FRANCIA: La causa primera de toda la situación

Por Daniel Gluckstein

21 de octubre de 20026 (Editorial del # 562 de La Tribune de Travailleurs, semanario del PT francés)

Al día siguiente de los hechos violentos que sacudieron Marsella, su alcalde declaró: «Espero las respuestas del ministro del Interior (…) para saber por qué hubo un repliegue de los CRS que permitió a los alborotadores entrar en el ayuntamiento». Y también: «Lo que no entiendo es por qué las fuerzas del orden se dedicaron a lanzar gases lacrimógenos, no contra los saqueadores y los alborotadores en Marsella, sino contra los manifestantes». La misma pregunta podría plantearse para París y otras ciudades. Nos lleva a preguntarnos por la identidad de quienes, en las más altas esferas, habrían decidido así crear las condiciones del caos.

Télérama, revista dedicada a la programación televisiva y otras actividades culturales, publicó de manera inusual este comentario el 19 de octubre: «Manifestación del 17 de octubre: France 2 desata la violencia de las imágenes… y renuncia a explicar el “fiasco”». En efecto, el noticiario de France 2 del domingo por la noche está dedicado a «largas horas de caos, enfrentamientos, incendios provocados y saqueos sin precedentes»; eso es «el sumario y el único tema del noticiario». «Pero, antes que nada, ¿cómo se llegó a esto? No lo sabremos».

Por un lado, una figura de la República —miembro del Partido Socialista— acusa al gobierno de haber permitido deliberadamente la explosión de violencia. Por otro, una revista de tendencia «cristiana de izquierda» cuestiona al servicio público de información por haber puesto en escena saqueos y violencia en horario de máxima audiencia para borrar mejor a los cientos de miles de manifestantes.

Todo el mundo habla de un «fiasco» de la política de «mantenimiento del orden», resultado, nos dicen, de una mala previsión. Todo el mundo: los ministros, los dirigentes de partidos, los medios de comunicación. ¿Imprevisible o previsto, ese fiasco? ¿Con qué otro fin que hacer desaparecer a los 800 000 manifestantes que marcharon pacíficamente, en su inmensa mayoría estudiantes de bachillerato y universitarios, acompañados de padres, docentes y organizaciones de trabajadores, exigiendo la satisfacción de las reivindicaciones: la contratación de los docentes, enfermeras, AESH y AED necesarios; la renovación de los liceos —incluso su reconstrucción— y, por supuesto, la derogación de Parcoursup?

La negativa obstinada del poder a responder a las legítimas reivindicaciones de la juventud: ésa es la causa primera de toda la situación.

En un documento publicado el 19 de octubre, la CGT denuncia la «estrategia del caos desplegada por el gobierno» y declara que «la única salida de la crisis es la respuesta inmediata a las reivindicaciones». Muy cierto, pero ¿cómo imponerla? ¿Mediante la negociación, como plantea la CGT?

Hay que constatar que la negativa del poder a responder al movimiento legítimo de los estudiantes de bachillerato, los docentes y los universitarios tiene una raíz profunda.

Este gobierno, como todos los que lo han precedido desde hace décadas, se somete a las exigencias de los fondos de pensiones que especulan con la economía francesa para obtener ganancias cada vez mayores. Para ello, los servicios públicos son cada vez más asfixiados y se cuestionan cada vez más los derechos conquistados por los trabajadores desde hace décadas. Cuando el gobierno menciona posibles «negociaciones», sólo piensa en apostar al desgaste del movimiento, al que él mismo contribuye desatando la represión.

Para que este gobierno adopte las medidas que espera la juventud habrá que obligarlo mediante la relación de fuerzas. ¿El retorno a jornadas de acción aisladas y espaciadas permitirá hacerlo ceder? Creerlo sería una peligrosa ilusión.

Los trabajadores recuerdan cómo las doce jornadas de acción aisladas que se sucedieron durante varios meses en 2023 permitieron al gobierno apostar también entonces al desgaste del movimiento, finalmente estrangulado por la imposición gubernamental mediante el 49.3 y por la negativa de las organizaciones sindicales a lanzar el llamamiento a la huelga generalizada que —es más que una probabilidad— habría obligado al gobierno a capitular.

Este error no debe repetirse hoy, cuando el país vive el movimiento juvenil más poderoso de más de medio siglo, un movimiento que busca confluir con el de la clase obrera.

Es indispensable y urgente entablar la verdadera prueba de fuerza que hará ceder a este poder, más debilitado que cualquiera de sus predecesores. Sí, es urgente entablar una prueba de fuerza organizada, controlada pacífica y democráticamente tanto por las organizaciones sindicales unidas como por los delegados de las asambleas generales de estudiantes de bachillerato y universitarios: una huelga general en la unidad para ganar las reivindicaciones comunes a la juventud y a la clase obrera.

Nota de traducción: CRS son las Compañías Republicanas de Seguridad, unidades de la Policía Nacional utilizadas, entre otras funciones, para el control de manifestaciones. AESH es el personal de acompañamiento del alumnado con discapacidad. AED son los asistentes de educación, con tareas de vigilancia y apoyo a la vida escolar. Parcoursup es la plataforma nacional francesa de preinscripción y admisión a la educación superior. El artículo 49.3 de la Constitución permite al gobierno comprometer su responsabilidad para aprobar un texto sin votación, salvo que prospere una moción de censura.

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