Palestina: Hasta la última raíz, La resiliencia solitaria de los campesinos palestinos

Lentamente, entre las altas hierbas verdes de abril, Eyad Yousef avanza vestido con un traje blanco de apicultor, inclinado hacia adelante y con la mirada fija en el suelo. Camino detrás de él mientras realiza su trabajo, recogiendo los chícharos que plantó con su hermano a principios de marzo. “Si hoy el precio para arar un dunam* de tierra es de alrededor de 100 shekels, ¿cuánto costará entonces una lata de aceite de oliva? ¿Quién querrá siquiera comprarla?”, exclama.

Eyad Yousef es un agricultor palestino del pueblo de Taybeh, al este de Ramallah. También es mecánico automotriz y padre de tres hijos. Cada primavera, junto con sus hermanos, siembran chícharos, lentejas, pepinos, cebollas y otros cultivos de temporada. Pero este año es diferente.

Eyad ya no trabaja su propia tierra, porque se volvió inaccesible debido a la amenaza de los colonos israelíes, que patrullan permanentemente la llanura al este del pueblo. Ya no queda ningún propietario de tierras en Taybeh que pueda acceder a ellas.

“Este año alquilé la tierra de otra persona, pero no es realmente un contrato escrito, solo un acuerdo verbal”, explica Eyad. “Si en cualquier momento el propietario decide vender la tierra, perderé mi inversión”.

A pesar de ello, Eyad continúa con su agricultura estacional. “Es mi oxígeno”, dice.

Desde octubre de 2023, los ataques de grupos de colonos israelíes contra agricultores palestinos en Cisjordania han aumentado exponencialmente, tanto en número como en nivel de violencia.

Para muchos agricultores, esto representa un golpe severo a su subsistencia y a su modo de vida, pero el impacto va más allá de los propios agricultores: una parte sustancial de la economía palestina y uno de los pilares de las familias rurales están siendo deformados y destruidos. En una época en la que los pogromos de colonos en el campo han aterrorizado a los palestinos, los agricultores han estado en la primera línea frente a esta creciente violencia.

Según el Centro de Información Palestino, los grupos de colonos israelíes han llevado a cabo más de 8 000 ataques contra palestinos desde octubre de 2023. La Oficina de Coordinación Humanitaria de las Naciones Unidas (OCHA) indica que las fuerzas israelíes demolieron más de 1 000 estructuras agrícolas palestinas en Cisjordania solo en 2025. Pero incluso quienes no han sido afectados directamente sienten el efecto acumulativo de esta ofensiva, reflejado directamente en el aumento de los precios de los productos agrícolas.

No siempre fue así. Los agricultores representaban antaño la columna vertebral de la economía palestina. Sociedad históricamente agraria, Palestina fue descrita en 1887 por el viajero británico Lawrence Oliphant como “un lago verde de trigo ondulante”. Pero hoy, la mayor parte del trigo utilizado para el pan consumido por los palestinos es importado. Esta transformación es resultado de una larga historia de crecientes presiones ejercidas contra varias generaciones de agricultores palestinos por el colonialismo israelí.

“He sido agricultor toda mi vida”, dice Eyad. “Comencé a trabajar la tierra de mi padre cerca de la colonia de Rimunim, al sureste del pueblo, y sembrábamos trigo y cebada. Mi madre hacía nuestro pan casero con ello, y mis hermanos y yo crecimos con el pan de la tierra”.

“Esa tierra se volvió inaccesible después del año 2000”, recuerda. “Cuando los colonos israelíes comenzaron a patrullar el campo, justo al lado de la colonia”. Levanta la mirada, como recordando algo. “De hecho, recuerdo la construcción misma de la colonia, cuando yo era apenas un niño en 1979”, continúa. “Recuerdo que nuestra familia perdió hasta 20 dunams, entre las tierras tomadas por la colonia y aquellas que poco a poco se volvieron inaccesibles para nosotros”.

A medida que las tierras agrícolas se volvían menos accesibles, los agricultores palestinos y los beduinos comenzaron a compartir las tierras disponibles en un intento de ayudarse mutuamente para mantener su presencia. Hace ocho años, Eyad comenzó a ceder su tierra cercana a la colonia a una familia beduina, que vivía allí y hacía pastar su rebaño, pese al creciente acoso de los colonos israelíes.

“Cada vez que podía ir a mi tierra y trabajarla, también trabajaba la tierra de mi vecino”, explica Eyad, describiendo la antigua práctica rural palestina de ayuda mutua, llamada “Auneh”. “Luego, cuando mi vecino iba a su tierra, también cultivaba la mía. Si yo araba su tierra, ellos venían a ayudarme en la cosecha, y mientras tanto, los beduinos aprovechaban una parte de la tierra y vigilaban el resto”, continúa.

