Un artículo de Ghassan Naddaf en Hara 36
Impedidos de entrar cotidianamente a Israel para ir a a trabajar, 200,000 obreros palestinos de Cisjordania no tienen otra elección, para alimentar a sus familias, que la de entrar clandestinamente escalando el “muro del apartheid” poniendo en peligro sus vidas. Ghassan Naddaf nos cuenta su día a día en Hara 36 (25 de mayo 2026).

Escuché un día a alguien decir: “Las soluciones de la tierra se han agotado, únicamente quedan las soluciones que vienen del cielo”.
En ese momento ello me había causado risa, pero hoy, después de intentar hacer lo que podía para vivir con mi madre una vida ordinaria y simple, repito la misma frase y siento verdaderamente que las soluciones de la tierra no son suficientes.
Desde que la guerra comenzó, los soldados cerraron todas las entradas. Yo, como otras doscientas mil personas que dependen del trabajo atrás del muro (1), tuve que dejar de trabajar. Estaba a punto de gastar todo lo que tenía para aliviar a mi madre y pagar agua y electricidad. Con lo que me quedaba, decidí abrir una pequeña tienda de verduras, para no tener la obligación de pasar en contrabando detrás del muro hacia nuestra tierra ocupada.
Era mi manera de soportar el mundo, la manera de mantenerme con vida y de aliviar los dolores de mi madre. Era mi manera de evitar el corte de la electricidad para no vivir en una oscuridad total… Luego, me encontré muy rápido ante la necesidad de consumir mis vegetales para mi familia: ese intento miserable no nos pudo ofrecer una vida, ni algo parecido.
Traté de cultivar mi tierra, pero los colonos pulverizan sobre los poblados los excrementos de sus vacas – ¿se acuerdan ustedes? (2) … No visualizaba frente a mí otra cosa que no fuera el muro, una vez más el muro (3).
Me detuve al pie del muro y levanté los ojos hasta que mi nuca empezó a dolerme. Lo miré elevarse doce metros. Yo, que siempre le he tenido miedo a las alturas, ¿cómo podría subir la escalera para luego descender con la ayuda de una cuerda sin bajar la vista, sin caer, sin llorar?
En ese momento todas las historias terroríficas vinieron a mi memoria: (las historias de) los de mi pueblo que cayeron del muro, los que resultaron heridos al intentarlo, los que consiguieron pasar del otro lado y creyeron ir al encuentro de su trabajo, pero que un solo francotirador terminó rompiéndoles el corazón de un solo balazo.
El corazón…el corazón es la enfermedad de mi madre, el corazón es el que ahora le tiembla, el corazón es el que me alienta hacia el amor, ese corazón maldito que puede explotar en cualquier momento.
No me pude quedar por mucho tiempo. El coyote no espera a que yo supere mis miedos. O subo, o me voy. No hay otra elección posible, no hay tiempo para reflexionar. Puse mi pie sobre el primer escalón y las rodillas me temblaron, luego la segunda, luego la tercera… A la mitad del camino, sentí que vacilaba, que me iba a caer. ¡Mi Dios! “No, no debo ver hacia abajo, debo ver hacia arriba, hacia lo alto del muro. No pienses, ni imagines el destino, avanza hacia él lo que sea que te tenga reservado”. Me llegó una gran inspiración y continué a subir.
Una vez en lo alto, me senté y me agarré de la cuerda. No tuve el coraje de ver hacia abajo ni hacia atrás. No tuve el coraje de hacer bonita sea la cosa que pudiera matarme en ese instante. Si hubiera mirado hacia abajo, el vértigo me hubiera ganado. Si hubiera mirado hacia atrás, hubiera sentido la nostalgia y me hubiera regresado a estar con mi madre, con mi vida, con mi familia. No, solo miré hacia adelante, ahí donde se encontraba el mar ocupado, el pueblo ocupado… Ahí donde se encuentra el único medio de trabajar y de gana mi pan cotidiano.
Bajé por la cuerda, al igual que los otros, había alguien enfrente y detrás mío. La policía y las fuerzas especiales desencadenaron una racha de tiros y de granadas lacrimógenas, mientras que nosotros continuábamos a huir sin reflexionar, sin saber a dónde ir. Uno de los del grupo cayó a tierra, aunque nosotros continuamos nuestra ruta. A partir de entonces, veo en cada instante de mi vida a aquel que había caído. Pienso en él: ¿estará muerto? ¿lo detuvieron? No, no puedo soportar pensar en ello por mucho tiempo.
