CANADÁ LA CLAVE: LA UNIDAD DE LA CLASE TRABAJADORA

A continuación publicamos la editorial del Boletín de Enlace núm. 31, julio de 2026 del Comité de Enlace de los Trotskistas de Canadá – Comité de Organización por la Reconstitución de la Cuarta Internacional – CORCI

EDITORIAL

El Estado de Israel, responsable del genocidio contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza, ocupada en un 70%, y en toda la subregión —Cisjordania, Siria, Jordania, Líbano, etc.—, continúa bombardeando el sur del Líbano y ocupando militarmente una parte de un país soberano, pese a la firma de un acuerdo marco entre Israel y Líbano en Washington, el 26 de junio.

Cabe señalar que el primer ministro israelí Netanyahu, en contra de la opinión de su jefe Trump, anunció que no se consideraba obligado por el memorando de acuerdo entre Estados Unidos e Irán y que continuaría los bombardeos y ataques contra el sur del Líbano.

El propio imperialismo estadounidense está violando el llamado memorando de entendimiento del 17 de junio, previsto para tener una duración de 60 días y cuyas negociaciones comenzaron el 21 de junio en el complejo turístico Bürgenstock, a orillas del lago de Lucerna, en Suiza —en una propiedad perteneciente a Qatar—, y continúa intentando derrocar al régimen de Teherán. Pero, considerando todos los elementos, el objetivo estratégico del imperialismo sigue siendo la guerra contra China, con el propósito de expropiar los medios públicos de producción y controlar el mercado de ese país.

La agresión israelí-estadounidense contra Irán está agravando sus desastrosas consecuencias sobre las condiciones de vida de los trabajadores y de los pueblos de todo el mundo, debido a los problemas en el suministro de petróleo procedente de Medio Oriente, mientras las multinacionales del sector registran ganancias récord.

Cuando hablamos de una nación o de un país soberano, no estamos apoyando a los regímenes en el poder. Lo que afirmamos es que el imperialismo —reaccionario de principio a fin— no puede tener como objetivo liberar a un país ni establecer allí la democracia, sino instalar dirigentes leales a sus intereses.

En el caso de Irán, por ejemplo, corresponde a los trabajadores y al pueblo de ese país derrocar al sanguinario régimen de los mulás y romper con el imperialismo. Por otro lado, defendemos a China, es decir, defendemos la propiedad estatal de los medios de producción, amenazada tanto por el imperialismo como por la burocracia china. Apoyamos a la clase trabajadora china en su lucha por derrocar a la burocracia y conquistar el poder político, etapa decisiva de la revolución proletaria mundial.

Los acontecimientos mundiales actuales ponen de manifiesto una característica esencial de la fase presente de la lucha de clases internacional: el imperialismo solamente puede sostenerse y prolongar su agonía —es decir, mantener la búsqueda de la ganancia capitalista— mediante la guerra.

La guerra imperialista está destruyendo sectores enteros de poblaciones y naciones. Así lo demuestra actualmente la agresión militar rusa de la oligarquía de Moscú, dirigida por Putin, contra Ucrania; el genocidio del pueblo palestino cometido por el Estado sionista, que está devastando el sur del Líbano con el apoyo del imperialismo estadounidense; la guerra en Medio Oriente dirigida por Trump, que ha entrado en una nueva fase con los nuevos ataques estadounidenses contra Irán durante este mes de julio, cuyo objetivo es controlar el estrecho de Ormuz; las guerras en la región africana de los Grandes Lagos, en África Occidental y en Sudán, así como en otras partes del mundo.

Los hechos también demuestran que la guerra imperialista cuenta con el apoyo y la participación de diversas burguesías, pese a las fricciones provocadas por sus intereses contradictorios. Esta guerra solamente es posible gracias al respaldo de los aparatos políticos y sindicales que actúan como freno del movimiento obrero, impidiendo que los trabajadores hagan realidad sus reivindicaciones y aspiraciones.

Todo esto ocurre en un contexto en el que el imperialismo estadounidense y Trump imponen políticas arancelarias a las demás potencias imperialistas, en nombre de Wall Street y contra la clase trabajadora internacional, comenzando por la propia clase trabajadora de Estados Unidos y por los pueblos del mundo entero.

