Trotsky y el Programa de Transición

por Daniel Gluckstein agosto de 2010

De todos los textos y obras fundamentales de León Trotsky, el Programa de Transición es, sin duda, uno de los más breves. También es, al menos en apariencia, uno de los que presentan una construcción más sorprendente. Trotsky escribe al respecto: “En el curso de las discusiones precedentes, algunos camaradas han tenido la impresión de que algunas de mis propuestas o reivindicaciones eran oportunistas, y otros, que eran demasiado revolucionarias y no correspondían a la situación objetiva. Esta combinación es muy comprometedora, y por tanto querría defender brevemente esa contradicción aparente.” [1]

“El trabajo más importante de mi vida”

Supondría, sin embargo, un grave error subestimar el lugar central que la elaboración del programa ocupaba a ojos de Trotsky. Quienes se han entregado a tal minimización lo han hecho por otros motivos. En su biografía [2], Isaac Deutscher escribe: “El proyecto de programa (de transición) que escribió para la Internacional no era tanto una declaración de principios como una instrucción sobre cuestiones tácticas para un partido invitado a estar atento a las luchas sindicales y a la política cotidiana.” En la misma línea, los dirigentes del Secretariado Unificado han defendido en diferentes ocasiones que tal o cual pasaje del Programa de Transición –y en especial el consagrado a las fuerzas productivas- respondía a la coyuntura del momento y no a cuestiones programáticas. Tales alegaciones son desmentidas por adelantado por el propio Trotsky, que resume así el lugar y el significado del Programa [3]: “La tarea estratégica del próximo período -período prerrevolucionario de agitación, propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión y descorazonamiento de la vieja dirección, falta de experiencia de la joven).

Es preciso ayudar a las masas, en el proceso de sus luchas cotidianas, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera, y conduciendo invariablemente a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado.” Es evidente que eso está muy lejos de la afirmación de Deutscher sobre la supuesta invitación lanzada a la IV Internacional de limitarse a “estar atenta a las luchas sindicales y a la política cotidiana”. De lo que trata el Programa de Transición es de la cuestión del poder. Del poder y de su conquista por la clase obrera [4]. Conquista tanto más necesaria en virtud de condiciones objetivas –maduras y más que maduras para la revolución– que se enfrentan a la inmadurez del factor subjetivo, es decir, a la conciencia de la clase obrera cristalizada en la existencia de un partido capaz de representar históricamente sus intereses. Es a esta contradicción y a su solución a lo que Trotsky consagra lo esencial de su actividad durante los cinco últimos años de su vida.

En 1935, escribía en su diario del exilio [5]: “El trabajo en que estoy comprometido ahora, a pesar de su naturaleza extremadamente insuficiente y fragmentaria, es el trabajo más importante de mi vida – más importante que 1917, más importante que el período de la guerra civil o que cualquier otro. Para mayor claridad lo pondría de esta manera. Si no hubiera estado presente en 1917 en Petersburgo, la revolución de octubre todavía habría ocurrido – a condición de que Lenin estuviera presente y en la dirección. Si ninguno de los dos, Lenin y yo, hubiera estado presente en Petersburgo, no habría habido revolución de octubre: la dirección del partido Bolchevique habría impedido que ocurriera (…) Pero, repito, garantizada la presencia de Lenin, la revolución de octubre habría sido victoriosa de todos modos. Lo mismo se podría decir de la guerra civil (…) Así que no puedo hablar de la “indispensabilidad” de mi trabajo, incluso durante el período comprendido entre 1917 ya 1921. Pero ahora mi trabajo es “indispensable” en el completo sentido de la palabra. No hay ninguna vanidad en esta declaración en absoluto. El colapso de las dos Internacionales ha planteado un problema que ninguno de los líderes de estas Internacionales están en absoluto capacitados para solucionar. Las vicisitudes de mi destino personal me han enfrentado con este problema y me han armado con una experiencia importante para enfrentarlo. Ahora no hay nadie excepto yo para realizar la misión de armar una nueva generación con el método revolucionario por encima de las cabezas de los líderes de la Segunda y Tercera Internacional. Y estoy totalmente de acuerdo con Lenin (o más bien con Turguéniev) en que el mayor defecto es tener más de cincuenta y cinco años. Me harán falta aún al menos cinco años de trabajo ininterrumpido para asegurar la transmisión de la herencia.

