Oaxaca: el narco recluta a la juventud que el capitalismo condena

El crimen organizado no surge fuera del sistema: es una de las expresiones más brutales de su descomposición

Por Iker

Las cifras provenientes de Oaxaca deberían provocar una discusión nacional. Las detenciones de adolescentes relacionados con esquemas de narcomenudeo y delincuencia organizada aumentaron 155 % durante el último año. La Fiscalía estatal advierte además que siete de cada diez jóvenes reclutados alrededor de los 13 o 14 años terminan muertos, encarcelados o con alguna discapacidad antes de permanecer seis años dentro de las organizaciones criminales.

Estamos hablando de niñas, niños y adolescentes cuya expectativa de vida puede quedar destruida prácticamente antes de comenzar.

Pero sería profundamente equivocado explicar este fenómeno diciendo simplemente que los jóvenes “eligieron el camino fácil”.

Los propios datos derrumban esa explicación.

Entre los adolescentes reclutados identificados por las autoridades oaxaqueñas, 51 % no tenía empleo y solamente 11 % estudiaba. Las principales edades de preocupación se encuentran entre los 12 y 18 años. Las organizaciones criminales los contactan a través de conocidos, mediante drogas gratuitas y cada vez más utilizando TikTok, Facebook, Instagram, WhatsApp, Signal y videojuegos en línea.

UNICEF ha advertido que miles de niñas, niños y adolescentes mexicanos son reclutados o utilizados por grupos criminales bajo amenazas, coerción o debido a la falta de alternativas, y plantea que deben ser vistos fundamentalmente como víctimas de contextos de violencia y vulnerabilidad, no simplemente como delincuentes.

El narco necesita trabajadores

Hay un aspecto fundamental que normalmente queda fuera de la discusión pública: el crimen organizado necesita fuerza de trabajo.

Un modelo matemático publicado en Science estimó que los cárteles mexicanos tenían entre 160 mil y 185 mil integrantes en 2022 y que necesitaban reclutar por lo menos unas 350 personas cada semana para compensar muertos, detenidos y otras bajas. Es una estimación basada en un modelo y no un censo oficial, pero ayuda a dimensionar el carácter estructural del reclutamiento.

Esto nos obliga a formular una pregunta diferente: ¿de dónde obtienen los cárteles esos cientos de nuevos integrantes?

De la misma sociedad que produce desempleo, precariedad, bajos salarios, abandono escolar, comunidades sin servicios públicos y miles de jóvenes convencidos de que no existe un futuro para ellos.

El crimen organizado aparece entonces ofreciendo lo que el capitalismo legal les niega: dinero, reconocimiento, pertenencia y una posibilidad inmediata de supervivencia. Pero detrás de esa promesa está la realidad: explotación, cárcel, mutilación y muerte.

Un negocio capitalista

Desde Tribuna de los Trabajadores hemos insistido en que el crimen organizado no es un cuerpo extraño que infectó desde afuera a una sociedad capitalista sana.

El narcotráfico funciona también como un negocio. Compra fuerza de trabajo, controla mercados, disputa territorios, moviliza mercancías, acumula enormes cantidades de dinero y necesita introducir sus ganancias nuevamente dentro de los circuitos legales de la economía.

El capital criminal y el capital “respetable” terminan encontrándose en bancos, empresas, propiedades, comercio, construcción, lavado de dinero y diferentes mecanismos financieros.

Las bandas cumplen además funciones que históricamente ha ejercido el capital mediante otros instrumentos: desplazan comunidades, controlan territorios, intimidan trabajadores, eliminan adversarios y disciplinan poblaciones mediante el terror.

Por eso las hemos caracterizado como sicarios del capital.

No porque cada acción de un cártel responda directamente a una orden de empresarios o del Estado, sino porque su existencia forma parte de las relaciones sociales producidas por un capitalismo dependiente y profundamente descompuesto.

Militarizar no resuelve el problema

Durante décadas, gobiernos de distintos partidos han presentado policías, Ejército, Guardia Nacional, encarcelamientos y captura de dirigentes criminales como la solución.

Sin embargo, las organizaciones se reproducen.

El modelo publicado en Science llegó precisamente a una conclusión significativa: incrementar exclusivamente la incapacitación —detenciones, muertes o encarcelamientos— no necesariamente reduce la violencia, mientras disminuir la capacidad de reclutamiento podría producir efectos mucho mayores.

Esto no significa permanecer indiferentes ante asesinos o traficantes. Significa comprender que no existe salida puramente policiaca para un fenómeno cuyas raíces son sociales y económicas.

Podemos detener miles mientras otros miles de jóvenes encuentren delante de ellos únicamente desempleo, trabajos informales, salarios miserables y ausencia de perspectivas.

Las organizaciones criminales seguirán teniendo un gigantesco ejército potencial de reclutamiento.

Defender a la juventud significa ofrecerle un futuro

La respuesta debe comenzar por reconocer que los adolescentes reclutados son también víctimas.

Necesitamos escuelas públicas con recursos suficientes, acceso universal a la universidad, espacios culturales y deportivos, vivienda, salarios dignos y empleos estables para la juventud.

Pero tampoco basta con programas sociales administrados desde arriba.

Los trabajadores y los jóvenes necesitan recuperar sus barrios y comunidades mediante organización independiente: sindicatos democráticos, organizaciones estudiantiles, comités populares y espacios juveniles capaces de disputar al crimen organizado la influencia que ejerce sobre sectores abandonados de nuestra clase.

No proponemos que trabajadores o jóvenes se enfrenten militarmente con las bandas. Esa sería una aventura suicida. La tarea es reconstruir organización, solidaridad y conciencia de clase allí donde el miedo, la precariedad y la violencia han destruido el tejido colectivo.

Cada adolescente convertido en halcón, vendedor de drogas o sicario representa una derrota para nuestra clase y una acusación contra este sistema.

El capitalismo les ofrece a millones de jóvenes precariedad; el crimen organizado les ofrece una pistola. Nosotros debemos ofrecerles organización, conciencia y una perspectiva para transformar la sociedad.

Desde la Liga Comunista Internacionalista llamamos a trabajadores y jóvenes a organizarse con nosotros. Combatir verdaderamente el crimen organizado significa luchar también contra las condiciones capitalistas que lo producen y alimentan.

Organízate. Afíliate a la LCI.

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