En el frente de guerra, Trump también pretende trasladar a las demás potencias imperialistas el peso de la guerra en Ucrania y las ha invitado —hasta ahora sin éxito— a sumarse a la guerra contra Irán. Esto llevó a Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, quien considera que la OTAN no es “útil” para Estados Unidos, a declarar que “los países de la OTAN se niegan a hacer cualquier cosa”.

Alternando amenazas y concesiones, el presidente estadounidense —quien decidió en mayo retirar a 5 mil de los 35 mil soldados desplegados en Alemania— acaba de compensar esa retirada enviando 5 mil soldados a Polonia. Asimismo, durante la cumbre de la OTAN celebrada los días 7 y 8 de julio de 2026 en Ankara, Turquía, autorizó a Ucrania a fabricar misiles Patriot en su propio territorio.

La cumbre estuvo marcada por un incremento sin precedentes de los presupuestos militares de los países miembros de la Alianza, tal como lo exigía el propio Trump, quien anteriormente había criticado a la OTAN, calificándola de “tigre de papel”, y había vuelto a exigir que Groenlandia fuera cedida a Estados Unidos.

Pero, más allá de las contradicciones entre las distintas potencias imperialistas y entre estas y Estados Unidos, todas coinciden en la militarización de sus economías y de sus países, de acuerdo con las exigencias de Trump, para defender la propiedad privada de los medios de producción y servir, particularmente, a los intereses de la industria armamentista estadounidense.

Los dirigentes de los países de la OTAN pretenden reducir su dependencia de Washington, mientras este los obliga simultáneamente a incrementar sus presupuestos militares. De esta manera, todos los países miembros de la OTAN han acordado destinar como mínimo el 2% de su producto interno bruto al gasto militar, porcentaje que deberá elevarse al 5% en un futuro muy próximo.

En este sentido, Canadá se ha convertido en uno de los ejecutores más diligentes de estas directrices, como lo expresó Mark Rutte:

“No estoy preocupado, porque esto es exactamente lo que hemos estado discutiendo desde hace más de un año. Europa está asumiendo mayores responsabilidades, Canadá está haciendo lo mismo; estamos gastando más, asumiendo una mayor responsabilidad sobre nuestra propia defensa y poniendo fin a nuestra excesiva dependencia de un solo aliado”.

En efecto, el primer ministro canadiense, Mark Carney, está trabajando intensamente para cumplir estos objetivos. Para 2026, el presupuesto militar supera el astronómico umbral de los 60 mil millones de dólares.

Según el informe anual de la OTAN, Canadá finalmente alcanzó el objetivo de destinar al menos el 2% de su PIB al gasto militar. El Departamento de Defensa Nacional anunció el 26 de marzo de 2026:

“El Gobierno de Canadá ha alcanzado el objetivo establecido por la Organización del Tratado del Atlántico Norte de destinar el 2% del producto interno bruto al gasto en defensa durante el ejercicio fiscal 2025-2026, lo que representa un hito importante en el enfoque de Canadá respecto de la defensa nacional y la seguridad colectiva”.

Carney celebró que el objetivo se hubiera alcanzado “cinco años antes de lo previsto” y estableció la meta de llegar al 5% para 2035, lo que representaría una cantidad estimada de 500 mil millones de dólares.

Para conseguirlo, será necesario desviar fondos destinados a los sectores públicos y sociales. Esto implicará la eliminación de 40 mil puestos de trabajo en el servicio público durante un periodo de tres años y recortes presupuestarios en distintos ministerios de aquí a 2030.

Entre esos recortes se encuentran:

  • Vivienda, Infraestructura y Comunidades: 5 mil 400 millones de dólares.
  • Asuntos de los Veteranos: 4 mil 200 millones.
  • Agencia de Ingresos de Canadá: 4 mil 100 millones.
  • Innovación, Ciencia e Industria: 3 mil 400 millones.
  • Empleo y Desarrollo Social: 2 mil 200 millones.
  • Inmigración, Refugiados y Ciudadanía: 2 mil 100 millones.
  • Transporte: mil 400 millones.
  • Salud de Canadá: 649 millones.
  • Servicios Públicos y Adquisiciones de Canadá: 642 millones.