“Dotar de un método revolucionario a la nueva generación”

Cinco años separan a esas líneas del asesinato de León Trotsky, el 20 de agosto de 1940. Cinco años durante los cuales, con el fin de “dotar de un método revolucionario a la nueva generación”, Trotsky va a dedicar lo esencial de su actividad a establecer las bases de la IV Internacional, cuya conferencia de fundación se desarrollará finalmente en septiembre de 1938 en Périgny sur Yerres (en la región parisiense). Será en relación con la preparación de esta conferencia cuando elaborará el Programa de Transición (con el subtítulo de “la agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional”) por medio de una intensa y constante discusión con sus camaradas, tanto antes como después de la adopción de este programa. De entre los numerosos aspectos del programa que podríamos citar aquí, nos ceñiremos a aquellos que tienen en común, en nuestra opinión, el haber tenido la mayor importancia a los ojos de Trotsky en vida y mantener hoy la más candente actualidad: la situación objetiva que pone a la orden del día la revolución proletaria; el problema del factor subjetivo y de su solución; el significado de las reivindicaciones transitorias; el origen de las consignas de transición en la continuidad del movimiento obrero; construir el partido: ¿Qué partido? ¿Con quién? ¿Bajo qué formas?

La cuestión de las fuerzas productivas

¿Sobre qué base programática deben establecerse los cimientos de la IV Internacional?: “La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. Las nuevas invenciones y los nuevos progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de la riqueza material” afirma en sus primeras líneas el Programa, que continúa: “Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía ‘maduras’ para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria.

En continuidad con el análisis del imperialismo hecho por Lenin, esta caracterización de la “premisa económica de la revolución proletaria” refleja el hecho de que, no habiendo desembocado la revolución rusa, en los año 20, en el terreno de la revolución mundial, la supervivencia del capitalismo en las condiciones de su putrefacción ha conducido a una situación en la que “las fuerzas productivas han cesado de crecer”. Este análisis constituía para Trotsky una evidencia tal que podía, en el marco del Programa de Transición, no demorarse más.

Sería sin embargo un contrasentido no ver ahí un aspecto esencial del programa. En 1969, durante un círculo de estudios marxistas titulado “La actualidad del Programa de transición” [6], Pierre Lambert dedicó buena parte de su exposición a esta única cuestión de las fuerzas productivas que “han cesado de crecer”. Contra todos los que revisan el marxismo, y en particular el análisis marxista del imperialismo -tanto el Secretariado Unificado como las diferentes variedades de economistas y pseudo teóricos estalinistas del momento- Lambert demostró la pertinencia y la actualidad de la formulación del programa sobre “las fuerzas productivas (que) han cesado de crecer”. Esa fórmula expresa la tendencia creciente del capitalismo, en su fase de declive, de transformar las fuerzas productivas en fuerzas destructivas, ya se trate de la economía de armamento, de la automatización (antecesora de la informatización) o de la especulación financiera, entre otros medios desviados y parasitarios que el capital utiliza para intentar compensar su creciente incapacidad de valorizarse dentro del proceso de producción. Los cuales no hacen, en cada etapa, sino acentuar la crisis y arrastrar a la humanidad hacia la barbarie. Lambert explicaba cómo aquello que en la época de Marx era una tendencia crónica del capitalismo se había convertido al comienzo del siglo XX en una tendencia permanente. Tendencia magistralmente analizada por Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, que encuentra su prolongación, debido al aislamiento de la revolución rusa evocado líneas arriba, en la formulación del Programa de Transición: las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. Lambert continúa este análisis: después de la Segunda Guerra Mundial, la supervivencia del régimen capitalista descompuesto ha recurrido cada vez más a la economía de armamento para intentar diferir su crisis de hundimiento. Esta tendencia a la transformación de las fuerzas productivas en fuerzas destructivas, explicaba Lambert, constituye la cuestión central del programa para todo el periodo y, por eso, los marxistas deben mantenerse firmes en el programa. Sólo este análisis, explicaba, permite comprender el carácter ineluctablemente condenado del régimen capitalista basado en la propiedad privada de los medios de producción; y el carácter irremediablemente traidor de los aparatos, pequeños y grandes, qui intentan salvar a ese régimen social fracasado; y la necesidad del partido revolucionario de la IV Internacional. [7]

Condiciones objetivas, factor subjetivo

Para Trotsky, superar la disparidad entre madurez de las condiciones objetivas e inmadurez de las condiciones subjetivas constituye el objetivo del programa. En un debate con sus camaradas norteamericanos, lo ilustra en estos términos: “¿Cuál es la situación general, en los Estados Unidos y en todo el mundo? La crisis económica no tiene precedentes, lo mismo sucede con la crisis financiera, en cada uno de los Estados, y la guerra se acerca. Es una crisissocial sin precedentes. (…) Hay una crisis del Estado. Podemos decir que hay una crisis política de la clase dominante (…) Eso supone una premisa fundamental para una situación revolucionaria. Esta definición vale para todo el mundo, vale para los Estados Unidos y quizá especialmente para ellos. Está, además, la cuestión del proletariado. Se ha producido un enorme cambio en la situación de la clase obrera. He leído, con interés y satisfacciónr, en dos artículos de Socialist Appeal y de New International, que hoy está creciendo la conciencia del obrero norteamericano de que es un obrero (…). Además, están las huelgas de brazos caídos. Creo que son algo sin precedentes en el movimiento obrero de los Estados Unidos. Como resultado de este movimiento, la fundación y el crecimiento de la CIO. Y también la tendencia a construir el Labor party (…). Si observamos la situación general del mundo -las contradicciones imperialistas, la posición del capitalismo norteamericano, la crisis y el paro, la posición del Estado Norteamericano como expresión de la economía norteamericana, de la burguesía norteamericana, el estado de ánimo político de la clase dominante, la desorientación en sus filas y la posición de la clase obrera- podemos decir, teniendo todo esto en consideración, que las premisas para la revolución están más maduras.

