CUBA/ Tras la muerte de Fidel Castro

Texto extraído de la Revista La Internacional n° 5

Un primer balance del “castrismo” (1)

Entre hagiografías (*), lamentaciones hipócritas e invectivas de odio, los comentarios que han florecido en cuanto se anunció el fallecimiento de Fidel Castro, comparten el mismo desprecio, la misma oposición visceral a la revolución.

YA QUE DE LO QUE SE TRATA ES DE UNA REVOLUCIÓN, de una revolución que derribó en Cuba a fines de diciembre de 1958 y principios de 1959 el régimen corrupto del dictador Fulgencio Batista (2). Régimen que había hecho de Cuba, con el consentimiento de los sucesivos gobiernos norteamericanos, una tierra de juego y de prostitución para norteamericanos afortunados, una colonia norteamericana saqueada por las multinacionales

Sin embargo, esta revolución democrática y antiimperialista que llevó al poder al “Movimiento del 26 de julio” (M-26) (3) no puede ser reducida a las imágenes románticas de la entrada en La Habana -el 9 de enero de 1959- de las unidades de la guerrilla castrista. La Habana y todas las otras grandes ciudades del país en las que el “M-26” hace una entrada triunfal, estaban paralizadas desde hacía ya varios días por una potente huelga general, un sublevamiento de la clase obrera cubana que va a dejar sus huellas en la revolución que hace caer en pocos días el régimen dictatorial de Batista. Y cuyo desarrollo confirmará la teoría de la “revolución permanente”: hoy en día, solo el proletariado puede realizar las tareas democráticas y nacionales abandonadas por la burguesía, por medio de la realización de la unidad de la clase obrera, del campesinado y de las masas laboriosas que constituyen la nación. Y es contra este acto de nacimiento –que reúne en un solo y mismo sublevamiento revolucionario las reivindicaciones democráticas burguesas y las reivindicaciones propias a la clase obrera– contra el que el imperialismo y la burocracia de Moscú no han cesado de ensañarse.

1959: las masas revolucionarias hacen caer la dictadura pro-norteamericana de Batista

 Volvamos tres años atrás, en 1956. El 2 de diciembre, Castro –exiliado tras el fracaso del ataque al cuartel de la Moncada– intenta volver clandestinamente a Cuba a la cabeza de una pequeña tropa de 82 exiliados, entre los cuales se encuentran el Che Guevara y algunos de los escapados de la Moncada.

 

En el momento de desembarcar en una playa de la costa oriental de la isla, el ejército de Batista los esperaba. Es una verdadera matanza. Solamente una decena salen vivos de ella, y consiguen, con la ayuda de los campesinos, encontrar refugio en la Sierra Maestra que se convertirá en el “foco” central de la guerrilla castrista.

Durante el año 1957, ese puñado de jóvenes combatientes multiplica los golpes de mano contra un ejército cada vez más desmoralizado, que no consigue apagar el foco de resistencia. Reflejo de la sociedad de la que es considerado ser el “brazo armado”, el ejército de Batista presenta en realidad todos sus síntomas de descomposición y de corrupción.

El 9 de abril de 1958, en respuesta al asesinato en Santiago de uno de sus dirigentes, Franco País, el “M-26” llama a la huelga general. Sin verdadera preparación por parte de la dirección castrista, boicoteada por el aparato del Partido Comunista Cubano que dirige la CTC (Central de los Trabajadores Cubanos), la huelga general fracasa. Pero elrégimen sigue descomponiéndose.

Pierde progresivamente todos sus apoyos. Los Estados Unidos dejan de librarle armas, y la agencia del buró del Kremlin, que le ha sostenido hasta ese momento, anuncia de pronto que desea una negociación entre el poder instalado y Fidel Castro.

En la Habana, paralizada por una nueva huelga general, los trabajadores, que han sumergido esta vez a las direcciones de sus organizaciones, dan un giro claramente más proletario al movimiento en curso. En varios lugares, los trabajadores empiezan a ocupar las empresas, su administración… Los campesinos hacen lo mismo con las tierras de que se han acaparado los grandes terratenientes, los estudiantes ocupan la universidad.

Y empieza la caza a los agentes de la policía política, a los matones de Batista, a los perros guardianes de los prostíbulos y de los casinos, a los corruptos y a los soplones.

