
¡Petróleo mexicano para Cuba! ¡Defendamos las conquistas de la Revolución!
Las últimas informaciones aparecidas en la prensa mexicana confirman que la ofensiva del imperialismo estadounidense contra Cuba entra en una nueva y peligrosa etapa. Washington combina el bloqueo energético, las sanciones, las amenazas y las operaciones de inteligencia con la búsqueda de interlocutores dentro del propio régimen cubano, mientras pretende imponer cambios políticos y económicos en la isla.
El 7 de agosto, Proceso, retomando una investigación de The New York Times, informó que la CIA constituyó un nuevo grupo operativo dedicado específicamente a Cuba. Su objetivo sería concentrar recursos humanos, tecnológicos y de inteligencia para incrementar la presión sobre la dirección cubana, fomentar fisuras en su interior e impulsar los cambios económicos y políticos exigidos por la administración Trump.
Un día antes, La Jornada también informó de la creación de este grupo secreto de trabajo de la CIA. No estamos, por tanto, únicamente ante un bloqueo económico: se desarrolla una política consciente de intervención sobre las contradicciones internas de Cuba.
Al mismo tiempo, Washington mantiene abiertos canales de comunicación con personajes del régimen. El Universal informó el 7 de agosto que la administración Trump había entablado un diálogo con representantes de La Habana, entre ellos Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. En mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se había reunido con él en La Habana y le habría transmitido que se agotaba el tiempo para realizar los cambios fundamentales reclamados por Trump.
Estos contactos deben ser observados con toda atención por los trabajadores, jóvenes y militantes que defendemos a Cuba.
La política del imperialismo es asfixiar para imponer
El secretario de Estado Marco Rubio lo ha dicho sin demasiados rodeos: Washington pretende impedir que Cuba encuentre una “válvula de escape” que le permita resistir la actual crisis. La estrategia es cerrar las fuentes de energía, incrementar las sanciones y utilizar las enormes dificultades económicas que vive el pueblo cubano para arrancar modificaciones profundas al régimen económico y político de la isla.
La administración estadounidense sostiene que la responsabilidad fundamental de la crisis corresponde al modelo económico cubano y afirma que mantiene excepciones humanitarias al embargo. Pero esto no elimina un hecho fundamental: Washington ha utilizado deliberadamente el suministro energético como instrumento de presión política sobre Cuba.
Por eso la defensa de Cuba frente al imperialismo no admite ninguna ambigüedad.
Defendemos las conquistas históricas de la Revolución de 1959: las expropiaciones de la gran propiedad capitalista e imperialista, la soberanía nacional conquistada frente a Estados Unidos y las bases sociales construidas por la revolución.
Pero defender esas conquistas no significa otorgar un cheque en blanco a la burocracia cubana ni apoyar las medidas que abren camino a la penetración del capital privado.
En junio, el gobierno cubano amplió las posibilidades de inversión privada y el gobierno mexicano planteó que el eventual restablecimiento del suministro de combustibles podría realizarse mediante empresas particulares mexicanas y cubanas. Sheinbaum declaró el 22 de junio que esperaba que el comercio petrolero pudiera reanudarse precisamente a través de ese mecanismo privado.
Desde nuestra perspectiva, esa no puede ser la respuesta.
La alternativa al bloqueo imperialista no debe ser entregar progresivamente sectores de la economía cubana al capital privado nacional o extranjero. La experiencia histórica demuestra que una dinámica de privatización, diferenciación social y penetración del capital puede terminar destruyendo desde dentro aquello que el imperialismo no logró derrotar desde fuera.
La defensa de Cuba exige combatir en dos frentes inseparables: contra la agresión imperialista y contra la restauración capitalista.
México debe enviar petróleo a Cuba
Aquí existe una responsabilidad particular para los trabajadores y las organizaciones populares mexicanas.
México fue uno de los principales proveedores de combustible de Cuba. Ante las amenazas de Washington de imponer consecuencias económicas a los países que continuaran abasteciendo a la isla, los cargamentos mexicanos fueron interrumpidos. El gobierno de Claudia Sheinbaum anunció posteriormente que buscaría distintas vías para reanudar el suministro.
El pasado 28 de julio, Sheinbaum anunció nuevamente ayuda humanitaria para Cuba y reivindicó el respeto a su soberanía. Al día siguiente, el congresista republicano Carlos Giménez atacó públicamente al gobierno mexicano por esa ayuda y amenazó con que México tendría que afrontar “consecuencias” por obstaculizar la política estadounidense hacia Cuba.
Estas amenazas son inadmisibles.
México es un país soberano. Washington no tiene ningún derecho a decidir con qué países comercia México ni a prohibir que nuestro país proporcione petróleo a un pueblo sometido a un cerco energético.
Por eso debemos reforzar la campaña que desde Tribuna de los Trabajadores hemos impulsado:
¡Petróleo mexicano para Cuba! firma aqui
No reclamamos que el petróleo llegue mediante negocios privados que fortalezcan nuevos sectores capitalistas. Exigimos al gobierno mexicano reanudar de inmediato el suministro de petróleo a Cuba de manera pública, soberana y sostenida, utilizando los recursos de Petróleos Mexicanos.
La respuesta a las amenazas de Washington no puede ser retroceder. Debe ser la movilización de los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, los colectivos populares y todas las fuerzas democráticas y antiimperialistas.
Defender la Revolución es luchar por el socialismo
Nuestra solidaridad pertenece, ante todo, al pueblo trabajador cubano.
Defender la Revolución cubana no significa justificar los privilegios burocráticos ni negar las dificultades que enfrentan los trabajadores cubanos. Significa defender las conquistas históricas de la revolución contra quienes pretenden devolver las fábricas, los recursos y la economía cubana al dominio del capital.
Frente al bloqueo y frente a las presiones restauracionistas, planteamos la defensa de la propiedad estatal de los sectores estratégicos, el monopolio estatal del comercio exterior, la planificación democrática de la economía y el control de los trabajadores.
El futuro de Cuba no debe decidirlo Marco Rubio, la CIA, los grandes capitalistas estadounidenses ni una nueva burguesía que pueda desarrollarse al calor de las privatizaciones. Debe decidirlo el pueblo trabajador cubano mediante la democracia obrera y socialista.
La defensa de Cuba es una causa de todos los trabajadores de América Latina.
Hoy necesitamos multiplicar las firmas, los pronunciamientos, las reuniones, las acciones sindicales y las movilizaciones de solidaridad.
¡Abajo el bloqueo imperialista contra Cuba!
¡Petróleo mexicano para Cuba, de manera inmediata, pública y sostenida!
¡Fuera Estados Unidos de Guantánamo!
¡No a la restauración capitalista!
¡Defensa de las conquistas de la Revolución Cubana mediante la democracia obrera y la revolución permanente!
¡Viva la solidaridad internacional de los trabajadores!

