Artículo extraído de La Tribune des Travailleurs #540

“Yo no entiendo cómo este mundo puede permanecer en silencio frente a Israel…”
Así habla Ahlam, refugiada expulsada de la localidad de Kfar Kila, en el sur del Líbano, en BFMTV el 9 de mayo. Como decenas de otras aldeas, Kfar Kila fue completamente destruida por el ejército israelí.
Como Khiam, un pueblo “borrado en un segundo por el ejército israelí”, que difunde orgullosamente el video del bombardeo, informa BFM. “Esperaron el alto al fuego para destruirlo todo”, dice Mayssam, una abuela refugiada originaria de allí. Con lágrimas en los ojos continúa: “Destruyeron el centro de salud, destruyeron los lugares de oración, las iglesias. (…) No les importa nada. Son ellos, y solamente ellos.”
En el Líbano, explica BFM, “los bombardeos israelíes se suceden y se parecen. Al menos diez muertos en las últimas horas en el sur del país, entre ellos mujeres y niños. En dos meses, varias aldeas fueron arrasadas.”
Esta libertad de tono de la gran prensa francesa sobre los crímenes cometidos por Israel en el Líbano contrasta con los meses durante los cuales minimizó el genocidio en Gaza. Porque la burguesía francesa tiene muchos intereses en el Líbano… que la invasión israelí amenaza.
Sin embargo, ni el gobierno francés ni la mayoría de los gobiernos europeos quieren tomar la menor sanción contra Israel, por temor a incomodar a su padrino estadounidense. Ni respecto al Líbano, ni a Gaza, ni a Cisjordania.
Ahora bien, su complicidad anima a Netanyahu a ir cada vez más lejos. El antiguo diplomático y universitario Jean-Pierre Filiu tiene razón al escribir en Le Monde (10 de mayo) que “la impunidad de Israel en Gaza no puede más que animarlo a ser igual de implacable en el Líbano”.
La única cuestión que merece ser planteada por los partidarios de la democracia es la exigencia de que Macron rompa inmediatamente todas las relaciones diplomáticas, militares, comerciales, culturales y deportivas* de Francia con el Estado genocida.
Dominique Ferré
- Empezando por la escandalosa participación de Israel en Eurovisión, boicoteada justamente por esta razón por los gobiernos de España, Irlanda, Islandia, Países Bajos y Eslovenia.

