Francia: Tenemos el derecho de no seguir la corriente

Editorial del #262 de La Tribune des Travailleurs

La atmósfera del país está muy pesada en espera de los anuncios gubernamentales. Los rumores evocan una posible vuelta al confinamiento que, aun parcial, haría recaer sobre la población las consecuencias de la quiebra del poder frente a la epidemia. Pesada también la atmósfera del país sometido a una presión cada vez mayor para que cada quien se alinee detrás de Macron en su “lucha contra el terrorismo”.

La Tribuna de los Trabajadores recibió dos cartas rencorosas exigiendo “una condena firme al terrorismo”. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar ni más ciego que el que no quiere leer. Este periódico condenó y condena el asesinato de Samuel Paty (profesor asesinado por haber, en el marco de su cátedra sobre libertad de expresión, presentado imágenes satíricas de Mahoma caricaturizadas por el semanario Charly Hebdo, ndlt). Más generalmente, como partidario de la emancipación obrera, combatía contra aquellos que quisieran enfrentar a una “comunidad” (religiosa o no) contra otra con el único fin de dividir a los trabajadores y a la juventud.

En medio de todo, ¿tenemos el derecho de no seguir la corriente? ¿Tenemos el derecho de escribir que la catástrofe que golpea al país hoy en día, es la catástrofe sanitaria? ¿Tenemos el derecho de escribir que esa catástrofe no resulta en principio del número de enfermos afectados por el Covid-19, sino por la falta de camas, de servicios de reanimación, de personal? ¿Tenemos el derecho de darle la palabra al doctor Prudhomme, quien nos recuerda la promesa (no cumplida) de Veran (ministro de la Salud, ndlt) de poner a disposición 12 000 camas de reanimación y que estima ahí la razón primera de la catástrofe que vivimos?

Treinta mil personas no han podido ser diagnosticadas a tiempo de un cáncer en el curso del anterior confinamiento: algunas lo pagarán con su vida, otros, con sufrimientos evitables. Y he aquí que ahora, de nuevo, se reprograman todas las operaciones en muchas regiones del país.

Mañana, miles, quizás decenas de miles de personas pagarán con su vida la negativa del gobierno, desde hace ocho meses, de tomar las disposiciones adecuadas para enfrentar la segunda ola. Decenas de miles pagarán con su vida el haber sido víctimas de las decisiones del gobierno: haber hecho votar por una Asamblea Nacional unánime la cantidad de 343 mil millones de euros para los capitalistas que despiden, y no un solo centavo para abrir las camas y los servicios de reanimación necesarios. Esa es la realidad.

Sí, la barbarie es la barbarie, y debe ser combatida. Bajo todas sus formas.

El hecho es que, en nuestro país, el enemigo principal de los trabajadores, es el gobierno Macron-Castex al servicio de la clase capitalista. Es contra él que el combate y la movilización deben plantearse en la unidad, cualesquiera que sean las dificultades.

Bajo ese objetivo, los partidos y las organizaciones que pretenden defender los intereses del pueblo trabajador y encarnar sus aspiraciones deben romper con Macron. En particular ustedes, dirigentes de los partidos de “izquierda”, dejen de alinearse en la unión nacional detrás de Macron como lo hacen cada vez que se les presenta la ocasión. Sólo la unidad para deshacer la política de Macron salvará al pueblo trabajador de la catástrofe que se avecina.

Por Daniel Gluckstein

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