El 31 de diciembre de 1958, cuando se opera en La Habana la unión entre la huelga general y la ofensiva guerrillera, Batista, privado del apoyo de Washington, huye a la República Dominicana, y más tarde a la España de Franco.

Uno de sus brazos derechos, el general Cantillo, intenta entonces un golpe de Estado militar para impedir el derrumbamiento del régimen. Por su lado, sobre las ondas de Radio Rebelde, Fidel Castro llama a los trabajadores de las zonas no liberadas a unirse a la huelga general. Millones de trabajadores, de campesinos y de jóvenes responden a este llamamiento.

Y en entonces cuando todo el régimen se hunde.

 El programa del “M-26”: Un programa democrático y antiimperialista

El programa del “M-26”, que entra triunfalmente en La Habana el 9 de enero de 1959, es un programa democrático y antiimperialista. En esta época, Castro se define a sí mismo como un adepto de Lincoln, y preconiza la cooperación entre el capital y el trabajo. En marzo de 1959, Castro afirma en el US News and World Report que no tiene intención de hacer ninguna nacionalización. En abril, declara en una conferencia de prensa: “He dicho de manera clara y definitiva que no somos comunistas. Las puertas están abiertas a la inversión privada.

El gobierno norteamericano, que hasta entonces había sostenido y apoyado la brutalidad con similitudes fascistas del régimen de Batista, no está lejos de ver en Castro una alternativa en el fondo aceptable, frente a la potente alza del sublevamiento de las masas que amenaza los fundamentos del sistema de la propiedad privada de los medios de producción en crisis. No solamente en Cuba, sino en todo el continente americano, “patio trasero”, coto reservado del imperialismo norteamericano. Pero el formidable empuje de las masas generado por la caída del régimen infamante, impone a Castro y al M-26 tomar medidas que van a ir más lejos que su programa.

7 de enero de 1959: promulgación de la Ley fundamental de la República, que establece los fundamentos del nuevo Estado.

 13 de febrero de 1959, se establece un gobierno, que en esta etapa puede ser calificado de gobierno obrero y campesino (4). Fidel Castro es Primer ministro. Anuncia, entre las reformas que se harán, las de la salud y de la educación nacional que hacen de Cuba, todavía hoy, el país de América Latina que dispone del mejor sistema de salud y de educación. Por el momento, procede a la nacionalización de los transportes y a un descenso autoritario de los alquileres.

 17 de mayo de 1959: Se promulga una primera reforma agraria. No tiene nada de “socialista”. Fija a las explotaciones una superficie mínima de 27 hectáreas y máxima de 402 hectáreas. Se trata de acabar con los grandes latifundios. La propiedad privada de la tierra no es abolida. Los grandes propietarios son indemnizados por el Estado por las tierras que les son confiscadas.

Pero incluso así, esa reforma agraria es inaceptable para los grandes propietarios cubanos y las compañías norteamericanas que monopolizaban hasta entonces la casi totalidad de las tierras cultivadas.

El 26 de julio de 1959, más de un millón de campesinos y de obreros agrícolas se manifiestan en La Habana para apoyar la reforma que ellos piensan que significa: explotación de todas las tierras que pertenecen a los grandes terratenientes.

Pero al mismo tiempo, a la estupefacción general, Castro impone como “presidente interino” a Manuel Urrutia, jurista conservador, un hombre de los círculos de Batista. Ese gobierno de inspiración derechista es reconocido en seguida por los Estados Unidos.

Urrutia se sirve inmediatamente de su nominación para llamar a la convocatoria de nuevas elecciones. Castro se opone a ello, declarando que volver a nuevas elecciones significaría el retorno a los partidos políticos corruptos y a los votos fraudulentos de la era de Batista.

Una violenta oposición levanta, una contra otra, las dos instancias del gobierno. De ello se desprende una situación peligrosa para la revolución. Comprendiendo instintivamente la magnitud de los peligros que les amenazan, miles y miles de trabajadores, de jóvenes, de campesinos se reúnen de nuevo ante el palacio presidencial, exigiendo la dimisión del jefe del Estado y declarando su apoyo a Castro. Viéndose aislado, Urrutia presenta su dimisión.

Una vez más, es la movilización de las masas la que salva la revolución.