A medida que avanzamos desde estas premisas fundamentales hacia la superestructura, hacia la política, advertimos que no están tan maduras. Las contradicciones internas del capitalismo norteamericano -la crisis y el paro- están incomparablemente más maduras para una revolución que la conciencia de los obreros norteamericanos. Éstos son los dos polos de la situación. Podemos decir que la situación se caracteriza por una super madurez de todas las premisas sociales fundamentales para la revolución (…). Por otro lado, gracias a la rapidez y al aumento de la descomposición de las condiciones materiales de Estados Unidos, la conciencia de las masas – a pesar de que aquí también podemos comprobar un notable progreso- sigue atrasada en comparación con las condiciones objetivas. Sabemos que las condiciones subjetivas -la conciencia de las masas, el crecimiento del partido revolucionario- no son un factor fundamental. Dependen de la situación objetiva; en última instancia, el elemento subjetivo mismo depende de las condiciones objetivas, pero esta dependencia no es un proceso sencillo.” [8] Insistamos en este aspecto: de los dos factores, el más importante, según Trotsky, son las condiciones objetivas. Lo que dice al respecto el Programa de Transición es: “La orientación de las masas está determinada, por una parte, por las condiciones objetivas del capitalismo en descomposición, y por otra, por la política de traición de las viejas organizaciones obreras. De estos dos factores el factor decisivo es, por supuesto, el primero. Las leyes de la historia son más poderosas que los aparatos burocráticos.” Dicho de otra manera: nadie puede impedir que las leyes de la lucha de clases actúen, que conduzcan a los obreros, a pesar de todos los obstáculos, a constituirse como clase, a levantar sus organizaciones y tratar de defenderse en la más encarnizada lucha de clase contra la clase capitalista.

“Hacia dónde conduce la mecánica del Frente Popular”

Para Trotsky, afirmar que las condiciones objetivas constituyen el factor decisivo no implica en absoluto minimizar la importancia del factor subjetivo, respecto del cual él subraya que mantiene con las condiciones objetivas una relación de dependencia que “no es un proceso simple”. Él añade: “Durante el último año observamos en Francia un fenómeno muy importante y muy instructivo para los camaradas de EEUU. El movimiento obrero ha cobrado un ímpetu enorme. Los sindicatos han pasado en tal sólo unos meses de menos de un millón a casi cinco millones de afiliados. Las huelgas de brazos caídos han sido en Francia incomparablemente más potentes que en EEUU. Los obreros estaban dispuestos a todo, a ir hasta el final. Y, por otro lado, vimos la mecánica del Frente Popular: por primera vez podíamos demostrar la importancia histórica de la traición de la Internacional Comunista. Porque, desde hace algunos, la IC se ha convertido en un aparato para la conservación social del capitalismo. La desproporción entre los factores objetivos y subjetivos se ha agudizado enormemente, y el Frente Popular se ha convertido en el mayor obstáculo para canalizar esta gran corriente revolucionaria de las masas. Y tuvieron éxito hasta cierto punto. (…) Existe en todo el mundo, igual que existe en Estados Unidos, esta desproporción entre el factor objetivo y el subjetivo, pero nunca ha sido tan aguda como ahora.”  [9] Para Trotsky, este obstáculo erigido por los aparatos traidores en el marco de la política de Frente Popular no puede conducir a renunciar al combate por una salida positiva. Trotsky no confunde el abismo entre condiciones objetivas y condiciones subjetivas con el hecho de que la clase obrera esté abocada a la derrota. Para él, las condiciones de una victoria revolucionaria están reunidas… con la excepción de una condición esencial: la cuestión de la dirección de la clase obrera. Por tanto, considera que la IV Internacional, a pesar de sus modestos efectivos, puede y debe desempeñar un papel esencial, apoyándose en el movimiento de la clase (e insertándose en él) para ayudar a tender un puente entre la conciencia actual de los obreros y la conciencia de las tareas que deben llevar a cabo: “Existe en los Estados Unidos un movimiento de las masas para superar esta desproporción, el que va de Green a Lewis, de Walker a LaGuardia [10]. Se trata de superar la contradicción fundamental. El PC desempeña en los Estados Unidos el mismo papel que en Francia, pero a una escala más modesta.

