Al Rojas ha fallecido. Carta de su hija a AMLO

Con gran pesar, los militantes de la LCI, nos hemos enterado del deceso del compañero Al Rojas, luchador incansable de la causa de la clase trabajadora. a continuación reproducimos la carta abierta que su hija Desiré Rojas dirige al presidente Andrés Manuel López Obrador

25 de marzo de 2021

Honorable Andrés Manuel López Obrador

Presidente de México,

Ciudad de México, México

Estimado Presidente López Obrador,

Le escribo esta carta para informarle, si no se ha enterado todavía, que nuestro padre, Albert “Al” Rojas, falleció el 20 de marzo en Sacramento, California. Le escribo esta carta porque nuestro padre fue también un viejo amigo suyo, amistad que se remonta a los días de la primera campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, campaña que sentó las bases, décadas después, de su exitosa campana electoral, Sr. Presidente, en 2018.

Nosotros, como familia, queremos contarle con nuestras propias palabras lo que nuestro padre significó para nosotros. Su historia es la historia de millones de familias migrantes de México, pero también es la historia de un individuo excepcional –un verdadero líder obrero y popular de base— que rehuyó lucirse personalmente, prefiriendo en vez, promover siempre los de abajo, los oprimidos y olvidados, para que ellas y ellos, los trabajadores de base, sean los protagonistas de la lucha por los derechos laborales y la justiciar social.

Nuestro padre procedía de una familia de muchas generaciones de trabajadores agrícolas, muchos de los cuales se vieron obligados a emigrar a Estados Unidos. Viajaban de un lado a otro de la costa de California, o por todo el Valle Central, siguiendo la cosecha a través de las estaciones y ahorrando su dinero para pasar los inviernos.

Albert Joseph Medrano Rojas nació el 31 de julio de 1938 en Tagus Ranch, en el condado de Tulare, California. Su madre se llamaba Gabriela Medrano y era de Chihuahua. Su padre se llamaba Rafael Anguiano Rojas y procedía de Briseñas, Michoacán. La cuna de nuestro padre era un cajón de duraznos hecho de madera de pino con una etiqueta de durazno en el exterior.

Nuestro padre comenzó a trabajar en el campo desde pequeño, viviendo y entendiendo la realidad de la sobre-explotación. Su padre –mi abuelo– era atacado a menudo por enjambres de avispas cuando recogía fruta. Aunque todavía era un niño, a nuestro padre le enseñaron que, cuando esto ocurría, su trabajo consistía en arrastrar baldes de lata de un galón de agua por una escalera de seis metros para entregárselos a su padre y que éste pudiera enjuagarse los brazos para aliviar el dolor de las picaduras. El cuerpo de mi abuelo se llenaba de mordiscos y sangraba profusamente. Esta es sólo una de las innumerables historias que nos contaba nuestro padre.

Nuestro padre nunca olvidó todas las heridas en las manos de su padre. Con el paso de los años, las manos de mi padre empezaron a parecerse a las de su propio padre.

Años más tarde, nuestro padre se convirtió en un organizador de trabajadores agrícolas bajo la tutela de John Soria y Peter Lauwerys de Oxnard, California. Comprendió en lo más profundo de su alma que el sufrimiento de los trabajadores agrícolas, especialmente de los niños, tenía que llegar a su fin. 

Mientras vivían en Oxnard, él y mi madre, Elena Bates Rojas, decidieron formar una familia. Juntos tuvieron cuatro hijos: Debra, Albert Jr., Desirèe y Shalom. Nuestro padre dedicó su vida a trabajar con los sindicatos, inicialmente en Estados Unidos, pero más tarde también en México (particularmente con el Sindicato Mexicano de Electricistas, SME). Su amor por México se convirtió en un esfuerzo de organización y solidaridad de más de 40 años.

Al Rojas fue uno de los fundadores del Sindicato Independiente de Trabajadores Agrícolas Unidos – Sindicato Internacional de Camioneros (UFW-IBT), con sede en San José, California. Dirigidos por Oscar González, de 1961 a 1963 organizaron comités en toda California, concretamente en las zonas costeras desde el norte de California hasta la frontera con México.

Fue durante esa época, en 1966, cuando la UFW-IBT se fusionó con la Asociación Nacional de Campesinos (una organización no lucrativa) dirigida por César Chávez y otros, y con el Comité Organizador de Trabajadores Agrícolas, AFL-CIO, dirigido por Larry Dulay Itliong. El sindicato fusionado se convirtió en la United Farm Workers of America (UFW), AFL-CIO – conocida mayormente entre Latinos como la Unión Campesina.

Nuestro padre fue cofundador de la UFW con Larry Dulay Itliong y César Chávez. Esto hizo que nuestra familia se sintiera muy orgullosa. Todos los niños fuimos educados para ser activistas y organizadores. En el periódico Malcriado de la UFW, mi madre se refiere a sus “pequeños activistas” como organizadores de huelgas porque todos repartíamos folletos al lado de nuestros padres.