Después llegó octubre de 2023, e incluso las familias beduinas fueron expulsadas. Eyad nunca imaginó que terminaría en la misma situación que los beduinos que habían utilizado su tierra.

“El año pasado, los colonos israelíes comenzaron a acercarse mucho más a la zona urbana de Taybeh, lo que hizo que nuestras tierras agrícolas más cercanas fueran más peligrosas de frecuentar y trabajar”, dice Eyad. Cuando le pregunto qué ocurrió la última vez que intentó ir a su tierra, hace una pausa. “La última vez que fui fue hace seis meses. Llegaron tres colonos israelíes en automóvil; uno de ellos estaba armado y me dijo que me fuera. Dijo que esa tierra ya no formaba parte de Taybeh”.

Cuando llegó la primavera, Eyad y sus hermanos tuvieron que encontrar una solución para la temporada agrícola, y decidieron alquilar la misma tierra donde la familia beduina se había refugiado después de que los colonos los expulsaran de la tierra de Eyad dos años antes. “Primero hablamos con los beduinos y luego con el propietario, y compartimos la tierra: los beduinos sembraron cebada para su ganado en la mitad de la parcela y nosotros utilizamos la otra mitad”.

En cerca de dos dunams de tierra, dos familias palestinas practican ahora agricultura estacional y ganadería. Toda la vida agrícola de la región ha sido confinada a un pequeño espacio, desde donde se pueden ver los puestos avanzados de colonos instalados en las colinas vecinas: las mismas colinas donde Eyad araba antaño su tierra junto a los beduinos que hacían pastar allí sus rebaños.

En cierto sentido, comparten la pérdida. Pero al mismo tiempo, continúan apoyándose mutuamente en la defensa de su modo de vida y de su relación con la tierra. Los agricultores y los beduinos, habitantes del campo palestino devastado, son el único apoyo mutuo que poseen frente a un proyecto colonial dotado de recursos infinitos y de la impunidad otorgada por gran parte del mundo occidental.

Más allá de Taybeh, la misma dinámica se reproduce en toda Cisjordania. Jamal Jumaa, responsable de la campaña popular Stop The Wall, declaró a Hara 36 que “la dinámica de expansión de las colonias israelíes desde octubre de 2023 es la misma en todas partes y sigue un modelo claro”.

Ese modelo, explica Jumaa, consiste en “intentar hacer en Cisjordania lo mismo que se hizo en Gaza en los años noventa”

En los años que siguieron a los Acuerdos de Oslo, el ejército israelí transformó la mayor parte de las tierras agrícolas de Gaza, situadas en la periferia de la Franja, en zonas militares. Finalmente, los palestinos de Gaza fueron confinados exclusivamente a zonas urbanas. Después de la retirada israelí en 2005, Gaza fue cercada y convertida en una prisión a cielo abierto, sin medios de subsistencia. (…)

Las actividades de los colonos se llevan a cabo en conjunto con el ejército israelí, que utiliza el arranque de olivos como herramienta de “disuasión” y castigo colectivo en respuesta a ataques contra colonos y soldados. En agosto de 2025, después de la difusión de informaciones según las cuales un colono israelí habría sido atacado por un palestino cerca del pueblo de al-Mughayyir, el ejército israelí arrasó más de 10 000 olivos en el pueblo como acto de represalia y de “disuasión” contra sus habitantes.

Mientras Eyad continúa recogiendo sus chícharos, vierte las últimas vainas cosechadas en su cubeta. Permanece en silencio por un momento, visiblemente afectado por su propio testimonio. “Si las cosas continúan así, terminaremos importando aceite de oliva de España”, añade, tomando un puñado de chícharos y levantándolos con un suspiro. “Solo las semillas para producir estos chícharos cuestan 250 shekels. Tengo que vender 25 kilos para recuperar la inversión.”

Comienza a abandonar la parcela, su trabajo terminado por ese día. Al llegar al borde del terreno, se vuelve y reflexiona sobre lo que acaba de decir. “¿Sabes qué obtengo de esta temporada de chícharos? Aproximadamente treinta o cuarenta comidas para mi familia. Porque podría ahorrar más dejando de comprar chícharos que vendiéndolos”, comenta con sarcasmo.

Mientras el sol del mediodía alcanza su punto más alto, Eyad regresa a su taller de reparación automotriz, su versión del “segundo oficio” de cada agricultor palestino. Le agradezco haber hablado conmigo y subo a un minibús rumbo a Ramallah, el centro comercial de Cisjordania, donde se supone que el olor del campo palestino herido por los colonos permanece invisible.

Kassam Maaddi, 5 de mayo de 2026
(Leer el artículo completo en el sitio de Hara 36).

+El dunam es la unidad de medida otomana para la superficie, equivalente en Palestina a 1 km².

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