
Intervención inicial del camarada Iker para el círculo de estudios Palestina: una causa de liberación, una cuestión internacional realizado el pasado 8 de agosto en la Ciudad de Mexicali, México.
Puedes descargar el Folleto La Cuarta Internacional y Palestina aqui
Compañeras y compañeros:
Quisiera comenzar planteando una idea que atraviesa todo el folleto que estamos estudiando: para comprender lo que ocurre en Palestina no podemos comenzar la historia el 7 de octubre de 2023, ni siquiera en 1967. Tenemos que remontarnos a la partición de Palestina y al papel que desempeñaron las grandes potencias en ella.
El folleto que tenemos en nuestras manos, La Cuarta Internacional y Palestina, es una compilación editada por la LCI-CORCI en México. Reúne documentos históricos de la Cuarta Internacional, textos posteriores y materiales elaborados por nuestra corriente. Su importancia consiste precisamente en demostrar que existe una posición sostenida durante décadas sobre la cuestión palestina.
Y vale la pena conocerla porque muchas veces se nos presenta la tragedia palestina como un conflicto incomprensible, religioso, milenario, como una guerra entre dos pueblos que simplemente no pueden convivir.
La posición que desarrolla este folleto es radicalmente diferente.
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Palestina formó parte del Imperio otomano hasta la Primera Guerra Mundial y posteriormente quedó sometida al mandato colonial británico. En 1947, cuando el dominio británico entraba en crisis, las Naciones Unidas aprobaron la Resolución 181, que dividía Palestina en un Estado denominado judío y otro árabe.
Aquí aparece uno de los aspectos históricos más importantes del folleto.
La Cuarta Internacional se opuso a esa partición desde 1947.
Y no lo hizo retrospectivamente, después de conocer sus consecuencias. Lo hizo en el momento mismo en que estaba ocurriendo.
Existía incluso en Palestina un grupo que se reivindicaba como sección palestina de la Cuarta Internacional y publicaba en hebreo Kol Ham’amad, La Voz de la Clase. Sus militantes denunciaron que la partición no solucionaría el problema de los trabajadores árabes ni de los trabajadores judíos, sino que serviría a los intereses de las potencias imperialistas.
Esto es muy importante. Porque significa que oponerse a la partición no significaba combatir a los judíos.
La Cuarta Internacional combatía simultáneamente el antisemitismo, el sionismo y la opresión imperialista.
Venía de enfrentar políticamente al nazismo, que había asesinado a seis millones de judíos europeos. Y precisamente por eso denunciaba también la hipocresía de las potencias imperialistas: muchos de los gobiernos que posteriormente presentaron la colonización de Palestina como una solución para los supervivientes del Holocausto habían cerrado sus propias fronteras a los refugiados judíos.
El folleto recuerda que la Cuarta Internacional hizo campaña por la apertura de las fronteras de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países a los refugiados judíos.
Por eso debemos distinguir claramente tres cosas: judaísmo, sionismo y Estado de Israel no son sinónimos.
Combatir el antisemitismo significa combatir cualquier persecución, discriminación o violencia contra los judíos.
Combatir el sionismo significa oponerse a un proyecto político que hizo de Palestina el territorio sobre el cual construir un Estado basado en una diferenciación nacional y colonial.
Y luchar por los derechos del pueblo palestino no significa luchar contra el pueblo judío.
Esta distinción es indispensable porque quienes defienden la política del Estado israelí intentan muchas veces identificar antisionismo y antisemitismo. Y, en el extremo contrario, también existen sectores reaccionarios que pretenden convertir la legítima lucha palestina en hostilidad contra los judíos.
La tradición que reivindica el folleto rechaza ambas posiciones.
1947: la posición de la Cuarta Internacional
En noviembre-diciembre de 1947, la revista Cuarta Internacional formuló una posición extraordinariamente clara: luchar contra la partición y por una Palestina unida e independiente donde las masas determinaran soberanamente su destino mediante una Asamblea Constituyente.
Aquí encontramos el hilo conductor que llega hasta el presente.
