Italia: La catástrofe provocada por el ciclón Harry en el Mediterráneo no tiene nada de natural

Del 16 al 23 de enero, el ciclón Harry devastó el Mediterráneo. Según ClimaMeter, la velocidad de los vientos aumentó un 15% debido al cambio climático de origen humano. Según Protección civil, tan solo en Sicilia el ciclón arrasó a 254 comunas, causando daños estimados en más de mil millones de euros.

Si esta cifra explica la amplitud de las destrucciones, no podría resumir por sí solo los daños durante el ciclón. A lo largo de las costas tunecinas, durante el paso del ciclón, las fuerzas armadas llevaron a cabo incursiones contra los campos que albergaban a cientos de refugiados, forzándolos a precipitar su partida hacia el mar, lo que resultó en numerosos naufragios (unos mil “migrantes” podrían haber encontrado la muerte en el Mediterráneo a mediados de enero, según la ONG italiana Mediterranes Saving Humans.

La responsabilidad incumbe a las políticas migratorias de la Unión europea y de Italia. El tratamiento mediático reservado a esos miles de personas por los grandes medios era ridículo, con títulos reconfortantes según los cuales no había habido ninguna víctima. En realidad, esas muertes no son imputables a las catástrofes naturales ni al cambio climático: esas personas murieron a causa de un sistema que saca provecho de la producción de CO2 y de la deshumanización de los migrantes. Las playas sicilianas reciben los cuerpos de aquellos que “se” decidió dejar morir.

Además, el 25 de enero, la ciudad de Niscemi sufrió un deslizamiento de tierra devastador de casi 4 kilómetros, forzando la evacuación de 1,500 personas. Ahí también, la crisis climática jugó un papel: el suelo, frágil debido a la sequía del 2024, fue devastado por las lluvias torrenciales del ciclón Harry. Pero las medidas de seguridad para la base estadounidense – que ocupa la reserva natural de Sughereta – fueron aplicadas rápidamente (con el decreto regional n° 254 del 15 de septiembre del 2025), y nada se hizo por los habitantes y los trabajadores de Niscemi.

Mientras que las instituciones regionales, incluidas las de “centro izquierda”, quedaron globalmente inactivas estos treinta últimos años, sabemos que en marzo del 2022 el presidente de la región de Sicilia, Nello Musumeci, hoy ministro de la Protección civil estaba en posesión de un documento – el plan hidrológico – que mostraba los elevados riesgos de derrumbes. Una investigación por homicidio involuntario fue abierta contra cuatro anteriores presidentes de región, de “centro derecha” y de “centro izquierda”.

Pero la prioridad los gobiernos sigue siendo el puente sobre el estrecho de Messina, al cual se le han invertido diez mil millones de euros, y no la preservación del territorio y el derecho a una vida en paz para los habitantes. Las infraestructuras, los servicios y la seguridad de los suelos, así como la reducción de emisiones de CO2, están al centro de los intereses de las poblaciones locales, interés irreconciliable con el del capital, que orienta los recursos ahí en donde puede maximizar sus ganancias, en detrimento de la clase obrera.

El movimiento No Muos continúa su movilización contra la militarización de la región, en solidaridad con los habitantes de Niscemi para decir una verdad que las potencias no quieren escuchar. Esta solidaridad auténtica se traduce por la presencia sobre el terreno de la ayuda a las personas que lo perdieron todo en los derrumbes.

Cristóforo Infuso, estudiante en Caltanissetta (Sicilia), animador de Casa22, en Tribuna Libera-Jeunes (abril del 2026).

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