Llegué al lugar del trabajo. No era el paraíso por el cual había arriesgado la vida. No era ese paraíso que buscábamos alcanzar amenazando a la muerte. No había más que humillación, el trabajo día y noche, el sueño habitado por las pesadillas de la policía israelita, el temor a la prisión, y de nuevo al trabajo, siempre el trabajo.
Trabajé como obrero mientras que la lluvia, el frío y el exilio me mordían la carne, con los coyotes, la policía y los patrones encima. Me aplastaron por mi impotencia, mi pobreza, mi pan cotidiano y mis miedos. Cada vez que me decía que tenía que parar, recordaba los costos del tratamiento de mi madre y los gastos ligados a mi futuro matrimonio. Dejaba entonces de pensar en parar y continuaba mi trabajo sin reflexionar, sin soñar, sin contemplar el tamaño de la tragedia.
Fui hecho prisionero una vez, pero no dejé de intentar cruzar el muro. En prisión, me encerraron con otros dieciocho obreros. Permanecí cinco días antes de salir con una multa mucho más grande que todo lo que había ganado. Regresé a cero: pobre, sin dinero, la espalda rota por las torturas del verdugo y medio muerto por haber dormido sobre el suelo.
Escuchaba el quejido ahogado de mi madre. Ella colocaba su mano sobre la boca para que no pudiera escucharla. Una sola mirada, una sola queja. Hubiera sido suficiente que cortaran la electricidad y el agua para que tuviera que regresar allá. Pero esta vez, no regresé por el muro, más bien por… Bueno, ustedes conocen la continuación (4).
El empleado se detiene de escribir la historia del obrero. No sabía en realidad qué hacer con ella. Por el momento debe regresar a la ONG y contarles una historia diferente a la que les había prometido. El obrero no le había dicho nada del camión de la basura en donde estuvo cerca de morir encerrado… No quería volverse una historia de basureros, ni la de un camión de Aboul Khaizaran (5). Todo lo que había dicho era solamente una respuesta a una única pregunta simple:
“¿Cómo vives el Sumoud (6) en la tierra, y continúas trabajando a pesar de la guerra, la colonización, los límites del poblado y los excrementos de las vacas?”
Su respuesta fue como un cuchillo clavado en el nervio de la ONG, esperando que ésta contribuya a apoyar su Sumoud, antes de interrogar con el único fin de escribir un informe mediático.
Notas de la redacción.
(1) Después de 7 de octubre de 2023, Israel suprimió el permiso de trabajo de 200,000 obreros palestinos de Cisjordania, ayer explotados en las construcciones, en los campos, en el hotelería, etc. al interior de las fronteras de 1948 (Estado de Israel).
(2) Leer otro artículo de Ghassan Naddaf, “Los límites del poblado del excremento de vaca” en el sitio Hara 36.
(3) El pretendido “cierre de seguridad” de 700 kilómetros, erigido por Israel desde los años 2000, que enmarca las tierras y los poblados de Cisjordania, está en parte constituido de un muro de 8 a 12 metros de alto.
(4) El 13 de abril del 2026, la policía israelita detuvo a 68 obreros palestinos que intentaban pasar clandestinamente a Israel para trabajar, amontonados en un camión de la basura.
(5) Referencia a la novela de Ghassan Kanafani, Los hombres bajo el sol (1963): tres refugiados palestinos, después de la Nakba de 1948, intentar llegar a Kuwait para encontrar trabajo y se esconden en el tanque de un camión cisterna atravesando el desierto.
(6) Término árabe que hace referencia a la tenacidad de la resistencia del pueblo palestino contra la expulsión y la colonización.
Recuadro.
“Hara 36 – La Palestina narrada” es una plataforma mediática y cultural palestina en lengua francesa, dedicada a promover la cultura, la historia y la vida cotidiana de los Palestinos a través de historias humanas. Está animada por un equipo de periodistas que ejercen su profesión en las condiciones difíciles de la ocupación. “Hara” significa en árabe “barrio” o “vecindad” y el número “36” hace referencia a 1936, el año de la gran revuelta palestina, que Hara 36 considera como el momento de la erupción de la cultura popular palestina. De acuerdo con Hara, nosotros reproducimos una parte de este artículo, invitando a nuestros lectores a reportarse a ese medio, a apoyarlo y a darlo a conocer:

