La juventud mantiene la movilización y busca la unidad con los trabajadores

Este artículo es una síntesis del número 561 de La Tribune des travailleurs, semanario del Partido de los Trabajadores de Francia, en el que actúan nuestros camaradas de la Organización de los Comunistas Internacionalistas (OCI), sección francesa de la IV Internacional. A partir de sus reportajes, entrevistas y análisis, presentamos una actualización del movimiento estudiantil y juvenil francés y de las perspectivas que plantea su creciente convergencia con los trabajadores.
Un movimiento que no se apaga

A mediados de octubre, el movimiento estudiantil francés no se ha apagado. Dos semanas después de iniciadas las protestas en los liceos, cientos de miles de jóvenes volvieron a movilizarse el 13 de octubre en más de 350 ciudades. El gobierno habla de una “disminución” del movimiento; La Tribune des travailleurs sostiene exactamente lo contrario: pese a la represión, las maniobras de división y las promesas oficiales, los estudiantes continúan organizándose y amplían sus vínculos con universitarios, docentes y trabajadores.
Para un lector fuera de Francia, conviene aclarar que el núcleo del movimiento está en los Liceos (lycées), equivalentes aproximadamente a la educación media superior. Sus reivindicaciones son concretas: profesores suficientes, sustitución efectiva de docentes ausentes, grupos menos saturados, edificios en condiciones dignas, mejores comedores, servicios sanitarios y sociales adecuados y más plazas universitarias. A ello se suma el rechazo a Parcoursup la plataforma estatal que organiza buena parte del acceso a la educación superior y que muchos jóvenes consideran un mecanismo de selección y competencia.
La novedad de los últimos días es que la protesta ya no aparece solamente como una movilización de estudiantes de bachillerato. En distintas universidades se han celebrado asambleas, bloqueos y manifestaciones de apoyo. Incluso la École du Louvre, una institución fundada en 1882, fue bloqueada por primera vez en su historia el 9 de octubre. Sus estudiantes relacionaron sus propias demandas presupuestarias con la defensa de los jóvenes movilizados y plantearon explícitamente la unidad de estudiantes de secundaria, universitarios y trabajadores.

El gobierno anuncia soluciones, pero mantiene los recortes
El ministro de Educación, Édouard Geffray, aseguró el 13 de octubre que el movimiento estaba entrando en una fase de “descenso” y presentó como respuesta la incorporación de profesores sustitutos.
Sin embargo, La Tribune des travailleurs cuestiona duramente ese anuncio.
El gobierno afirmó que movilizaría 3,000 docentes sustitutos hacia más de 500 liceos considerados especialmente problemáticos. Pero los sindicatos de inspectores señalan que no existe una reserva oculta de miles de profesores disponibles y denuncian que durante años los sucesivos gobiernos han reducido deliberadamente el número de sustitutos por razones presupuestarias.
El periódico destaca además una contradicción: mientras el gobierno promete resolver las ausencias, su proyecto presupuestario para 2027 contempla la eliminación de alrededor de 1,590 puestos docentes, incluidos más de 800 en educación secundaria.
Para La Tribune, este contraste muestra que el problema no puede reducirse a una mala organización administrativa. Se trataría de una política más profunda de austeridad que afecta a la educación pública y que forma parte de un proyecto presupuestario de 54 mil millones de euros en recortes.

El periódico relaciona directamente esta política con el incremento del gasto militar. Esa interpretación atraviesa buena parte de su cobertura: los estudiantes no se movilizan simplemente porque falten profesores, sino porque comienzan a cuestionar qué prioridades presupuestarias decide el Estado.
Un estudiante de Bagnolet lo resumía así: saben que recursos existen, pero consideran que “el Estado hace elecciones”: aumenta el gasto en armamento mientras disminuyen los presupuestos escolares.
Una movilización que se organiza desde abajo
Otro aspecto destacado por el periódico es la forma de organización del movimiento.
Muchos estudiantes utilizan grupos de Instagram, WhatsApp y Signal para organizar bloqueos, asambleas y manifestaciones. En algunos liceos no existe una dirección formal: los propios jóvenes coordinan horarios, distribuyen tareas y toman decisiones colectivamente.
Una estudiante del liceo Voltaire de París lo expresó de manera particularmente clara: “Todo el mundo organiza, todo el mundo dirige.”
Esa autoorganización explica, en parte, por qué resulta difícil que una organización concreta monopolice el movimiento.
Pero también genera problemas. La Tribune des travailleurs describe disputas entre organizaciones juveniles y estudiantiles, convocatorias diferentes y asambleas que terminan fragmentándose en varios recorridos de manifestación.
En París, por ejemplo, distintas organizaciones convocaron salidas separadas para el 13 de octubre. En la Universidad Paris Cité llegaron a celebrarse simultáneamente una asamblea estudiantil y otra del personal, separadas físicamente por apenas veinte metros. Después surgió el problema adicional de dos recorridos diferentes de manifestación.

Para el periódico, este problema no es secundario. Su análisis sostiene que el principal peligro para el movimiento ya no sería solamente la represión gubernamental, sino también la división de una movilización cuya fuerza reside precisamente en la posibilidad de unir a estudiantes, docentes y trabajadores.
Una represión de una magnitud excepcional
La continuidad de las protestas también debe entenderse en relación con la respuesta policial.
Según las cifras recogidas por La Tribune des travailleurs, más de 6,800 personas habían sido puestas bajo custodia policial y más de 215 estudiantes de secundaria habían resultado heridos durante las primeras semanas del movimiento. La Inspección General de la Policía Nacional había abierto 24 investigaciones.