El prestigio de Castro y del “M-26”, a los que no se puede negar su carácter revolucionario, ni eludir sus límites pequeñoburgueses, están entonces en su apogeo entre las masas. La repercusión no solamente en Cuba, sino también en el mundo entero es enorme.

Para el imperialismo, al contrario, la presencia de ese foco revolucionario a unas cuantas millas de sus fronteras marítimas no puede ser tolerada.

Agosto de 1960: En represalia contra las medidas cada vez más agresivas del gobierno norteamericano, y bajo la presión ejercida por las masas, el gobierno cubano decreta la expropiación y la nacionalización de todas las empresas extranjeras presentes en la isla. La de los bancos seguirá en septiembre.

El 15 de septiembre, se franquea una etapa nueva en la marcha a la socialización. El gobierno cubano decide, además de la nacionalización de los bancos, la de la industria del tabaco. Y el 13 de octubre la ley hace pasar todas las grandes firmas cubanas bajo control del Estado. Sobre todo, las empresas azucareras, que son reemplazadas por cooperativas.

Octubre de 1960: Por su lado, los candidatos a la presidencia John Fitzgerald Kennedy y a la vicepresidencia Richard Nixon multiplican las querellas contra Cuba durante la campaña presidencial norteamericana y, el 19 de octubre, el departamento de Estado decide el embargo general de las exportaciones a la isla.

3 de enero de 1961: el gobierno norteamericano rompe las relaciones diplomáticas con Cuba. John Kennedy, en ese momento elegido presidente frente al candidato republicano Eisenhower, prosigue en esta línea.

1961: la tentativa de invasión llamada “bahía de Cochinos”

En este contexto estalla el acontecimiento que ha sido llamado de la “bahía de Cochinos”: el desembarque de mercenarios exilados cubanos, dirigido por la CIA, con el objetivo de derribar al gobierno castrista.

En réplica a las medidas, por lo tanto modestas, tomadas por el gobierno cubano y bajo la presión de la United Fruit Co, empresa platanera que hace parte de las sociedades nacionalizadas, el gobierno norteamericano impone restricciones comerciales, y por fin el embargo total de la isla a partir de 1960. Todos los intercambios comerciales entre Cuba y los Estados Unidos están prohibidos.

En agosto de 1960, la CIA contacta en Chicago al brazo norteamericano de la mafia, Cosa Nostra, para proponerle un proyecto de asesinato simultáneo de Fidel Castro, de Raúl Castro y del Che Guevara. A cambio de ello, si la operación tiene éxito y un gobierno pronorteamericano retoma el control de Cuba, Washington se compromete a atribuirles “el monopolio del juego, de la prostitución y de la droga”.

En la mañana de 15 de abril de 1961, violando los convenios internacionales, seis bombarderos norteamericanos B26, pintados con los colores de la aviación cubana para hacer creer que se trata de una rebelión interna y no de un ataque imperialista, bombardean simultáneamente los aeródromos de La Habana y de Santiago en el sur. La mayor parte de los aparatos del ejército cubano, y muchos aviones civiles, son destruidos en el suelo.

El 16 de abril, en el entierro de las víctimas de esta operación criminal, Fidel Castro declara por primera vez: “Lo que los imperialistas no pueden perdonarnos, es haber hecho triunfar una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos.

Al día siguiente, 17 de abril, unos 1400 emigrados cubanos entrenados y armados por la CIA, con el acuerdo del nuevo presidente norteamericano Kennedy, desembarcan en las playas de la bahía de Cochinos, mientras que en alta mar se cruzan navíos de guerra norteamericanos destinados a consolidar esta posición.

La operación tiene por objetivo tomar el control de una porción del territorio para establecer en él un “gobierno provisional”, probablemente dirigido por Miró Cardona, ex Primer ministro de Batista. Gobierno que habría sido reconocido inmediatamente por los Estados Unidos y que habría reclamado, y obtenido, una intervención militar norteamericana.