El rooseveltismo reemplaza aquí al Frentepopulismo de Francia. En estas condiciones, nuestro partido debe ayudar a los obreros a superar esta contradicción.” La IV Internacional, repite Trotsky, tiene que desempeñar un papel decisivo:“Las tareas estratégicas consisten en ayudar a las masas, adaptar su mentalidad política y psicológica a la situación objetiva, superar los prejuicios tradicionales de los obreros norteamericanos y adaptar su estado de ánimo a la situación objetiva de crisis social del conjunto del sistema. En esta situación -tomando en consideración la poca experiencia y viendo luego la creación del CIO, las huelgas de brazos caídos, etc.- tenemos todo el derecho de ser más optimistas, más intrépidos, más ofensivos en nuestra estrategia y en nuestra táctica -no aventureros-, y de avanzar consignas que no están en el vocabulario de la clase obrera norteamericana.” Por tanto, la necesidad de un Programa de Transición está totalmente ligada a la capacidad de la IV Internacional -a pesar del enorme retraso- de ayudar a la clase obrera norteamericana y del mundo entero a superar el efecto de ese retraso, de avanzar en la cuestión de la crisis de dirección.

En este preciso contexto aparece la noción de reivindicaciones transitorias.

“Para nuestra concepción estratégica, es un programa de transición”

¿Cuál es el sentido del programa de transición?” se pregunta Trotsky, que responde: “Podemos llamarlo un programa de acción, pero para nosotros, para nuestra concepción estratégica es un programa de transición: es una ayuda a las masas para superar las ideas heredadas (…) y para adaptarse a las exigencias de la situación objetiva. Este programa de transición debe incluir las reivindicaciones más sencillas. No podemos prever ni recetar las reivindicaciones locales y sindicales adaptadas a la situación local de una determinada fábrica, ni el desarrollo desde esta reivindicación hasta la consigna de la creación de un soviet obrero. Éstos son los dos puntos extremos, a partir del desarrollo de nuestro programa de transición, para encontrar los lazos y conducir a las masas hacia la idea de la toma revolucionaria del poder. Por eso algunas reivindicaciones parecen muy oportunistas, porque están adaptadas a la mentalidad real de los trabajadores. Por eso, otras reivindicaciones parecen demasiado revolucionarias, porque reflejan más la situación objetiva que la mentalidad real de los obreros. Debemos cubrir lo más rápido posible esta brecha entre los factores objetivos y los factores subjetivos.” [11]

Para Trotsky, el método del Programa de Transición tiene un carácter estratégico porque parte de la situación actual y conduce a plantear la cuestión de la toma del poder por el proletariado. En estas condiciones, la reivindicación transitoria no tiene como vocación principal la de ser satisfecha dentro del sistema capitalista (a pesar de que, como se verá más adelante, el Programa otorga la mayor importancia al combate práctico por las reivindicaciones inmediatas y por su satisfacción, que no puede sino reforzar a la clase en su organización independiente) [12].

“Procede de la larga experiencia colectiva de los revolucionarios”

¿De dónde viene esta noción de Programa de Transición? Trotsky responde: “Quiero insistir en el hecho de que no se trata de la invención de un hombre, sino que proviene de la larga experiencia colectiva de los revolucionarios. Es la aplicación de los viejos principios a la situación actual. No debe considerarse inmutable, sino como algo flexible, de acuerdo con la situación.” [13] Esta definición del programa de transición como la expresión de la continuidad de “la larga experiencia colectiva de los revolucionarios” no es, para Trotsky, une figura literaria. En un artículo publicado en la misma época, [14] él mismo se refiere a los diez puntos del Programa del Manifiesto Comunista de Marx y Engels (1847-48) considerando que tenían ya un carácter de “Programa de Transición”; un Programa de Transición que posteriormente (en 1872) los dos autores corrigieron y completaron sobre la base de la experiencia de la Comuna de París situando en el orden del día la obligación de destruir el aparato de estado burgués para satisfacer este programa obrero.

Este método será asumido por los bolcheviques. En septiembre de 1917, en plena revolución rusa, Lenin, en su artículo dedicado a “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla” [15], escribía: “Una catástrofe inevitable se cierne sobre Rusia (…) El país perece por falta de víveres, por falta de mano de obra, aunque existen cereales y materias primas en cantidad suficiente. ¡Y en un país que se encuentra en esas condiciones, en un momento tan crítico, ha aumentado masivamente el paro forzoso! ¿Se quiere mejor prueba de que durante este medio año de revolución (…), con una república democrática, con gran profusión de asociaciones, organismos e instituciones que se intitulan orgullosamente ‘democráticos revolucionarios’, no se ha hecho en realidad nada serio, absolutamente nada, contra la catástrofe, contra el hambre? Nos acercamos con celeridad creciente al desastre, pues la guerra no espera, y el desbarajuste que origina en todos los ámbitos de la vida nacional es cada día más profundo.”