La Cuarta Internacional no proponía cambiar la dominación de un pueblo por la dominación de otro.
No proponía expulsar a los judíos.
No proponía crear otro Estado basado en una religión o una etnia.
Proponía que todos los habitantes de Palestina pudieran vivir con iguales derechos dentro de una misma nación.
La fórmula que desarrolla hoy nuestra corriente es: una Palestina única, laica y democrática en todo el territorio histórico de Palestina, con igualdad de derechos para todos sus habitantes y con reconocimiento del derecho al retorno de los refugiados palestinos y sus descendientes.
El folleto resume precisamente esa continuidad: rechazo de la partición y de la injerencia imperialista; derecho incondicional del pueblo palestino a decidir su futuro; Asamblea Constituyente y un único Estado laico y democrático.
Detengámonos un momento en esto. ¿Por qué un Estado único?
Porque la experiencia histórica de la partición no produjo dos pueblos viviendo pacíficamente uno al lado del otro.
De los dos Estados previstos en 1947, solamente uno llegó realmente a constituirse.
En 1948 ocurrió la Nakba, la catástrofe palestina. El folleto señala la expulsión de al menos 780 mil palestinos de sus tierras. Después vinieron nuevas guerras, ocupación territorial, colonización de Cisjordania, campos de refugiados y décadas de negación del derecho al retorno.
La cuestión fundamental sigue siendo entonces: ¿quién tiene derecho a vivir en Palestina y con qué derechos?
Nuestra respuesta es muy sencilla: todos.
Musulmanes.
Cristianos.
Judíos.
Personas religiosas y no religiosas.
Pero todos con exactamente los mismos derechos.
El propio folleto explica que llamar palestino a ese Estado no expresa una definición étnica o religiosa, sino el nombre histórico y geográfico del territorio. Y plantea que la ciudadanía debe quedar desligada de la religión, de la nacionalidad y de cualquier pertenencia sectaria.
Por eso hablamos de un Estado laico.
Y por eso hablamos de un Estado democrático.
¿Quién decidiría cómo sería esa Palestina?
Aquí aparece otra consigna central:
Asamblea Constituyente palestina soberana.
No una solución escrita en Washington.
No una solución negociada entre gobiernos extranjeros.
No una nueva repartición del territorio realizada desde arriba.
Una Constituyente elegida por quienes habitan Palestina y por aquellos palestinos expulsados en 1948 y sus descendientes.
El texto propone que puedan participar también los habitantes judíos israelíes que rompan con el sionismo y acepten formar parte de una Palestina común basada en la igualdad de derechos.
Esta idea posee una enorme fuerza democrática:
que sean los propios pueblos quienes decidan su destino.
No Trump.
No Netanyahu.
No la Unión Europea.
No las grandes potencias.
Y tampoco los gobiernos reaccionarios de la región.
La experiencia de Oslo
Hay otro acontecimiento que debemos discutir porque durante años fue presentado como el camino hacia la paz: los Acuerdos de Oslo de 1993.
Se nos dijo que Oslo conduciría progresivamente hacia un Estado palestino.
La Cuarta Internacional se opuso.
¿Por qué?
Porque consideró que aquellos acuerdos consagraban la partición y obligaban a la dirección palestina a abandonar la perspectiva histórica de una Palestina democrática en todo el territorio.
El folleto recuerda que Oslo dio origen a una Autoridad Palestina sin verdadera soberanía y dejó fragmentado el territorio palestino.
Treinta años después, la cuestión que debemos plantearnos es bastante elemental: ¿dónde está el Estado palestino soberano prometido por Oslo?
La experiencia histórica obliga, por lo menos, a cuestionar profundamente la llamada solución de los dos Estados.
¿Y dónde entra la clase trabajadora?
Aquí llegamos quizás al aspecto más específicamente marxista del folleto.
Para la Cuarta Internacional, la liberación palestina no puede depender de las grandes potencias.
Pero tampoco puede depositarse confianza ilimitada en las burguesías de los países árabes.
