Acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Rusia — Los trabajadores principales víctimas de Trump Putin y Zelensky

Caricatura del dibujante eslovaco Marian Kamensky.

El 14 de octubre, los bombardeos rusos en Ucrania causaron tres muertos y dejaron sin electricidad a 600 000 ucranianos. A diferencia de lo habitual, los servicios de inteligencia estadounidenses no avisaron a sus homólogos ucranianos. «Los estadounidenses retienen información cuando quieren ejercer presión», indica Le Monde el 15 de octubre.

Cinco días antes, Trump había cerrado un acuerdo con Putin para importar 4,8 millones de toneladas de diésel ruso al mercado estadounidense. En vísperas de las elecciones de noviembre, Trump intenta hacer creer al descontento pueblo estadounidense que así bajará el precio de la gasolina.

Para asegurar su acuerdo con Putin, Trump exigió que los drones ucranianos dejaran de destruir las refinerías de petróleo rusas. Pero Zelensky siguió bombardeándolas… Furioso, ¡Trump exige «un nuevo presidente» para Ucrania! El 16 de octubre acusa a Zelensky «de disparar los precios mundiales del petróleo».

No es la primera vez que Trump exige a Zelensky que se someta a los intereses superiores de Washington. Esta vez, esos intereses consisten en hacer creer al electorado estadounidense que su presidente se preocupa por su poder adquisitivo.

Entre los gobiernos europeos, el acuerdo con Putin provoca gritos de indignación: «Qué escándalo, Trump pacta con los rusos», se murmura en Berlín, Londres y París. Hipocresía total: «Pese a la guerra en Ucrania, Europa nunca ha dejado de comprar gas y petróleo rusos», recuerda La Tribune el 14 de octubre, que habla de compras por 320 000 millones de dólares.

Lo que en realidad pone en dificultades a los gobiernos europeos es que Trump hace recaer todavía más sobre ellos el costo de la guerra imperialista. Zelensky no tardó en exigir, el 16 de octubre, a los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea: «Necesitamos al menos 70 000 millones de euros más de su parte». Tendrán que exprimir aún más a su propia clase obrera para financiar los envíos de armas a Ucrania, en beneficio de la industria armamentística. Y se anuncia que miles de militares británicos, franceses, alemanes y polacos se entrenarán en noviembre en Polonia para un despliegue en Ucrania en una hipotética posguerra.

Por su parte, Zelensky tendrá que intensificar aún más la movilización forzosa contra su propio pueblo. Los medios serviles ya ni siquiera lo ocultan, como France 24, que el 15 de octubre habla de «hombres llevados por la fuerza, en plena calle, y enviados a combatir al frente ucraniano».

En cuanto al Kremlin, intenta vender el acuerdo como una victoria a una opinión pública cansada de la guerra. Pero, según un especialista de los «mercados»: «Detrás del golpe político (…), Rusia no tiene ni las capacidades ni los mercados para regresar con fuerza» (L’Express, 16 de octubre).

Una vez más, los trabajadores —de Ucrania y Rusia, de Europa y Estados Unidos— son las principales víctimas de esta guerra capitalista que enfrenta a la OTAN y al régimen de los oligarcas rusos.

Dominique Ferré

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