Antes de formular el conjunto de reivindicaciones urgentes que exige la situación, Lenin señala los obstáculos a los que se enfrentan tales medidas: “Basta con fijarse y reflexionar, por poco que sea, para convencerse de que existen los medios necesarios de combatir la catástrofe y el hambre; de que las medidas a adoptar son perfectamente claras y sencillas, completamente realizables, plenamente asequibles a las fuerzas del pueblo, y que si no se adoptan es única y exclusivamente porque su implantación lesionaría las fabulosas ganancias de un puñado de terratenientes y capitalistas.” [16] De hecho, los bolcheviques apenas dispondrán de tiempo para movilizar por el programa de reivindicaciones transitorias detallado por Lenin en “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”. La precipitación de los acontecimientos –en especial el hundimiento de la influencia de los mencheviques y los socialistas revolucionarios sobre las masas entre septiembre y octubre de 1917– les obligó a combatir para ayudar a los soviets a tomar directamente el poder en sus manos, lo que harán el 25 de octubre de 1917.

Pero la experiencia práctica de los bolcheviques de febrero a octubre de 1917 alimenta toda la orientación del Programa de Transición, tanto respecto de las reivindicaciones transitorias como sobre la consigna de “gobierno obrero y campesino”. Esta última es caracterizada por Trotsky como la “más avanzada” de todas las consignas de transición. La opone al Frente Popular como expresión de la necesaria ruptura con la burguesía. Movilizar a las masas a fin de imponer a los partidos que hablan en su nombre que den un paso adelante en la vía de la ruptura y se comprometan en la vía del gobierno obrero y campesino: este eje de lucha es central a los ojos de Trotsky, a pesar del carácter “poco probable” de esta hipótesis. “Es inútil perderse en conjeturas”, escribe “la agitación bajo la consigna de gobierno obrero y campesino tiene en todos los casos un enorme valor educativo (…).Cada una de nuestras reivindicaciones transitorias debe conducir a una sola y misma conclusión política: los obreros deben romper con todos los partidos tradicionales de la burguesía para establecer en común con los campesinos su propio poder.” [17]Puede verse a este respecto el artículo de Jean-Pierre Raffi en este mismo número de la Verdad [18].

Reivindicaciones parciales, democráticas y transitorias

Para Trotsky, la presentación de un programa de reivindicaciones transitorias no supone en absoluto abandonar el combate por las reivindicaciones inmediatas: “El objetivo estratégico de la IV Internacional no consiste en reformar el capitalismo, sino en derribarlo. Su finalidad política es la conquista del poder por el proletariado para realizar la expropiación de la burguesía. Sin embargo, la obtención de este objetivo estratégico es inconcebible sin la más cuidadosa de las actitudes respecto de todas las cuestiones de táctica, inclusive las pequeñas y parciales. (…) Lo que distingue a la época actual, no es que exima al partido revolucionario del trabajo prosaico de todos los días, sino que permite sostener esa lucha en unión indisoluble con las tareas de la revolución. La IV Internacional no rechaza las del viejo programa ‘mínimo’ en la medida en que éstas han conservado alguna fuerza vital. Defiende incansablemente los derechos democráticos de los obreros y sus conquistas sociales, pero realiza este trabajo cotidiano en el marco de una perspectiva correcta, real, vale decir, revolucionaria. En la medida en que las viejas reivindicaciones parciales ‘minimum’ de las masas entren en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente -y eso ocurre a cada paso-, la IV Internacional auspicia un sistema de reivindicaciones transitorias, cuyo sentido es el de dirigirse cada vez más abierta y resueltamente contra las bases del régimen burgués.”

Un párrafo que cobra una importancia mayor en este comienzo del siglo XXI, cuando las masas son forzadas por el capitalismo descompuesto (secundado por todos los aparatos “obreros – burgueses” definitivamente ligados al régimen corrompido de la propiedad privada de los medios de producción) a combatir de manera defensiva, no sólo por las reivindicaciones “mínimas” más elementales, sino en primer lugar y ante todo contra la ofensiva mortífera que las amenaza en su propia existencia. Ofensiva que ataca a la totalidad de las conquistas obreras y democráticas arrancadas por la lucha de clases y el combate democrático: la existencia de organizaciones sindicales y políticas independientes, hoy sometidas a una presión sin precedentes para arrastrarlas al camino del corporativismo; elementos fundamentales de la democracia política que el imperialismo descompuesto cuestiona uno tras otro; y hasta la existencia de las propias naciones, sometidas hoy a un proceso de desmantelamiento y de dislocación.