En otra entrevista publicada por el periódico, el abogado Lionel Crusoë, miembro del Sindicato de Abogados de Francia, señala que 86 % de las personas detenidas eran menores de edad. También afirma que el número de detenciones preventivas era extraordinariamente elevado para una movilización juvenil y cuestiona que muchas de ellas hayan desembocado realmente en procesos judiciales.
Los casos más graves han marcado profundamente al movimiento: un adolescente perdió una mano tras el impacto de una granada policial, otro perdió el uso de un ojo y un joven de 14 años sufrió una fractura de mandíbula.
A esto se suma un proyecto legislativo que pretende ampliar la responsabilidad económica de quienes participan en manifestaciones donde se produzcan daños, incluso cuando una persona no haya cometido directamente esos actos. Los críticos consideran que una medida así podría tener un efecto disuasorio sobre el derecho a manifestarse.
El movimiento llega a las universidades
El salto hacia la universidad es probablemente uno de los acontecimientos más relevantes desde la última semana.
En Estrasburgo, una asamblea reunió cerca de 500 estudiantes, algo que no se veía desde 2023. Allí aparecieron reivindicaciones propias del mundo universitario: edificios deteriorados, problemas de acceso a maestrías, cuotas más elevadas para estudiantes extranjeros, falta de becas doctorales, dificultades de acceso a atención psicológica y falta de financiación para las comidas universitarias de un euro.
Estas demandas muestran que el conflicto puede encontrar un terreno común entre jóvenes de secundaria y universitarios.
No obstante, La Tribune también critica ciertas dinámicas de esas asambleas. Considera que algunas organizaciones intentan sustituir las reivindicaciones concretas por “acciones” decididas desde arriba o disputar el control político del movimiento. Su insistencia es que el mandato debe seguir siendo el conjunto de reivindicaciones formuladas por los propios estudiantes.
Esta cuestión es central en su análisis: no basta con multiplicar bloqueos o convocatorias; lo decisivo es construir una movilización unificada alrededor de objetivos compartidos.
¿Por qué el periódico insiste tanto en la unidad con los trabajadores?
Aquí aparece el corazón político de la interpretación de La Tribune des travailleurs.
El periódico considera que las demandas estudiantiles no podrán satisfacerse plenamente dentro de los límites del presupuesto gubernamental. Más profesores, mejores edificios, más plazas universitarias y mejores servicios públicos requieren recursos que chocan frontalmente con los recortes previstos.
Por ello plantea que la juventud por sí sola puede iniciar una crisis política, pero que para imponer un cambio profundo necesita confluir con la fuerza organizada de los trabajadores.
En distintos departamentos franceses ya se observan señales de esa convergencia. Secciones sindicales de docentes, empleados públicos y otras organizaciones han llamado a movilizarse junto con la juventud. Algunas convocatorias plantean explícitamente reuniones en centros de trabajo y la posibilidad de recurrir a la huelga.

El editorial del periódico recupera en este punto la experiencia de mayo de 1968, pero con una advertencia importante: 2026 no es 1968.
La comparación que le interesa no es estética ni generacional. No se trata de repetir consignas o símbolos de hace casi sesenta años. La lección que reivindica es otra: en 1968, la movilización estudiantil terminó confluyendo con una huelga de millones de trabajadores.
Por eso la pregunta de portada del número 561 es: “¿Qué falta para hacer retroceder al gobierno?”
Y la respuesta editorial aparece de manera igualmente clara: la unidad efectiva entre estudiantes de secundaria, universitarios y trabajadores en una movilización común capaz de imponer sus reivindicaciones.
Una situación que merece atención internacional
Para quienes observan Francia desde América Latina u otros países, sería un error reducir este movimiento a una peculiaridad francesa.
Las reivindicaciones tienen equivalentes reconocibles en muchos lugares: escuelas sin suficientes profesores, infraestructura deteriorada, estudiantes obligados a competir por lugares universitarios, jóvenes que enfrentan precariedad económica y gobiernos que justifican recortes sociales mientras incrementan otros gastos.
También resulta significativa la rapidez con que una protesta nacida en los liceos comenzó a encontrar eco entre universitarios y trabajadores.
Todavía no está decidido hasta dónde llegará esa convergencia. Eso mismo hace que la situación francesa merezca atención.
La Tribune des travailleurs no presenta el movimiento como una explosión espontánea destinada inevitablemente a crecer. Por el contrario, identifica obstáculos concretos: la represión del Estado, las maniobras gubernamentales, la fragmentación de las convocatorias y las disputas entre organizaciones.
Pero también identifica una posibilidad: que la juventud mantenga sus propias reivindicaciones y encuentre un terreno común con los trabajadores organizados.
A dos semanas del comienzo de la movilización, esa cuestión está abierta.
Los jóvenes siguen bloqueando escuelas. Las universidades comienzan a movilizarse. Sectores sindicales buscan acercarse al movimiento. El gobierno intenta responder con anuncios parciales y represión.
Y detrás de todos estos acontecimientos permanece la pregunta que formula el periódico francés:
¿Puede la unidad de estudiantes y trabajadores transformar una movilización educativa en una fuerza capaz de hacer retroceder al gobierno?
Ese es, para La Tribune des travailleurs, el verdadero significado político de lo que está ocurriendo hoy en Francia.
Nota de la redacción
Esta síntesis retoma los principales elementos publicados en La Tribune des travailleurs n.º 561, del 14 de octubre de 2026. El semanario expresa la orientación del Partido de los Trabajadores de Francia y recoge ampliamente la intervención de militantes de la Organización de los Comunistas Internacionalistas (OCI), sección francesa de la IV Internacional, en las movilizaciones juveniles y obreras.