(Radio Canadá, 6 de noviembre de 2025).

Además, Canadá se ha alineado sistemáticamente con el imperialismo estadounidense en la guerra, pese a la guerra comercial emprendida contra el país por su vecino del sur, las amenazas de anexión como “el estado número 51” y el relativo crecimiento de la influencia de la ideología trumpista MAGA entre los conservadores canadienses y en movimientos separatistas como el de Alberta, provincia rica en hidrocarburos.

Cabe señalar que Canadá participa en la guerra israelí-estadounidense contra Irán, Líbano y Medio Oriente sin reconocerlo oficialmente.

Por ejemplo, según CBC News, que cita el sitio web del Departamento de Defensa Nacional de Canadá, integrantes del Centro Combinado de Operaciones Aeroespaciales de la Primera División Aérea Canadiense se encontraban en la base aérea de Al Udeid, en Qatar, así como en el cuartel general de la Quinta Flota de Estados Unidos, en Bahréin, cuando Irán atacó esos lugares.

También se reveló, el 12 de marzo de 2026, que la base militar Camp Canada, situada dentro de la base aérea Ali Al Salem, en Kuwait, había sido alcanzada por misiles iraníes el 2 de marzo de 2026. Imágenes satelitales mostraron que los búnkeres canadienses habían sufrido daños durante esos ataques.

Carney y su Partido Liberal, responsables de esta política, cuentan con una mayoría bastante frágil en la Cámara de los Comunes.

El Partido Liberal, que se encontraba en minoría durante el último mandato de Justin Trudeau y solamente pudo gobernar gracias al apoyo del Nuevo Partido Democrático —NPD—, tampoco consiguió una mayoría en la Cámara de los Comunes durante las elecciones federales del 28 de abril de 2025.

La mayoría solamente fue obtenida gracias al cambio de bancada de cuatro diputados: tres procedentes del Partido Conservador y uno del NPD. Esta mayoría, conseguida por un margen muy estrecho, fue reforzada por las elecciones federales parciales del 13 de abril de 2026, en las que el Partido Liberal obtuvo los tres escaños en disputa.

Esto significa que, políticamente, el Gobierno de Carney sigue siendo un gobierno en crisis, ante el desplome del NPD, que durante muchos años le sirvió de apoyo, y frente a las reivindicaciones y aspiraciones de las masas trabajadoras, los pueblos y la juventud de Canadá y del mundo, enfrentados a la guerra imperialista mundial.

La clase trabajadora canadiense tiene la enorme responsabilidad de enfrentar la guerra, tanto en el exterior como dentro del país. Los servicios públicos —educación, salud e infraestructura— están amenazados. Es una guerra que destruye empleos a gran escala y desmantela el servicio postal.

Esta política también golpea al sector privado, como lo demuestra el proyecto de despedir a un primer grupo de 400 trabajadores de Air Canada.

Sin embargo, en estos sectores se están desarrollando intensas luchas de clases. Los trabajadores se enfrentan a una política de división impulsada por dirigentes sindicales que actúan contra las reivindicaciones del movimiento y firman convenios colectivos con las empresas que son rechazados por la abrumadora mayoría de los trabajadores. Todo esto ocurre en medio del silencio ensordecedor de la dirección del NPD.

Ahora más que nunca, resulta fundamental una política independiente de la clase trabajadora: una política de frente único, desde las direcciones y desde las bases, para satisfacer las reivindicaciones de la clase trabajadora contra la guerra interna y contra la guerra emprendida contra los pueblos.

Este número continúa el análisis de la crisis de los aparatos y de las tareas de reconstitución de la Cuarta Internacional en este país. Asimismo, informa sobre la intervención presentada durante el Congreso del Partido de los Trabajadores, celebrado los días 30 y 31 de mayo de 2026, dirigida a las organizaciones y militantes de los 48 países que firmaron el llamado a participar en el mitin del Comité Internacional contra la Guerra y la Explotación, que se celebrará en París el domingo 8 de noviembre de 2026.

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