Es entonces cuando Castro y Guevara desencadenan un ataque violento contra el trotskismo y los trotskistas en Cuba

En La Vérité nº 522 de agosto de 1961 (5), bajo el título “Revolución cubana, primera etapa”, F. Rodríguez recuerda en las líneas siguientes, que en agosto de 1960, “en el congreso del PSP (el Partido Socialista Popular, nombre del PC Cubano en esta época), el secretario general Blas Roca consagra una parte importante de su informe, en la parte consagrada a “los enemigos de la revolución cubana”, a los trotskistas, presentados como provocadores y espías de Hitler, y también del imperialismo americano. Blas Roca les engloba con los “titistas” y los “anarco-sindicalistas”, entre todos los agentes imperialistas encargados de atacar la revolución a partir de posiciones izquierdistas (…). El periódico trotskista está prohibido. El 13 de agosto, Guevara declara al periódico chileno Ultima Hora que esta prohibición, medida puramente administrativa, se justifica por el hecho de que “no era prudente dejar al trotskismo continuar a llamar a la subversión”. Explica después que “el trotskismo ha nacido en Guantánamo”, cerca de la célebre base americana, y que esta proximidad geográfica, justifica ampliamente la medida. En cuatro meses, Guevara ha pasado de la polémica a la calumnia con respecto a los trotskistas. La única diferencia con Blas Roca: no afirma, insinúa, y no habla de Hitler”.

 No es casualidad si estos ataques contra el trotskismo se desencadenan justo después del fallido desembarco de bahía de Cochinos, que ha sublevado a las masas y ha dado una nueva y formidable impulsión a la revolución.

En el marco de la “coexistencia pacífica” que desde Yalta, al final de la guerra, regula políticamente las relaciones entre el imperialismo y la burocracia del Kremlin, en 1959-1962 Cuba debía permanecer bajo el talón de hierro de Washington, así como Polonia y Hungría debían permanecer en 1956 bajo el talón de hierro de Moscú.

A partir de ahí, no hay nada más urgente para el aparato estalinista en Cuba que intentar con todas sus fuerzas hacer retroceder la revolución en curso, hacer retroceder a las masas, restablecer un aparato de Estado burgués. A partir de ese momento, hay que desacreditar, calumniar, aplastar cualquier organización que se sitúe sobre el terreno del trotskismo.

El antitrotskismo es el combate contra la revolución proletaria. Los especialistas en la materia son incontestablemente los estalinistas.

Pero al mismo tiempo, como expresión de la naturaleza inestable pequeñoburguesa de los dirigentes del M-26, en un discurso pronunciado el 26 de marzo de 1962, Fidel Castro se libra a una diatriba violenta contra el estalinista Escalante, encargado de organizar el partido único: “Escalante ha convertido el aparto del partido en un nido de privilegios, de tolerancias, de favores de todas clases…”

 Desde luego, Escalante fue inmediatamente revocado. Pero tras él estaba el Kremlin y los miles y miles de “especialistas” militares y civiles de todo tipo, que venían de la URSS. El asunto de los misiles de la URSS instalados en Cuba, iba a revelar rápidamente todas las contradicciones que contenía la situación.

Enfrentados a tales circunstancias que amenazan su propia existencia, Castro y el gobierno que él preside, están obligados a avanzar aún más sobre el camino de la ruptura con el imperialismo.

Llaman a formar en todas las ciudades, los barrios, las fábricas, los talleres, las oficinas, en el campo, “comités de defensa de la revolución” (CDR) y al armamento de esos comités, que son la base de la defensa revolucionaria de la soberanía del pueblo cubano.

Los exiliados cubanos, que han desembarcado en una región agrícola cuyos habitantes han gozado de las distribuciones de tierras operadas por el gobierno, no reciben el apoyo esperado. La intervención de los CDR y del ejército regular de la nueva República aniquilan a los invasores, cuyos últimos elementos se rinden el 19 de abril.

Una vez más, las masas obreras y campesinas, la juventud de Cuba, han empujado la revolución más lejos de lo que estaba previsto, infligiendo una profunda derrota al imperialismo norteamericano.

La burocracia estalinista de la URSS corre entonces en su ayuda. Es el asunto dicho “de los misiles” (1962). Perfecta ilustración de lo que significa la política de “coexistencia pacífica”: un acuerdo contrarrevolucionario entre el imperialismo norteamericano y la burocracia del Kremlin.

 Octubre de 1962: ¿Quién saca provecho de la “crisis de los misiles”?

La crisis de los misiles de Cuba es una sucesión de acontecimientos sobrevenidos entre el 14 y el 28 de octubre de 1962.