Esta situación otorga un nuevo lugar al combate en defensa de todas las conquistas de la clase y de la democracia. No conduce, sin embargo, a los militantes de la IV Internacional a erigir este combate de defensa y de reconquista en un programa “mínimo”, relegando a un futuro indeterminado la lucha por la revolución proletaria. Muy al contrario: en esta fase de reacción y de destrucción en toda la línea, más que nunca, el combate por cada una de las reivindicaciones concretas pone a la orden del día la movilización de las masas por la expropiación de los expropiadores.

Para abrir una salida, construir un partido

Como hemos visto, Trostsky piensa que este sistema de reivindicaciones transitorias busca ayudar a resolver la cuestión de la crisis de dirección del proletariado. Esto significa, a la vez, establecer las bases de la IV Internacional e inscribir esta construcción en un conjunto más vasto: la ayuda a la defensa y a la consolidación de todo lo que constituye la independencia de la clase obrera y de sus organizaciones contra el frentepopulismo y el corporativismo. Trotsky no descarta la hipótesis de que, bajo formas particulares, la transición también se aplique a la cuestión de la construcción del partido. En relación directa con la elaboración de las reivindicaciones transitorias, mantiene con los partidarios americanos de la IV Internacional la discusión sobre el Labor Party. Trotsky plantea la cuestión del Labor Party -es decir, la hipótesis de la formación por los sindicatos americanos de un partido obrero en ruptura con el Partido Demócrata-en relación con la inminencia de la guerra y la marcha hacia el fascismo en Europa. En una situación en la que el estalinismo usurpa la bandera de octubre para llevar a cabo su política contrarrevolucionaria y en la que la socialdemocracia mantiene su conocida política contrarrevolucionaria, para Trotsky la búsqueda de una salida incluye la cuestión del partido [19].

En su opinión, existe el riesgo, respecto de los propios Estados Unidos, de que la crisis desemboque en el talón de hierro del fascismo. Los trabajadores tienen la capacidad de alzarse para impedir tal situación. La existencia de un gran partido obrero sería una muralla, dice Trotsky. Pero los trabajadores no se unirán directamente, en masa, al Socialist Workers Party, organización trotskista, con una fuerza real en ese momento, aunque limitada, y que, teniendo en cuenta la aceleración del ritmo de evolución de la crisis, corre el riesgo de no estar preparado a tiempo.

¿Y entonces? ¿Existirá en la apertura de la crisis revolucionaria –si no de entrada un partido de la IV Internacional que tenga una influencia de masas– al menos un partido obrero independiente sólidamente implantado en cuyo seno actúe una corriente de la IV Internacional para consolidar las bases independientes de tal partido, y que sea un punto de apoyo que permita al conjunto de la clase resistir? Para Trotsky, esta cuestión concentra todas las demás. Lejos de ser un abandono del programa revolucionario, es un punto del programa definido en función de la situación objetiva. Ofrecer una salida a la clase obrera, es permitirla avanzar, bajo las formas que sean posibles en un momento determinado, en la cuestión de la construcción del partido, incluso si se trata de un partido en el sentido más amplio, un partido de la clase que como tal se opone a la clase capitalista, que, por su parte, se dispone a marchar hacia el fascismo. Esta transición en la construcción del partido aparece a ojos de Trotsky como una obligación derivada de la necesidad histórica –la crisis de la humanidad es la crisis de la dirección- de superar la separación entre la madurez de las condiciones objetiva y la inmadurez de las condiciones subjetivas y en relación con la aceleración del ritmo de los acontecimientos.

IV Internacional y partido obrero

En un debate con los militantes norteamericanos, responde a una objeción que le hacen: ¿Estamos a favor de la creación de un Labor Party reformista? No. ¿Estamos a favor de una política que pueda otorgar a los sindicatos la posibilidad de tener un peso en la relación de fuerzas? Sí.

Puede convertirse en un partido reformista, depende de las circunstancias. Aquí entra la cuestión del programa. Ayer lo señalé y hoy lo subrayo: debemos dotarnos de un programa de reivindicaciones transitorias de las que la más acabada es la de ‘Gobierno Obrero y Campesino’. Estamos por un partido, por un partido independiente, de las masas trabajadoras, que tome el poder estatal.” (…) [20]. Para Trotsky, este paso se sitúa en la perspectiva de un desarrollo rápido de toda la situación: “Asistimos a un período de declive capitalista, de crisis cada vez más turbulentas y terribles, con una guerra que se aproxima. En una guerra los trabajadores aprenden muy rápido. Si nosotros decimos: ‘Esperemos para extendernos después’, no seríamos la vanguardia, sino la retaguardia. Si me preguntáis: “¿Es posible que los obreros norteamericanos tomen el poder dentro de diez años?”, yo contestaría que sí, que es absolutamente posible. (…) Somos una organización pequeña, propagandista, y en estas situaciones es fácil ser más escépticos que las masas, que avanzan muy rápidamente. A comienzos de 1917 Lenin dijo que el partido es diez veces más revolucionario que su Comité Central y que las masas son cien veces más revolucionarias que la base del partido. En estos momentos no hay una situación revolucionaria en los Estados Unidos. Pero a menudo sucede que camaradas provistos de ideas muy revolucionarias en períodos de calma se convierten, en situaciones revolucionarias, en un verdadero freno. Un Partido revolucionario ansía tanto y durante tanto tiempo una revolución, que se acostumbra a aplazarla.” [21]

