
El 28 de febrero, los Estados Unidos e Israel lanzaban sus ataques en el Medio Oriente bombardeando Irán. Dos meses después, en pleno período de negociaciones, “el impasse perdura entre Washington y Teherán” (France 24 del 28 de abril). Mientras que la crisis política se acelera en los Estados Unidos – así como en el Estado de Israel -, los sobresaltos de la política de Trump aparecen claramente como una terquedad.
En los momentos en que estas líneas se escriben, es difícil saber en qué sentido evolucionará la situación en Irán. El 3 de mayo, Trump anunciaba la operación “Proyecto Libertad” con el objetivo de “ayudar” a los navíos mercantes de los países “que no tienen nada que ver con el conflicto de Irán” a atravesar el estrecho de Ormuz. “Si, de una manera u otra, este proceso humanitario fuera obstaculizado, esa injerencia debería ser desgraciadamente tratada con dureza” Una operación “humanitaria” que, según el comandante militar estadounidense Brad Cooper, pondrá en movimiento “destructores lanzamisiles, más de 100 aeronaves y equipamiento terrestre y marítimo (…) y 15,000 militares”.
Pero a pesar de su “dureza” aparente, Trump no logra salir del impasse en el cual él mismo se metió. “Dos meses después del inicio de la guerra en Irán, el presidente está confrontado a la realidad compleja de un conflicto que se percibe costoso, profundamente impopular y cuya salida es incierta. (…) Sus previsiones, que suponían un conflicto relativamente breve con consecuencias económicas mínimas, parecen derrumbarse ante sus ojos.” (New York Times del 3 de mayo). Según Reuters, “alimentados por la esperanza de una guerra de corta duración en Irán, los inversionistas no están en disposición de enfrentar una multiplicación por dos del precio del petróleo físico. (…) El director de la Agencia internacional de la energía (AIE) declaró en abril que los precios del petróleo no reflejaban la situación actual y que el mundo debía prepararse a precios mucho más elevados” (1° de mayo). El 27 de abril, el canciller alemán Merz acusaba públicamente a Trump de no tener “ninguna estrategia en Irán” y de dejar a los Estados Unidos “humillarse” ante Irán. Después de eso, Trump se apresuró a anunciar el retiro de 5000 de los 40,000 soldados estadounidenses en Alemania como represalia…
Pero el principal temor del imperialismo americano se encuentra en su propio país. Cada vez más voces se levantan contra Trump entre los republicanos que temen que la guerra y sus consecuencias sobre el poder de compra de los estadounidenses se expresen en su contra en las elecciones de noviembre. El 30 de abril, mientras acababa de anunciar que la guerra de Irán había ya costado 25 mil millones de dólares, el secretario de la Defensa Hegseth exclamaba golpeando la mesa con el puño: “Nuestro más temible adversario, son los propios imprudentes y derrotistas de los demócratas y algunos republicanos”. Pero si la administración Trump ha logrado todavía dominar la crisis en su propio campo, es incapaz de contener el rechazo creciente de la guerra a través del país. Incluso las asociaciones de ancianos combatientes organizan desde ya manifestaciones para exigir el fin de la guerra. “Siempre había creído que, si mi país me enviaba a la guerra, tendría una buena razón de hacerlo, que estaría justificado” explicaba uno de ellos. “Pero no había ninguna justificación para enviarnos a Irak, así como no hay ninguna razón para enviar soldados a Irán.”
Camille Adoue

