Artículo extraído de Tribune Des Travailleurs # 542, semanario del Partido de Trabajadores francés

El video dio la vuelta al mundo: muestra al ministro fascista Ben Gvir y a sus hombres golpeando brutalmente a militantes de la flotilla humanitaria hacia Gaza, detenidos por Israel en aguas internacionales el 18 de mayo. Estas imágenes provocaron la indignación y la legítima rabia de cientos de millones de trabajadoras y trabajadores de todos los países.
Los miembros de la flotilla expulsados hacia Turquía dieron testimonio de la magnitud de las violencias sufridas durante su detención.
“Varias costillas rotas, una treintena de fracturas, cinco heridas graves en la cabeza, once agresiones sexuales, una lesión grave en un ojo y una lesión grave en un oído…”, enumera, de regreso en París, Juliette Dimet, una de las 185 personas detenidas en el “barco-prisión” israelí.
Ahora bien, es un hecho —que recordó perfectamente el militante pacifista israelí Maoz Inon en France Inter el 22 de mayo—:
“Lo que Ben Gvir y la policía hacen contra las flotillas de todo el mundo, lo hacen todos los días contra los prisioneros palestinos en las cárceles, pero de eso se habla mucho menos”.
Después de la investigación del New York Times que estableció la existencia de un sistema de agresiones sexuales contra los detenidos palestinos, una relatora de la ONU, Alice Jill Edwards, denunció también la tortura:
“El número y la crueldad de las denuncias recogidas testimonian un desprecio flagrante, por parte de Israel, de su deber de tratar a todos los detenidos con humanidad”.
Por ello, ningún partidario de la democracia puede conceder el menor crédito a Netanyahu cuando declara que las acciones de Ben Gvir “no corresponden a los valores de Israel”.
Porque los “valores” de Netanyahu y de su Estado son la violencia, el apartheid y el genocidio.
Y la prueba es que Ben Gvir sigue siendo ministro de Seguridad Nacional.
Del mismo modo, nadie puede otorgar credibilidad alguna a las declaraciones indignadas de los gobiernos occidentales, incluido el de Macron.
La decisión de prohibir la entrada en Francia a Ben Gvir —que ni siquiera tenía intención de viajar al país—, anunciada por el ministro de Relaciones Exteriores de Macron, es una enorme farsa.
Hay que aislar al Estado genocida y torturador, colocarlo fuera de la humanidad
Porque mientras el pueblo palestino está cada día más amenazado de ser borrado del mapa, desde Gaza hasta Cisjordania, el gobierno de Macron y todos los gobiernos europeos mantienen sus relaciones:
- diplomáticas,
- militares,
- económicas,
- comerciales,
- culturales
- y deportivas
con el Estado genocida y torturador.
Las violencias contra los miembros de la flotilla deben ser condenadas, así como el intento de borrar al pueblo palestino.
Y para no quedarse solo en palabras, es deber de las organizaciones obreras y democráticas unirse para imponer a Macron y a su gobierno:
- aislar al Estado genocida y torturador;
- colocarlo fuera de la humanidad;
- romper inmediatamente todos los vínculos diplomáticos, militares, económicos, comerciales, culturales y deportivos con él.
Dominique Ferré