Desde 1947, la Cuarta Internacional advertía contra esos supuestos aliados. El folleto recorre después experiencias como Septiembre Negro en Jordania, Camp David y otras traiciones de los gobiernos de la región.
La perspectiva es otra: la alianza de los trabajadores con los campesinos, los refugiados y las masas populares, manteniendo su independencia política.
El documento sobre la Constituyente palestina es todavía más explícito: sostiene que la lucha democrática y de liberación nacional está vinculada a la organización independiente de la clase trabajadora, tanto sindical como políticamente, y finalmente a la construcción del partido obrero revolucionario y a la reconstitución de la Cuarta Internacional.
Esto nos permite comprender algo fundamental.
El internacionalismo no significa observar Palestina desde lejos y sentir solidaridad.
Significa comprender que la lucha palestina está vinculada con nuestras propias luchas.
Porque las mismas potencias que financian guerras son las que nos hablan de austeridad.
Las mismas clases dominantes que levantan fronteras contra los refugiados movilizan ejércitos por todo el planeta.
Y los mismos gobiernos que intentan dividir a los trabajadores por nacionalidad, religión o color de piel utilizan esas divisiones para mantener intacto un sistema basado en la explotación.
Por eso el folleto recupera una vieja consigna de la Primera Internacional:
“La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores”.
¿Qué significa solidarizarse desde México?
También aquí el folleto intenta pasar de las palabras a las acciones.
En octubre de 2023, la LCI impulsó en México una carta abierta que exigía la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con el Estado de Israel.
Más allá de aquella campaña concreta, aparece una cuestión política general que sigue siendo importante para discutir: la solidaridad internacional no puede limitarse a expresar indignación.
Puede traducirse en organización, movilizaciones, círculos de estudio, actividad sindical, campañas públicas y exigencias políticas a nuestros propios gobiernos.
Porque nosotros no tenemos capacidad para decidir directamente lo que hace Netanyahu.
Pero sí podemos intervenir políticamente aquí.
Una conclusión
Quisiera terminar recuperando lo que considero la enseñanza principal del folleto.
La causa palestina no es exclusivamente palestina.
Es una lucha contra la opresión nacional.
Es una lucha contra el colonialismo.
Es una lucha contra el imperialismo.
Pero plantea también una pregunta universal:
¿es posible construir una sociedad en la cual seres humanos de diferentes orígenes, culturas y religiones vivan verdaderamente como iguales?
La respuesta que ofrece la tradición de la Cuarta Internacional es sí.
Pero esa igualdad no vendrá de una nueva partición impuesta desde arriba.
Vendrá de la movilización independiente de los pueblos y de los trabajadores.
Por eso la fórmula que recorre estos documentos desde 1947 conserva toda su fuerza:
contra la partición.
Por el derecho al retorno del pueblo palestino.
Por una Palestina única, laica y democrática, con iguales derechos para todos.
Por una Asamblea Constituyente palestina soberana.
Y por la unidad de los trabajadores y los pueblos contra el imperialismo y contra toda forma de racismo y antisemitismo.
Este folleto no pretende que aceptemos estas conclusiones como un dogma. Nos ofrece documentos, una historia y una posición política para discutirlos críticamente. La LCI los publica precisamente porque considera que comprender esa tradición y confrontarla con la experiencia histórica forma parte de la construcción de una perspectiva internacionalista.
Por eso la mejor manera de terminar este círculo no es diciendo que la discusión terminó.
Es exactamente al contrario:
la discusión comienza aquí.
Tenemos que estudiar la historia, debatir las diferencias existentes dentro del movimiento de solidaridad con Palestina, entender qué significan realmente las distintas soluciones propuestas y preguntarnos, sobre todo, qué pueden hacer los trabajadores, estudiantes y organizaciones populares desde México para actuar contra la guerra, el colonialismo y la opresión.
Esa es la discusión que proponemos continuar.
Palestina libre.
Igualdad de derechos para todos los habitantes de Palestina.
Derecho al retorno de los refugiados.
Contra el imperialismo y contra la guerra.
Por la fraternidad internacional de los trabajadores y de los pueblos.

