población expoliada y sacrificada, el gobierno crea un sistema de control total en la red de internet.

Con respecto a las manifestaciones contra la guerra, según el sitio OVD-Info, del 24 de febrero del 2022 al 17 de febrero del 2025, 20 081 personas han sido detenidas por haber expresado su oposición al conflicto. Una censura total e inaceptable.

¿Y en lo que se refiere a la salud? El Estado capitalista preconiza la “optimización” de los servicios públicos. En lugar de sanarnos, el Estado aconseja “hacer deporte antes de ir al médico”. No es una broma, es la realidad. Las consecuencias de esta “optimización” son dramáticas: la tasa de incidencia del sarampión se ha multiplicado por 11, la de la rubeola, por 6, por 4,5 para la tosferina y por 3.5 para las paperas.

La mitad de los pacientes que sufren de enfermedades raras se han visto forzados a interrumpir su tratamiento en 2024, por falta de subvenciones del Estado para los medicamentos. En Kaliningrado, intentan privatizar los servicios de ambulancia: en adelante se cobrarán las llamadas. Se le dice claramente a la clase obrera: no les necesitamos, pueden morirse. Y si un obrero se atreve a protestar, se le puede aplicar la ley que castiga los “atentados a la reputación del ejército”. Criticar el alza de los precios o reclamar salarios decentes, es “atentar a la reputación del ejército”, con todas las persecuciones judiciales, penas de prisión y perquisiciones, que eso representa.

Dos Rusias se enfrentan cara a cara.

La guerra ha enfrentado a dos Rusias, una contra otra. La primera, que representa menos del 1% de la población, lo posee todo. La otra, la que trabaja y combate en el frente, está endeudada y es miserable. Quinta cifra: 50 millones. Es el número de rusos sobre endeudados, o sea el 40% de la población solvente.

La propaganda oficial vocea: “La tasa de desempleo es históricamente baja”. Pero los obreros de las fábricas de armamento se agotan de trabajar, en tres turnos, mientras que sus salarios se hunden por efecto de la inflación. Y cuando se detenga la economía de guerra, estos trabajadores serán echados a la calle; se esperan despidos masivos.

También hace daño a los intereses de los trabajadores la campaña anti inmigrados lanzada estos últimos años. El poder, que osa presentarse como “antifascista”, organiza cargas de la policía mano a mano con grupos de extrema derecha como la Comunidad rusa (Russkaïa Obchtchina) y Severny Chelovek (El hombre del Norte). En algunas regiones, se prohíbe a los inmigrados trabajar o atender a su salud, y se prohíbe la entrada a las escuelas a sus hijos. En países de Asia central como Kirguizistán han protestado. Los sentimientos nacionalistas ganan terreno, minando la solidaridad internacional de los proletarios.

Las negociaciones: la ilusión de la paz

Hace un año nosotros, los comunistas, advertíamos: todas las negociaciones no son más que un simple cambio de formas en la competición imperialista. Eso es lo que ha pasado. Bajo Trump, los Estados Unidos han modificado su discurso, no porque desean la paz, sino para llevar a Rusia a su rebaño y alejarla de China. A pesar de las declaraciones fanfarronas del secretario del Consejo de seguridad rusa, Sergueï Choïgou, las armas rusas se venden cada vez menos.

¿Cuáles son las lecciones para la clase obrera?

Lenin lo demostró: Los trabajadores no obtendrán nunca de sus explotadores una mejora de su situación que no hayan arrancado por su propia lucha. La huelga de las fábricas Morozov en 1885 forzó a los patrones a hacer concesiones gracias a la acción colectiva y consciente de los obreros.

Esa lección es de actualidad. Mientras dejemos a los capitalistas dividirnos por nacionalidad, mientras hagamos confianza a la televisión y mientras tengamos miedo a las persecuciones por “atentar a la reputación del ejército”, ellos continuarán a enviarnos al matadero, únicamente por las ganancias de los oligarcas.

Las cifras expuestas muestran el verdadero rostro de la guerra imperialista. Solamente la unidad por nuestros intereses de clase y contra nuestro enemigo común – el capital y el Estado – puede ponerle fin.

¡Abajo la guerra imperialista!

¡Viva la lucha consciente de la clase obrera! ¡Por la revolución socialista!

En algún lugar de Rusia, el 20 de febrero 2026.

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