Nepal: La catástrofe no tiene nada de «natural»

Con más de 1,000 muertos y 4,000 desaparecidos, el balance de la catástrofe en Nepal y en la región china del Tíbet está, desgraciadamente, lejos de ser definitivo.

Según los científicos, la caída de un fragmento de glaciar —consecuencia de su deshielo debido al calentamiento global— liberó, el 26 de agosto, un tsunami de agua, rocas y lodo que arrasó todo a su paso por los valles: habitantes, viviendas, puentes y carreteras.

Después de los episodios de olas de calor, incendios y tifones, esta nueva y trágica consecuencia del cambio climático plantea serias preguntas.

Nepal es uno de los países más pobres del mundo, con un ingreso promedio por habitante de alrededor de 100 euros mensuales. El país está asfixiado por el pago de la deuda externa.

En 2024-2025, el anterior gobierno de «izquierda» destinó al pago de esa deuda sumas superiores al conjunto del presupuesto nacional dedicado al desarrollo. Esta política empujó a la juventud a rebelarse en septiembre de 2025.

En este tipo de catástrofes, el número de víctimas depende en gran medida de la manera en que la sociedad está preparada. La información a la población, los sistemas de alerta y las infraestructuras de protección y rescate permiten reducir el número de víctimas.

Nepal no disponía de nada de esto.

Así, de los 63,700 glaciares del Himalaya, solamente 38 están sometidos a vigilancia.

Y, sin embargo, existen los medios tecnológicos. «El método más fiable consiste en instalar sensores», señala RFI el 30 de agosto. Pero «esta técnica cuesta muy cara».

Además, este país emite menos del 0.01 % de los gases de efecto invernadero del planeta, a diferencia de los Estados más ricos, cuyas multinacionales producen el 80 % de esos gases que agravan el calentamiento global.

Se supone que esos Estados deben aportar 100,000 millones de dólares al año a un «fondo verde» destinado a ayudar a otros países a adaptarse a los efectos de la crisis climática y reducir sus consecuencias.

Sin embargo, según la ONG Oxfam en julio de 2026, los Estados más ricos apenas movilizan un tercio de las cantidades prometidas.

Por tanto, esta catástrofe no tiene nada de natural.

Fue facilitada y agravada por la acción de las multinacionales, de las grandes potencias imperialistas, por la política de pago de la deuda —que no es la deuda de los pueblos— y por las decisiones que de ella se derivan, impidiendo aplicar incluso las medidas preventivas y de protección más elementales.

GEFONT, la central sindical nepalesa, tiene razón al exigir a las autoridades:

«Que se movilicen todos los recursos disponibles para salvar y proporcionar toda la ayuda y protección necesarias a los ciudadanos y trabajadores damnificados.»

Más allá de Nepal, para que fenómenos de este tipo dejen de devastar a la humanidad, es necesario que todos los recursos y todos los medios de producción —y, por tanto, todos los medios tecnológicos que permiten anticipar estos fenómenos— sean retirados de las manos de los capitalistas y puestos al servicio de toda la sociedad y bajo su control democrático.

Dominique Ferré

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