Nuestro padre se convirtió en el principal organizador en California y en Pittsburgh, Pensilvania, del Boicot de Uvas de la UFW. De hecho, el comité del Boicot de Pittsburgh (1968 a 1970) fue uno de los más exitosos del país.

Nuestro padre defendió e impulsó todas las luchas laborales y comunitarias por los derechos democráticos básicos y la justiciar social –desde la huelga de las lechugas, hasta el permiso de conducir para los inmigrantes (para que pudieran ir a trabajar), pasando por el derecho de los mexicanos que viven en Estados Unidos a poder votar en las elecciones mexicanas, la lucha para acabar con los programas de trabajadores huéspedes, y la lucha por la legalización de todos los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos (Papeles Para Todos), y mucho más.

También fue uno de los fundadores del Local 1000 del SEIU (sindicato de empleados públicos) a través de una intensa campaña de organización llevada a cabo por el Caucus for a Democratic Union, que ganó las elecciones para incorporarse al SEIU nacional, con Eliseo Medina como presidente. Más tarde pasó a ocupar el puesto de Comisionado Laboral Adjunto del estado de California.

Nuestro padre era incansable e intrépido; sabía quién era: un trabajador agrícola e hijo de un trabajador agrícola.

Nuestro padre siempre se centró en México. Luchó ferreamente por el derecho –y la posibilidad– de las familias mexicanas, en particular de los jóvenes, de no verse obligados a emigrar a los Estados Unidos. Por ello, promovió una campana binacional ¡Por el Derecho a No Emigrar!

Nuestro padre luchó por un México que beneficiara a toda su gente, especialmente a la clase trabajadora, a los campesinos y a los pobres. Se le rompió el corazón al ver cómo la comunidad triquis de Oaxaca –así como otras comunidades indígenas de todo México– eran desmanteladas bajo los efectos del acuerdo de “libre comercio” del TLCAN, con familias que se veían obligadas a huir al norte de México, o a Estados Unidos, en busca de trabajo, sólo para poder sobrevivir, mientras dejaban atrás a sus seres queridos, como él mismo experimentó en su propia familia con la separación familiar.

“El verdadero reto”, escribió en una contribución de 2018 al boletín de discusión de la Conferencia Binacional contra el TLCAN y el Muro de la Vergüenza, “es promover la organización y representación de los trabajadores y el derecho de los trabajadores a negociar un contrato colectivo. El verdadero reto es obtener la legalización de todos los inmigrantes que están en Estados Unidos para que puedan trabajar porque las economías en sus países de origen están siendo devastadas por los acuerdos de “libre comercio” como el TLCAN y el CAFTA.”

Por eso defendió con tanto fervor la lucha que comenzó el 17 de marzo de 2015 en San Quintín, Baja California, de cerca de 80 mil trabajadores agrícolas (muchos de ellos indígenas de Oaxaca) que no buscaban más que un sindicato independiente y un contrato colectivo justo con las gigantescas empresas Driscoll’s y Andrew & Williamson. Estos trabajadores, como usted sabe, Sr. Presidente, están trabajando en condiciones de sobre-explotación y se les ha negado un contrato que mejoraría sus salarios y condiciones de trabajo.

Por eso nuestra familia le pide a usted y a su administración que extiendan su más completo apoyo a estos trabajadores agrícolas en San Quintin e insistan, con el pleno respaldo de la nueva ley federal del trabajo de México, en que Driscoll’s y Andrew & Williamson deben permitir a los trabajadores formar el sindicato de su elección, con un contrato que contenga un salario digno y todas las demás protecciones en el trabajo, poniendo así fin a los “contratos de protección” con los sindicatos de empresa.  Esto es lo que nuestro padre quería más que nada. Es lo que organizó día tras día hasta el final de su vida.

Nuestra familia cree que nuestro padre merece ser reconocido por todo su trabajo en favor de los derechos de los trabajadores y la democracia en México. Fue un gigante a los ojos de todos los miembros de nuestra familia, pero también fue un gigante a los ojos de los trabajadores y decenas de miles de trabajadores y jóvenes que estuvieron a su lado en la lucha por la justicia, tanto en México como en Estados Unidos.

También creemos firmemente que una de las mejores maneras de honrar su memoria es que su administración, señor Presidente, tome una posición de apoyo a los trabajadores agrícolas de San Quintín. Le agradecemos su atención a nuestro mensaje y petición de justicia en San Quintín.

Le deseamos lo mejor a usted y a su familia,

En solidaridad,

Desirée Rojas

Presidenta

Consejo Laboral para el Avance Latino-Americano, Capítulo de Sacramento

AFL-CIO y Change to Win

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