Un cuento de hadas coreano…

Articulo editoral de La Tribune des Travailleurs 540, semanario del Partido de Trabajadores frances

Por Daniel Gluckstein

Es un verdadero cuento de hadas el que nos narra Le Figaro este 12 de mayo. Ahí se informa que un “alto responsable surcoreano” —y no cualquiera: el señor Kim Yong-beom, secretario general de la presidencia encargado de políticas públicas— propone un mecanismo de “dividendo nacional” para redistribuir al pueblo una (pequeña) parte de las ganancias capitalistas.

¿Por qué? Porque teme que pueda “agravarse la polarización social” en un momento en que la economía coreana atraviesa un enorme auge, impulsado particularmente por los resultados de Samsung y SK Hynix, cuyas piezas de alta tecnología para inteligencia artificial generan beneficios masivos.

“Utilizar una parte de las superganancias para garantizar la estabilidad social de la generación actual (…) también es una forma de costo de mantenimiento del sistema”, precisó Kim Yong-beom.

He aquí un lenguaje patronal paternalista perfectamente afinado: todo está bajo control; hay “costos de mantenimiento” para las máquinas, para la energía, etc. ¿Y para el “mantenimiento social”? Se redistribuye un poco de dinero a los obreros… y listo.

De paso, Le Figaro señala que el sindicato de Samsung Electronics presentó demandas y que una mediación estaba prevista para ese martes.

Un verdadero cuento de hadas: ganancias, mantenimiento social, mediación… ¿y al final la paz social?

Sobre el mismo tema, Les Échos propone una versión ligeramente distinta. Les Échos es el diario capitalista que habla sin rodeos. Ahí se lee que Samsung acaba de entrar al club muy exclusivo de las grandes capitalizaciones bursátiles superiores a un billón de dólares. Un umbral alcanzado solo por doce multinacionales en el mundo (la mayoría estadounidenses), entre ellas Nvidia, Apple y Microsoft.

Pero, precisan Les Échos, “la principal amenaza para la actividad de Samsung Electronics podría ser interna. La rebelión crece en las fábricas y oficinas del gigante surcoreano; los asalariados exigen una distribución más justa de la riqueza creada mediante bonos ligados al desempeño de la división de chips y amenazan con ir a huelga a partir del 21 de mayo y durante dieciocho días”.

He aquí la parte de la historia que Le Figaro “olvidó” contarnos: ¡la huelga!

Por tanto, no se trata solamente de mediación ni de “costos de mantenimiento del sistema”. Se trata de lucha de clases. Es el anuncio de una huelga de dieciocho días lo que obliga a la dirección de Samsung y a la presidencia de Corea a orientarse hacia la redistribución de una pequeña parte de las superganancias.

Cualquiera que sea el desenlace de esta historia —sobre la cual volveremos en próximas ediciones—, recuerda una verdad: aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores es una cuestión de lucha de clases. Solo la decisión de huelga anunciada por el sindicato obligó a la dirección de Samsung y a la presidencia de la República de Corea a considerar redistribuir una pequeña porción de las superganancias.

Esa parte de la historia coreana no es un cuento de hadas. Es la realidad en Corea y en todo el mundo. ■

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