
En Albania, especialmente en Tirana, la capital, y en varias ciudades, una movilización reúne a miles de jóvenes y estudiantes. Prolonga 133 días de protesta nacida en Zvërnec contra el proyecto político e inmobiliario de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, que prevé construir complejos de lujo por varios miles de millones de dólares. Un proyecto inmobiliario que devastaría una reserva natural conocida, entre otras cosas, por su fauna de flamencos rosados.
Los estudiantes, ya presentes en ese movimiento, denuncian ahora la falta de recursos en los liceos y universidades. Dan testimonio: «En algunos establecimientos no hay mesas ni sillas»; en otros, «no tenemos proyector, ni electricidad, ni calefacción». A esto se añaden la insalubridad de las residencias universitarias y el costo de la vida.
También se han unido a los estudiantes docentes, trabajadores y jubilados. Se produjo una primera confluencia con el movimiento obrero cuando, el 14 de octubre, el Sindicato de Empleados de las Universidades de Albania expresó su «plena solidaridad» con los estudiantes movilizados.
En la calle, una misma consigna los reúne ahora: la dimisión del primer ministro Edi Rama y la salida de su camarilla corrupta. Rama, por su parte, afirma que «el Estado no se rendirá» y esgrime la amenaza de interrumpir de inmediato las negociaciones de adhesión a la Unión Europea si tuviera que abandonar el cargo. Así intenta oponer a la movilización las ilusiones que esa adhesión todavía puede suscitar, especialmente entre la juventud.
El gobierno responde a los estudiantes con una represión violenta. Más de 1 000 personas han sido detenidas y el gobierno acaba de desplegar al ejército. Pero, como señal de su inquietud sobre su capacidad para «mantener bajo control» a los policías frente a la juventud apoyada por la población, anunció una prima de 2 500 euros para cada policía desplegado en primera línea, así como un importante aumento de su salario a partir del 1 de enero.
Clément Birek