El 14 de octubre de 1962, un avión espía norteamericano U-2 revela que la URSS está instalando misiles a cabeza nuclear SS-4 en Cuba. También se descubren rampas de lanzamiento, misiles, bombarderos, proyectiles y consejeros soviéticos. Mientras que 26 navíos rusos que transportan ojivas nucleares (operacionales en diez días) se dirigen hacia Cuba.

El presidente norteamericano John F. Kennedy convoca el Consejo de Seguridad Nacional y preconiza una acción militar directa. Mientras, todas las informaciones serias mostraban que en realidad la URSS sólo disponía de algunos misiles nucleares estratégicos y que su fiabilidad era dudosa (6).

Empieza entonces un escenario digno de una película de ciencia ficción. Hora por hora, se instala la dramaturgia de la marcha a la guerra nuclear. La prensa, la radio y la televisión siguen el avance de los submarinos rusos hacia la línea roja trazada por Kennedy que marca el límite a partir del que la marina norteamericana desencadenará el tiro nuclear.

Tras quince días de folletín angustioso, el 27 de octubre, Kruschev da a entender que está dispuesto a negociar. El 28, da la orden sobre Radio Moscú, de desmantelar los emplazamientos de misiles. El 29, la URSS hace sonar el gong del fin de la partida y hace retirar sus navíos, prometiendo retirar todas sus instalaciones.

El “compromiso” pasado sería que los Estados Unidos se comprometían sobre el papel a no atacar Cuba. Evidentemente no ocurrió nada de eso. Con mil y uno artificios, el imperialismo norteamericano no ha cesado de ejercer un boicot criminal en contra del pueblo cubano, condenándole a morir poco a poco.

El pueblo cubano no habrá sido consultado en ningún momento sobre este asunto, montado a sus espaldas, viéndose así negar toda soberanía.

Y en realidad este era el objetivo de toda la operación: a falta de poder aplastar una revolución que las masas empujaban sin parar hacia delante, se trataba de situar a Cuba bajo la férula de la burocracia de Kremlin y de su agencia cubana.

El 26 de marzo de 1962, con el acuerdo de Castro y de todos los dirigentes castristas, la Organización revolucionaria integrada (ORI), creada recientemente tras la fusión del Movimiento del 26 de julio de Fidel Castro y del Partido Socialista Popular (nombre del PC cubano en esta época), se convierte en el Partido Unificado de la Revolución Socialista Cubana (PURSC), para acabar siendo, el 3 de octubre de 1965, el Partido Comunista de Cuba (PCC).

A partir de ese momento, es el único partido político legal en Cuba. Los candidatos a las elecciones están autorizados a presentarse ante una comisión, de la que la mayor parte son miembros del PCC, o “compañeros de ruta”.

En el artículo ya citado, titulado “Revolución cubana, primera etapa”, (L Vérité nº 522), F. Rodriguez polemiza con aquellos que “han creído ver un principio de gobierno proletario en las juntas de coordinación, ejecución e inspección (JUCEI) instituidas primero en la provincia de Oriente y después en varias provincias para coordinar las actividades de las diversas autoridades, y que son generalizadas por decreto. (…) No está excluido que un poder proletario nazca a través de estos organismos, como a través de otros, como los CTA o los comités de defensa, si las masas consiguen modificar profundamente su naturaleza, imponiendo su control sobre ellos. Por el momento, son mucho más instrumentos de control ejercidos desde arriba por el gobierno castrista, para prevenir procesos no deseados.”

 Es en este momento en el que Che Guevara empieza a tomar distancias

Es en este momento en el que Che Guevara, el hijo querido de la revolución cubana, empieza a tomar distancias con el curso de los acontecimientos.

En Argel, el 24 de febrero de 1965, en homenaje a Ahmed Ben Bella, primer presidente de la Argelia independiente, pronuncia su último discurso sobre la escena internacional. Declara: “No hay fronteras en esta lucha a muerte (que opone los trabajadores y los pueblos al imperialismo). No podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo. La victoria de cualquier país contra el imperialismo es nuestra victoria, así como la derrota de un país cualquiera es nuestra derrota”.

 Dirige un ataque frontal contra la burocracia del Kremlin e indirectamente contra la burocracia del gobierno y del PC cubanos, cuando proclama: “Los países socialistas tienen el deber moral de cesar su complicidad tácita con los países explotadores del Occidente.”

