
El siguiente testimonio, extraído de Tribuna de los Trabajadores de Francia, muestra una de las consecuencias más dramáticas de las temperaturas extremas y los incendios que han golpeado al país durante este verano. Residentes de centros para personas mayores fueron evacuados precipitadamente y trasladados a hospitales que ya enfrentaban graves carencias de personal y recursos.
La emergencia climática deja así al descubierto una realidad que viene de lejos: años de recortes presupuestales y deterioro de los servicios públicos de salud. Mientras trabajadores agotados deben responder con medios insuficientes a situaciones que podrían haberse previsto, hospitales y residencias carecen del personal y de las condiciones materiales necesarias para proteger adecuadamente a pacientes y adultos mayores. La crisis vuelve a demostrar que las consecuencias de estas políticas terminan recayendo sobre los trabajadores y los sectores más vulnerables de la población.
Habla Mamah Bahloul, auxiliar de enfermería y secretaria del sindicato FO del hospital de Belvès (Dordoña)
«Desde el sábado 24 de julio hemos recibido a ocho pacientes procedentes de dos Ehpad —residencias para personas mayores dependientes— cercanos a Burdeos que, debido al humo de los incendios, tuvieron que ser evacuados.
Los pacientes llegaron de emergencia, sin nada. Algunos ni siquiera tenían su prótesis dental. No se había preparado absolutamente nada. Tuvimos incluso que separar a algunas parejas.
Los pacientes, completamente desorientados, debían ser alojados inicialmente en un edificio cercano al hospital, pero este no cumple con las normas adecuadas. Por la noche hacía 40 grados bajo el techo. Por eso terminaron siendo trasladados a las instalaciones del hospital.
Pero tampoco aquí existen las condiciones necesarias para recibirlos correctamente. Hace 36 grados durante todo el día. Es catastrófico trabajar así.
Los compañeros están agotados, por lo que el ausentismo es enorme. Desde principios de julio, los horarios de trabajo están completamente trastocados: podemos encadenar cuatro días de trabajo, tener un solo día de descanso y después regresar otros tres días…
Estamos pagando las consecuencias.
Tratamos de no llamar a quienes están de vacaciones porque hace muchísimo tiempo que no habían podido disfrutar de un descanso.
Todo esto ocurre en un contexto en el que la situación ya era difícil «en tiempos normales».
Existe falta de personal y además tenemos muchos pacientes que se encuentran en situaciones graves de abandono o para quienes resulta imposible regresar a sus hogares. También es complicado encontrar residencias de ancianos donde puedan ser recibidos porque cuestan muy caro.
Por eso permanecen en el hospital hasta que conseguimos encontrarles una solución.
La evacuación de estos pacientes, por tanto, no se realizó en condiciones adecuadas. La situación podría haberse previsto.
Es como cuando ocurre una pandemia: todo se hace en el último momento, de manera improvisada.
Y para nosotros, como la dirección activó un “plan blanco” de emergencia hospitalaria, no tendremos ningún aumento salarial. En el mejor de los casos podremos recuperar los días trabajados, pero ni siquiera sabemos cuándo será posible hacerlo.
Los pacientes nos dicen:
“Deberían hacer huelga.”
Sí, hacemos huelga, pero no funciona: mientras continuemos atendiendo a la gente, a las direcciones no les importa.
El día en que dejemos de atender… quizá entonces empiecen a preocuparse.
Creo que habrá huelgas cuando termine el verano y comience el nuevo periodo laboral.»

