Por todos los septiembres…

Aportación del compañero Gilberto Valdez Valenzuela profesor militante de la CNTE en Sinaloa, formado en la tradición Trotskismo

foto: Carlos Ayala

Sin duda, el 27 regimiento de Infantería es la antesala del infierno… ahí moraba el dolor y los teléfonos celulares confiscados a crepitaban a cada momento. No podían concentrarse. Estaba recluido por perjura contra una pared donde caligrafiaba una frase del maestro Lucio Cabañas. Ese era su delito.

Solo, en ese socavón escuchaba el sonido de un tren que reducía la marcha, después unos golpes amortiguados. Al cabo de un momento, desde el fondo del sótano, oía en la oscuridad la cantinela del verdugo: “no que muy valientes, cabrones” ¿Conque secuestrando camiones para conmemorar la matanza del 2 de octubre?

Se sentía asaltado por los recuerdos de Lucio y tener los recuerdos de Lucio es literalmente ser Lucio.

El remordimiento por las afinidades represivas (PRI=PRD) le asombraban la vida. Convencido de la futilidad de las siglas, ve en el interrogatorio salvaje, escenas estrictamente localizadas en la conciencia: “El puño muerto en las calles”, “la bandera roja y gualda” estropeada por la “horda democrática” en la última guerra de armas en Iguala.

Estaba ahí, escondido entre escombros, hambriento, harto de tortura en el “4trote”, de tanto sonidos de infamia que le robaban el habla. Ha olvidado todo, menos los soles que le animaban meterse en el fragor de la calle, caminar  junto con el prójimo; los vendedores ambulantes del compa Simitrio, allá en Puebla. Sí, ha olvidado todo, excepto las palabras para decir buenas noticias.

Entre los pasos machacando el uno-dos, uno-dos, uno-dos cuarenta y dos ayes lastimeros acompañados de ladridos ásperos e injuriosos, le confirman que hay recuerdos que la rabia no puede penetrar.

Escucha las consignas que mamá aprendió a deletrear: eran percusiones en redondo: unas, volaban y caían, remolían el silencio cómplice de los mirones; otras, asemejaban lamparitas con resplandores de incendios al amanecer.

Las palabras de ustedes allá arriba son relámpagos que cambian los bordes de la noche aquí abajo.

Aquí hablamos despacio. Muchas veces el susurro rompe el silencio. Caminamos juntos arrastrando las manos por un septiembre, por todos los septiembres… por Ayotzinapa!

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