 El límite de este ataque, es que Che Guevara no sitúa en ningún momento su confianza en la capacidad de la clase obrera a realizar su emancipación por medio de la lucha de clases. Y, es por lo que de nuevo, como en 1958-1959, busca substituir la guerra de guerrillas a la lucha de la clase obrera, arrastrando tras ella al campesinado y a las otras clases explotadas.

De ahí vienen las aventuras militares que lleva a cabo en el Congo, y después en Bolivia, en las que intentará, en vano, hacer renacer la epopeya “foquista” tal y como la había vivido en Cuba. Un camino solitario a cuyo término encontrará la muerte, asesinado el 8 de octubre de 1967 por los comandos del ejército boliviano, sostenidos por la CIA, lanzados a su persecución.

1986: el significado del 3° Congreso del PCC

El III Congreso del PCC en 1986 se sitúa bajo el signo de la “rectificación de las tendencias negativas”. El objetivo anunciado es “luchar contra los disfuncionamientos de la sociedad”.

En realidad, en la desastrosa situación económica en que se encuentra Cuba, agravada por el bloqueo que le inflige el imperialismo norteamericano y por la sofocante dominación que ejerce la burocracia de Moscú, las medidas que se han tomado esbozan un proceso de “apertura al mercado”.

Tras la entrada de Cuba en el COMECON (7), la industrialización es abandonada. Cuba debe seguir siendo un proveedor agrícola, ayer en provecho de los Estados Unidos, y hoy para el bloque del Este.

Este proceso de sujeción a la burocracia estalinista sobre el plan económico se acompaña de una renuncia a cualquier proselitismo, incluso si este era desde hacía ya tiempo puramente decorativo.

Al contrario, Castro multiplica las manifestaciones de un alineamiento creciente a la burocracia de Moscú: en 1968, apoya espectacularmente la invasión de Checoslovaquia. En 1981, condena el combate de los trabajadores y de los jóvenes polacos para liberarse de la opresión de la burocracia rusa. En 1989, apoya la matanza de la plaza Tiananmen perpetrada por la burocracia china.

En Cuba, la política de apertura al capital norteamericano se acelera tras la caída de la URSS.

En Cuba, el proceso de apertura consumada de la economía cubana al capital norteamericano, emprendido primero prudentemente bajo Castro, y después de manera cada vez más abierta, se acelera tras la caída de la URSS. Y aún más bajo el gobierno presidido por Raúl Castro, después de que Fidel Castro se retirara, oficialmente por razones de salud, de todas sus funciones en el seno del aparato de Estado y del PC cubanos.

Un artículo de Alan Benjamin en La Vérité de marzo 2015, señalaba a ese propósito:

Un documento oficial de la Casa Blanca destinado a “definir una orientación nueva en relación con Cuba” reconocía que “los decenios de política de aislamiento de Cuba que han hecho los Estados Unidos han fracasado”. En lo que refiere a Cuba misma, la declaración de la Casa Blanca dice con claridad que la destrucción de los sectores nacionalizados de los servicios públicos de Estado en Cuba es uno de los objetivos clave de los Estados Unidos: “Para los norteamericanos, los cambios de orientación facilitarán la posibilidad de ofrecer formaciones patronales a los jefes de empresas privadas cubanos y a los pequeños granjeros, y de aportar otras ayudas para favorecer el crecimiento del sector privado naciente de Cuba.

Se estudiarán posibilidades suplementarias    de favorecer el         crecimiento del empresariado y del sector privado en Cuba.”

“El documento de la Casa Blanca revela igualmente que, bajo la dirección de Raúl Castro, Cuba ha iniciado ciertas ‘reformas económicas’ que han producido efectos positivos. Es una referencia al despido anunciado por el gobierno cubano en septiembre de 2010, de 137 000 funcionarios (así como a la suspensión parcial de las restricciones impuestas a las empresas privadas) y a la ley sobre las inversiones extranjeras adoptada por la Asamblea nacional de Cuba el 29 de marzo de 2014.

 La ley sobre las inversiones extranjeras da la posibilidad a inversores extranjeros de poseer 100% de las empresas

-sin ninguna restricción para repatriar los beneficios- en la mayoría de los sectores económicos de Cuba, así como exoneraciones importantes de impuestos para los nuevos inversores.

 Antes, mientras y después de 1959, el partido estalinista nunca ha dejado de ser el instrumento de la contrarrevolución en Cuba

 El Partido Comunista Cubano actual (PCC), fundado en 1965, es el heredero de un primer Partido Comunista de Cuba, creado en 1920, llamado después Partido Socialista Popular. Su política está totalmente dictada por Moscú. Lo que se ilustró sobre todo, bajo la dictadura de Batista, de la que fue hasta el final uno de los principales soportes.

En julio de 1961, dos años después de la revolución cubana, se crea la Organización Revolucionaria Integrada (ORI), tras la fusión del Movimiento de 26 de julio de Fidel Castro, del Partido Socialista Popular (estalinista) y del Directorio Revolucionario del 13 de marzo.

El 26 de marzo de 1962, el ORI se convierte en el Partido Unificado de la Revolución Socialista Cubana (PURSC), que acaba por ser, el 3 de octubre de 1965, el Partido Comunista de Cuba (PCC). Más allá de las denominaciones sucesivas, lo que está en curso, es la burocratización y la esclerosis estalinista, la asfixia de toda discusión, a las que Che Guevara intentó manifiestamente oponerse en vano.

El III congreso del PCC, en 1986, llama a una “revolución en la revolución”. Lo que de hecho, marca un giro en un sentido aún más restauracionista, que va a acentuarse aun tras la caída de la URSS en 1991.

En el VI congreso del PCC (16 al 19 de abril de 2011), Raúl Castro, que ha sucedido a su hermano a la cabeza del Partido Comunista y del Estado cubanos, se emplea con todas sus fuerzas a consolidar ese curso.

El semanario francés Le Point, que sin duda alguna se posiciona del lado de la “contrarreforma”, subraya en estos términos lo que está puesto en juego: “El nuevo buró político del PCC cuenta 15 miembros, en lugar de 19 anteriormente, 3 de los cuales son nuevos. Entre los nuevos figura la estrella ascendente del “raúlismo”, Mario Murillo, cincuenta años, supervisor del programa de reformas económicas y sociales, que sin duda va a encarnar en lo sucesivo la esperanza de los partidarios de las reformas.

 “Con un vasto plan de reformas económicas, pero una dirección del Partido Comunista que prácticamente no ha cambiado, Cuba está desde ahora entre la espada y la pared. El camino está trazado, queda por ver si el pesado modelo estatal cubano sabrá emprender la ruta de la renovación.

 “‘Ya es tiempo de poner fin a la mentalidad de la inercia’, ha recalcado Raúl Castro cuando presentó las 313 reformas económicas adoptadas por el VI Congreso del PCC, que se ha terminado tras tres días de trabajos (…) Las aperturas, a veces espectaculares, hacia una economía de mercado retendrán la atención de los medios de comunicación; pero el éxito del plan de reformas depende sobre todo de las medidas de fondo adoptadas por el congreso”, insistía recientemente el economista cubano Pavel Vidal.

 Creación de cooperativas para crear un tejido de PME, autonomía comercial y administrativa más amplia de las empresas de Estado, nuevas disposiciones para los inversores extranjeros, adelgazar la burocracia: la lista de reformas pesadas a instaurar es larga.

 “Se tiende a hacer creer que los problemas se van a arreglar con control, previsión y disciplina. Pero, si intentamos perfeccionar lo que nunca ha funcionado desde hace decenios, vamos contra el muro”, estimaba Pavel Vidal.

(…) “Exigiré que se realice lo que he ordenado o iniciado, de acuerdo con organismos superiores”, le ha respondido indirectamente Raúl Castro, alzando el tono para denunciar “el inmovilismo y el dogmatismo” de las instituciones cubanas. Paciente y minucioso, infatigable organizador de las estructuras de decisión cubanas, el general Raúl Castro ha subrayado que las evoluciones de la economía cubana se harían “con ritmo, pero sin precipitación.”

La desaparición de Fidel Castro, indiscutiblemente baraja de las cartas.

 Pero eso no ha sido bastante para ablandar a Washington y a las empresas multinacionales. Dicen que hacen falta más “reformas”. Una reevaluación de las políticas económicas publicada por los “representantes de los inversores” Fox Rothschild LLP sobre el sitio internet Mondaq Business explica: “Mientras los inversores extranjeros no puedan contratar y despedir directamente a los trabajadores, y pagarles con una moneda convertible, la nueva ley sobre la inversión seguirá siendo demasiado vaga y llena de incertidumbre” (19 de agosto de 2014).