Evidentemente, para Trotsky, está descartado que en el combate por un partido obrero, los partidarios de la IV Internacional disuelvan su organización. Lo precisa en estos términos: “Manifestamos claramente que tenemos nuestra organización, nuestra prensa. (…) Pero somos muy débiles. Y no podemos decirles a los obreros ‘Esperad a que seamos más influyentes, más poderosos’. Tenemos que intervenir en el movimiento tal como es.” Y Trotsky, dialogando con eventuales interlocutores en el marco de un Labor Party en construcción, dice: “No diremos que el partido obrero sea ya un partido revolucionario, sino que haremos todo lo posible para que así sea. En todas las asambleas diría: ‘Soy un representante del SWP. Lo considero el único partido revolucionario, pero no soy sectario. Vosotros estáis ahora tratando de crear un gran partido obrero. Yo voy a ayudaros, pero os propongo que examinemos un programa para ese partido. Yo hago tales y tales propuestas.” [22] Y Trotsky precisa respecto del Labor Party: “Una organización revolucionaria que tuviere respecto de este movimiento progresista una posición negativa o incluso una neutralidad expectante se condenaría a sí misma al aislamiento y a la degeneración sectaria (…). El Socialist Workers Party no se limita sin embargo (…) a una consigna abstracta a favor de un Labor Party (…) yaún menos puede admitir alianzas sin principios en la cumbre bajo la cobertura de esa consigna: avanza un programa de reivindicaciones de transición con el fin de hacer fructificar el movimiento de masas por un Labor Party.

Preservando su plena independencia organizativa y política, el SWP lleva sistemáticamente y de modo intransigente un combate contra la burocracia sindical que se resiste a la creación del Labor Party o intenta hacer de él un arma auxiliar de uno de los partidos burgueses. Explicando y popularizando su programa de reivindicaciones de transición(…) el SWP denuncia incansablemente, basándose en la experiencia viva de las masas, las ilusiones reformistas y pacifistas de la burocracia sindical y de sus aliados socialdemócratas y estalinistas (…)” [23]

Para Trotsky, la fundación de la IV Internacional es inseparable del contexto internacional que vive la aceleración de la marcha hacia la guerra y hacia el enfrentamiento entre proletariado y burguesía, bajo la amenaza de la marcha hacia el fascismo. En tal contexto, la solución a la crisis de dirección está en el centro de la búsqueda de una salida para la clase obrera. Exige, a la vez, la necesaria construcción de la IV Internacional teniendo como base su programa, y la inserción de sus secciones en el movimiento práctico, buscando, bajo formas diversas, superar el foso entre condiciones objetivas y condiciones subjetivas. En condiciones históricas muy diferentes -pero que tienen sus semejanzas- ¿cuál es la actualidad del método y los objetivos del Programa de Transición tal como Trotsky lo estableció en un diálogo constante con sus compañeros de la IV Internacional naciente, teniendo como base la continuidad de toda la historia del movimiento obrero? Tal es el debate al que la IV Internacional invita a trabajadores y militantes de todas las tendencias del movimiento obrero, comprometidos con la independencia de clase, clave de un combate victorioso para bloquear la marcha hacia la barbarie capitalista.

Notas

[1] “Discusión acerca de las reivindicaciones transitorias”, 23 de marzo de 1938 – Tomo 17 de las Obras de Trotsky (edición Francesa)

[2] Isaac Deutscher “Trotsky”.

[3] Programa de Transición – “El Programa mínimo y el programa de transición”.

[4] Conquista del poder que supone en efecto que el partido esté atento a las reivindicaciones más elementales, “día a día”, no como un objetivo en sí, sino como el punto de partida de la transición para resolver la cuestión del poder.

[5] Trotsky, “Diario del exilio”, 25 de marzo de 1935.

[6] Republicado en La Vérité n° 604 de junio de 1989

[7“descomposición del régimen de la propiedad privada de los medios de producción” “a un gigantesco despilfarro de trabajo humano en el que las fuerzas productivas puestas en acción por los explotados se transforman en fuerzas destructivas”. “Lucha de clases y mundialización”“el sector de la economía de armamento como todos los demás sectores de la economía capitalista tiene unos límites y Nixon acaba de afirmar esos límites en la medida que ha adoptado”.

[8] “Discusión acerca de las reivindicaciones transitorias”, 23 marzo de 1938 – Tomo 17 de las Obras de Trotsky (edición Francesa).

