
Una huelga para reivindicar un salario mínimo de 1,500 euros fue convocada en el País Vasco el martes 17 de marzo por los principales sindicatos independentistas (ELA, LAB, Esteilas, HIRU y ERNE).
A pesar del carácter disperso de los llamados a la huelga y del rechazo de los dirigentes de los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT) a convocarla, la movilización fue importante.
Los trabajadores del transporte, de la salud, de los centros escolares (alumnos y docentes), de los talleres, así como las mujeres que trabajan como auxiliares de vida —frecuentemente mal remuneradas y sometidas a condiciones laborales precarias—, cesaron masivamente sus actividades.
La industria también se vio afectada, particularmente en Gipuzkoa y en el norte de Navarra, donde aún se encuentran grandes fábricas.
Se llevaron a cabo manifestaciones masivas en las cuatro capitales de provincia y en numerosas ciudades, tanto por la mañana como por la tarde. Trabajadores y jóvenes, junto con sus organizaciones, se reunieron para exigir un salario mínimo de 1,500 euros en el País Vasco.
La magnitud de la huelga y de las manifestaciones da testimonio de la combatividad de la clase trabajadora y de su voluntad de unirse para lograr sus demandas.
Esta huelga coincidió con la huelga de médicos a nivel estatal en España, así como con la huelga indefinida de los trabajadores del grupo Tubos Reunidos contra el plan de 301 despidos, el cierre de la planta y la externalización de la logística.
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De nuestra corresponsal en Bilbao