Carlos Alonzo Zaldiva, antiguo embajador de Cuba en España, hace una advertencia cuando dice que, si nada las para, esas “reformas” de libertad de mercado tendrán consecuencias desastrosas en un país en el que “6 de 11 millones y medio de cubanos dependen de la protección social bajo forma de jubilaciones, de servicios y de productos subvencionados, mientras que 68% del presupuesto de la nación está consagrado a los gastos sociales. Si se tiene en cuenta esta realidad, son millones de cubanos los que tienen todas las razones de temer que las nuevas aperturas al mercado vengan a disminuir, sino a liquidar completamente, esos gastos sociales. Son esos millones los que se opondrán al cambio” (El País, España, 1° de enero de 2015).

La muerte de Fidel Castro abre una fase nueva de la ofensiva que intenta liquidar todas las huellas de la revolución de 1959 en Cuba. No cabe ninguna duda que el imperialismo va a intentar ahora sacar provecho de su desaparición para intentar ir hasta el final del desmantelamiento de las conquistas de la revolución. Una política de reacción al servicio de la cual Fidel Castro habrá puesto todo su prestigio. (8)

Queda, más allá de su persona, que las concentraciones masivas que han acompañado sus obsequias atestiguan de la adhesión de los trabajadores, de la juventud, de los campesinos cubanos a la revolución de 1959, de la que fue uno de los artesanos.

(*) Historia de la vida de los santos -ndlt

  1. Esta primera contribución para hacer un balance del castrismo no pretende, evidentemente, poner punto final a un análisis del que todavía queda mucho que completar, procediendo en particular a un retorno a la raíz de los errores cometidos en la época por nuestra corriente en lo que concierne la caracterización de lo que entonces ocurría en Cuba, y las tareas que de ello se desprendían para la IV Internacional
  2. Fulgencio Batista llegó al poder en 1952 por medio de un golpe de Estado que instauró un régimen de dictadura feroz, gozando del apoyo del gobierno americano y de la burocracia del Kremlin hasta su caída, e
  3. El Movimiento del 26 de julio (M-26) fue creado por Fidel Castro en el verano de 1953, para reagrupar a los sobrevivientes del fracaso sangriento del ataque de la caserna de la Moncada, el 26 de julio de
  4. La fórmula “gobierno obrero y campesino” apareció por primera vez en el curso de la revolución rusa, en 1917. La importancia de esta denominación consistía sobre todo en que ponía en primer plano la idea de la alianza en el plano gubernamental de los trabajadores y de los campesinos.
  5. La Vérité ha sido la revista teórica de la IV Internacional hasta la crisis de 2015, momento en el que ha sido confiscada por el grupo revisionista que escindió la
  6. La mentira es tan enorme como la que, más recientemente, atribuía a Irak las famosas “armas de destrucción masiva” como pretexto a la guerra en Irak, en Siria… que ha transformado Oriente Próximo en un campo de ruinas, un caos de miseria del que las poblaciones sometidas a los bombardeos y a los atentados intentan huir, yendo a morir en el Mediterráneo.
  7. El COMECON (Consejo de Asistencia económica mutua), creado por Stalin en 1949, era presuntamente una organización de ayuda mutua económica entre diferentes países del Fue disuelto a la caída de la URSS en 1991.
  8. Dejemos a Andreu Camps este apostólico homenaje al Fidel Castro de los últimos años, en el curso de las cuales, según Andreu Camps, habría seguido siendo “en cierta medida una ‘conciencia crítica’” (Informations ouvrières nº 517). Observemos no obstante, que esta posición “pro-castrista”, que es clásicamente la de las organizaciones pablistas, no es propia a Andreu Camps sino que parece ser hoy compartida por otros dirigentes del grupo que ha escindido hace dos años la IV Internacional. Es así como se puede leer sobre el sitio Internet de O Trabalho, publicación de la sección brasileña de este grupo revisionista liquidador: “Fidel Castro pasará ciertamente para las generaciones futuras como el dirigente que se ha atrevido a desafiar al imperialismo más potente, confiando en la capacidad de las masas a hacer la revolución. Un ejemplo de lucha, a pesar de las contradicciones que han marcado su trayectoria política.” ¡Sin comentario!

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