China. Desde Urumqi hasta Shanghái surgen manifestaciones en todo el país.

   En sólo unas pocas horas, en los días 27 y 28 de noviembre, las manifestaciones se extendieron al menos en diez ciudades en las diferentes regiones de China.

   Los enfrentamientos en la fábrica Foxconn nutrieron la revuelta que resuena en todo el país contra las medidas burocráticas de confinamiento anti-Covid impuestas por el poder.

   En Urumqi, la capital de Xin-jiang, diez personas murieron en un incendio que, al parecer, hubiera podido evitarse sin el confinamiento severo que había sido impuesto. La población descendió a las calles unida en sus componentes ouïghour y han, con la misma rabia en contra el régimen de opresión.

   Poco después le tocó a Wuhan ver surgir a miles de jóvenes y habitantes derribando las barreras del confinamiento. En Shanghái los manifestantes rinden honores a las víctimas del incendio levantando hojas en blanco que simbolizan la censura: “No hay necesidad de escribir nada, todo el mundo sabe por qué estamos aquí”.

   En una de las facultades de Nankín, los estudiantes cantan el himno nacional chino, canto revolucionario que comienza así: “¡De pie! ¡Levántense aquellos que no quieren ser esclavos!”.

    El 26 de noviembre en la noche, los estudiantes de Tsinghua, en la prestigiosa universidad de Pekín, se habían reunido para rendir honores a las víctimas del incendio. Ese es el mismo caso durante el fin de semana en unas cincuenta universidades.

   “No tenemos necesidad de test Covid, tenemos necesidad de comer”, se escucha en Pekín, en donde se entona La Internacional en las calles.

   La gestión burocrática de la situación sanitaria es cuestionada en todos lados. Las medidas incoherentes y peligrosas para la población encerrada en sus casas sin poder alimentarse ni cuidar su salud de manera normal son moneda corriente. Y es que cuando uno es un cuadro del Partido Comunista Chino (PCC), el control de la epidemia es un criterio de promoción en su interior. A partir de ahí, la estupidez compite con el salvajismo. Cuarenta estudiantes de la universidad de Pekín aclararon el mecanismo: “¿Por qué la política de prevención y de control se vuelve cada vez más impopular? Los que aplican las medidas decididas centralmente van a concentrarse inevitablemente en aquello que va a satisfacer a sus superiores, sin tener en cuenta las necesidades reales de la población. No dejarán de poner la vara en alto en todos los niveles para asegurarse una calificación perfecta.” Este menosprecio burocrático se combina con la censura permanente sobre la realidad de la situación. “Las autoridades abusaron de su poder al controlar a la opinión pública bloqueando y suprimiendo los comentarios sobre esta política. Es desde entonces imposible para el público el expresar su descontento y criticarlas medidas impuestas. Las manifestaciones que se observan hoy en todos lados son el resultado inevitable de esta situación. Cuando se alcanza un punto crítico sin explicación o respuesta adecuada, entonces cada quien busca la manera de hacer oír su voz. Esta es pues nuestra declaración.”

   Este cuestionamiento sobre la gestión burocrática plantea la cuestión de la libertad de organización. Los trabajadores y los jóvenes chinos tienen la capacidad de dirigir los asuntos de la sociedad. Lo habían demostrado al principio de la pandemia organizando la solidaridad en los barrios, movilizando a grupos de voluntarios a los hospitales. Recientemente todavía en Shanghái, los residentes de un barrio se tomaron los asuntos en mano: se organizaron entre ellos para distribuir las comidas y los medicamentos, despejando del barrio al comité oficial del Partido Comunista Chino.

   ¿Qué va a pasar en los días que vienen? Es demasiado pronto para decirlo. Al momento de escribir esto, si la represión brutal de la que es capaz el régimen no se ha manifestado, lo cierto es que el despliegue policíaco parece haber bloqueado momentáneamente nuevas manifestaciones. Lo ganado es que un movimiento se ha emprendido, lanzado y nutrido por la movilización popular. Un movimiento que inquieta a todos los grandes de este mundo. A los corruptos en el poder en Pekín en primer lugar. Acaban de anunciar algunas medidas de flexibilización del confinamiento. El órgano oficial del PCC, el Diario del Pueblo, publicó el 28 de noviembre un texto advirtiendo medidas contra la “parálisis” y el “desánimo” frente a la política de “cero Covid”.

    Pero también inquietan a los capitalistas del mundo entero. Según un comunicado de la AFP: “Las manifestaciones de este fin de semana han sembrado inquietud entre los inversionistas. Y las Bolsas asiáticas abrieron con una clara baja este lunes

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Olivier Doriane

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