[9] “Discusión acerca de las reivindicaciones transitorias”, 23 de marzo de 1938 – Tomo 17 de las Obras de Trotsky (edición Francesa).

[10] Para Trotsky, el paso del sindicalismo gremial réaccionario de la AFL de William Green al sindicalismo de industria de la CIO de John L. Lewis, había supuesto un paso adelante, igual que, en otro plano, el paso de la alcaldía de Nueva York de las manos de James John Walker (1886-1957), un demócrata especulador ligado a los grandes ambientes capitalistas a las de LaGuardia que se présentaba como más progresista.

[11] « Discusión acerca de las reivindicaciones transitorias », 23 de marzo de 1938 – Tomo 17 de las Obras de Trotsky (edición Francesa)

[12] Con respecto a la consigna de escala móvil de salarios y de horas de trabajo, Trotsky explica: ¿Qué supone realmente esta consigna? En realidad se trata de la organización del trabajo en la sociedad socialista: que el número total de horas de trabajo sedivida entre el número total de trabajadores. Pero si presentáramos el sistema socialista en su conjunto, le parecería al americano medio algo utópico, algo extranjero, europeo. Por eso, lo presentamos como una solución a la crisis actual, asegurándoles su derecho a comer, a beber y a vivir en viviendas decorosas. Es el programa del socialismo, pero expresado de una manera muy popular y sencilla.” (“El atraso político de los trabajadores americanos”, Discusiones sobre el Programa de Transición). Señalemos que esta consigna del Programa de Transición nada tiene que ver con la “reivindicación” del NPA de Francia y de otras organizaciones de ese tipo “de un reparto del trabajo y de las riquezas” hoy. Está claro que en las condiciones de la crisis actual, marcada por la destrucción de cientos de millones de empleos, la consigna de los obreros es la prohibición de los despidos y la creación de empleo (en los Estados Unidos, la central sindical AFL-CIO reivindica un plan de creación de 15 millones de empleos). El reparto de los empleos existentes hoy supone un riesgo de llevar a acompañar la destrucción de los empleos por la precarización y la pauperización de la clase. Como se ve, el Programa de Transición, como el propio Trotsky indica, no es un catálogo de reivindicaciones válido en todas las circunstancias. Pero el método, por su parte, sigue manteniendo toda su actualidad.

[13“El atraso político de los trabajadores americanos

[14“A 90 años del Manifiesto Comunista”

[15La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla

[16] Ibidem

[17] Programa de Transición – “El gobierno obrero y campesino”.

[18] En los años siguientes a la toma del poder por los soviets, la joven Internacional Comunista prolongará la propuesta de Marx y Engels y de Lenin. Una resolución del III congreso de la Internacional Comunista dice : “Los partidos comunistas sólo pueden desarrollarse en la lucha. Aun los más pequeños de los partidos comunistas no deben limitarse a la simple propaganda y a la agitación. Deben constituir, en todas las organizaciones de masas del proletariado, la vanguardia que demuestre a las masas atrasadas, vacilantes, cómo hay que llevar a cabo la lucha, formulando para ello objetivos concretos de combate, incitándolas a luchar para reclamar la satisfacción de sus necesidades vitales, y que de ese modo le revele la traición de todos los partidos no comunistas (…). en el terreno del capitalismo, no es posible ningún mejoramiento duradero de la situación de las masas del proletariado, (…)Pero esa creencia no debe llevarnos a renunciar al combate por las reivindicaciones vitales actuales e inmediatas del proletariado (…) Por el contrario, es preciso tomar cada necesidad de las masas como punto de partida de luchas revolucionarias que en su conjunto puedan constituir la corriente poderosa de la revolución social. Los partidos comunistas no plantean para este combate ningún programa mínimo tendiente a fortalecer y a mejorar el edificio vacilante del capitalismo. La ruina de este edificio sigue siendo su objetivo principal, su tarea actual. Pero para cumplir esa tarea, los partidos comunistas deben plantear reivindicaciones cuya realización constituya una necesidad inmediata y urgente para la clase obrera y deban defender esas reivindicaciones en la lucha de masas, sin preocuparse por saber si son compatibles o no con la explotación usuraria de la clase capitalista.” (Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista – “Tesis sobre la táctica – Combates y reivindicaciones parciales”).

[19] Léase igualmente el artículo de Alan Benjamin en este núméro de La Verdad.

[20] “Discusión sobre el Labor Party”, 21 de marzo de 1938, Discusiones sobre el Programa de Transición

[21] “Discusión sobre el Labor Party”, 21 de marzo de 1938, Discusiones sobre el Programa de Transición.

[22] “Discusión sobre el Labor Party”, 21 de marzo de 1938, Discusiones sobre el Programa de Transición.

[23] “El problema del Labor Party”, abril de 1938.

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