3 meses de paro magisterial en Baja California

Para hacer efectivas las demandas son necesarias la democracia sindical y la movilización masiva

Fue en el mes de noviembre del año pasado cuando inició un paro general de labores de las secciones del SNTE en Baja California en demanda del pago de salarios a profesores interinos, el pago de bonos y diferentes adeudos a jubilados. De acuerdo con la prensa los adeudos ascendían a 52 millones de pesos para finales de octubre.
Las demandas que se enarbolan en el paro son de urgente resolución, hay profesores a los que se les adeudan hasta dos años de salario, a otros son ciclos completos trabajados sin paga que el gobierno estatal o la federación no reconocen, en otros casos se trata de atrasos en los pagos de finiquito de jubilados y diversas prestaciones. Además, se suma la regularización de plazas.

A la par de la cuestionable gestión gubernamental del presupuesto en las últimas administraciones (desvío de fondos, malversación) , la mayor parte de estos problemas tiene su origen en la aplicación de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, que en BC implicó la jubilación adelantada de miles de docentes y la contratación emergente de cientos de interinos, a lo que se suma la opacidad en las gestiones, en la otorgación de interinatos, promociones y plazas por parte de las direcciones sindicales. Todo esto ha generado una inmensa bola de nieve que obstruye el desarrollo del proceso educativo para centenas de miles de niños, la seguridad y estabilidad laboral de miles de docentes.

Si bien las demandas son plenamente legítimas es necesario cuestionar los métodos con los cuales se está realizando el paro y que han dificultado ejercer la presión necesaria para solucionar el conflicto.

En primer lugar, se debe cuestionar la imposición desde las cúpulas. En ningún momento las direcciones consultaron a las bases. En el caso de la secc. 37 (que agrupa a los maestros estatales), fue clara la ausencia de democracia: el paro se inició y se levantó en diciembre, sin consulta a los maestros y sin solución definitiva a las demandas, solo con las promesas del gobierno estatal.


La falta de participación de la base en la toma de las decisiones se toma como algo natural por quienes por décadas han dirigido al SNTE. Las actuales direcciones fueron recientemente electas a través de votaciones universales, pero en nada han cambiado sus métodos.

Dichas votaciones fueron amañadas desde un inicio, cuando en la convocatoria se exigía como requisito haber sido miembro de algún comité ejecutivo previo. Es decir, nadie fuera del grupo que ha mantenido el control sindical podía aspirar a ser votado por las bases. Por si fuera poco, las campañas se realizaron sin discusiones de programas o propuestas, con viejos métodos de acarreo y voto corporativo, donde se visibilizaron más quienes más gastaron en la campaña.

La falta de participación tiene sus consecuencias: el desinterés, la falta de compromiso con la lucha y de involucramiento en el paro, que refuerzan el apolitismo del magisterio. Los maestros no sienten suya la lucha que se lleva adelante y delegan en la dirección la solución.

Esto tiene sus repercusiones, como el esquirolaje que se ha facilitado por las clases virtuales y ha sido denunciado por estudiantes normalistas y de la Universidad Pedagógica Nacional, quienes fueron forzados a terminar el semestre en esta modalidad.

Por otra parte, el paro ha transcurrido sin movilizaciones en las calles, sin mayor presión que la ausencia de clases, que en el contexto de la pandemia no ha implicado un cambio para la vida social en relación con los meses previos.

El paro no es visible para el conjunto de la sociedad, no hay una campaña para hacer brigadeos, hacer presencia en los semáforos, hacer caravanas u otras actividades que podrían atraer la atención.


En los hechos se ha renunciado a generar un bloque común con los padres de familia y los jóvenes afectados, quienes tienen un interés conjunto en que la falta de maestros o la rotación constante se solucione, quienes quieren regresar a clases y salir adelante. Tampoco se ha apostado a generar una alianza con otras organizaciones sociales o populares, la falta de pago no es exclusiva del magisterio.


Las semanas pasan y la comunicación al interior de la secc. 2 se reduce a mensajes enviados por los delegados a través de redes sociales donde se limitan a anunciar semanalmente que el paro continúa, sin informar del avance de las negociaciones o de los criterios que se toman para designar a quienes se les paga primero o como se están conciliando las asignaciones de plazas.

Es urgente llamar a asambleas sindicales y con los padres de familia
Ante este escenario, se hace evidente que es necesario impulsar una participación mayor de todos los involucrados, que es indispensable comenzar a realizar prácticas democráticas y de acción, como:

  • La convocatoria de asambleas por delegación o centro de trabajo, para involucrar a todos los maestros y generar mayor presión.
  • Exigir que se den informes de las negociaciones y que se tengan criterios transparentes para la conciliación de claves y plazas.
  • Convocar a asambleas informativas a los padres de familia y a la comunidad escolar
  • Llamar a foros de alianza con otras organizaciones


Además, hay que remarcar que aún falta por negociar el retorno a clases y que las organizaciones sindicales deben exigir que se den las condiciones necesarias para el retorno seguro.


Es importante para el futuro de la niñez de Baja California la solución al conflicto, y tener la garantía de tener maestros a los que se les paga su salario y con estabilidad laboral.

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