Estados Unidos: deportaciones, guerra, organización obrera y las contradicciones de la era Trump

Mientras la administración Trump profundiza una política de expulsiones de inmigrantes y mantiene amplios despliegues militares en el exterior, trabajadores de sectores poco sindicalizados conquistan nuevos derechos. Al mismo tiempo, la relación entre el presidente y el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, abre un debate sobre los límites de la oposición institucional al trumpismo.

Distintos acontecimientos ocurridos durante septiembre permiten observar algunas de las principales tensiones sociales y políticas que atraviesan actualmente a Estados Unidos. Por una parte, la administración de Donald Trump ha ampliado su política migratoria mediante expulsiones hacia terceros países; por otra, las prolongadas operaciones militares han comenzado a mostrar sus consecuencias incluso entre integrantes de las propias Fuerzas Armadas. Al mismo tiempo, trabajadores de la industria tecnológica avanzan en su organización sindical y, en Nueva York, la relación entre Trump y el alcalde Zohran Mamdani muestra las contradicciones que surgen cuando una fuerza que se presenta como alternativa intenta gobernar dentro de las instituciones existentes.

Migrantes enviados a países que no son los suyos

Uno de los aspectos más duros de la política migratoria estadounidense es el desarrollo de las llamadas deportaciones a terceros países. En lugar de enviar necesariamente a una persona a su país de nacionalidad, Washington ha establecido acuerdos con otros gobiernos para que reciban migrantes con quienes, en muchos casos, no tienen ninguna relación previa.

Una investigación internacional coordinada por Forbidden Stories, en la que participaron 72 periodistas de 26 medios, documentó este sistema. La investigación señala que la administración estadounidense ha negociado acuerdos con decenas de países y que se han destinado alrededor de 410 millones de dólares para facilitar estas operaciones.

La propia Casa Blanca reconoce que su política migratoria incluye acuerdos de “tercer país seguro” destinados a acelerar las expulsiones.

El caso de Rabbiatu Kuyateh muestra las consecuencias humanas del mecanismo. Originaria de Sierra Leona, vivió casi tres décadas en Estados Unidos y trabajó durante más de veinte años como enfermera. Después de ser detenida por el ICE durante una revisión migratoria, un juez le concedió protección contra su deportación a Sierra Leona debido al riesgo de persecución. Sin embargo, posteriormente fue trasladada a Ghana, un país con el que no tenía vínculos.

Reuters documentó posteriormente que Ghana terminó enviándola a Sierra Leona pese a la protección que había obtenido en Estados Unidos.

Otros casos investigados muestran trayectorias similares. Personas que habían recibido algún tipo de protección frente al retorno a sus países terminaron enviadas a naciones africanas o latinoamericanas con las que no tenían relación alguna. Organizaciones de derechos humanos y abogados han cuestionado estas prácticas porque pueden eludir las garantías existentes contra el retorno de una persona a un territorio donde enfrenta persecución o tortura.

No se trata, por tanto, únicamente de una política fronteriza. Se ha construido una red internacional en la que acuerdos financieros y diplomáticos permiten trasladar a miles de personas de un país a otro.

La guerra también tiene consecuencias dentro del ejército

Otra expresión de las tensiones que vive Estados Unidos aparece dentro de sus propias fuerzas militares.

El 24 de septiembre, Stars and Stripes informó que ocho integrantes del grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln habían intentado suicidarse durante su despliegue. Ninguno de los intentos terminó en una muerte, según la información proporcionada por el secretario interino de la Marina, Hung Cao.

El dato adquiere mayor importancia por las condiciones de ese despliegue. En agosto, la propia Marina había reconocido que el Abraham Lincoln llevaba 266 días desplegado, aproximadamente 200 de ellos en zona de combate, durante los cuales se habían realizado más de 10,000 salidas aéreas y lanzado alrededor de 1.5 millones de libras de municiones. La Marina reconoció también la existencia de casos relacionados con la salud mental, aunque entonces sostuvo que no se habían producido muertes.

Semanas después se conoció la magnitud de los intentos de suicidio.

Estos datos no permiten establecer por sí mismos una causa individual para cada caso. Sí muestran, sin embargo, las condiciones extraordinariamente exigentes que implican despliegues de cientos de días, operaciones de combate continuas y largos periodos sin escalas normales en puerto.

Mientras las guerras suelen presentarse públicamente mediante mapas, armas y declaraciones diplomáticas, estas situaciones muestran también sus efectos concretos sobre quienes participan directamente en ellas.

Una victoria sindical en la industria del videojuego

En un escenario muy diferente se produjo una noticia significativa para el movimiento sindical estadounidense.

Cerca de 1,900 trabajadores de Blizzard Entertainment, empresa propiedad de Microsoft desde 2023, ratificaron en septiembre sus primeros contratos colectivos después de aproximadamente dos años de negociación con la empresa.

El sindicato Communications Workers of America (CWA) calificó los acuerdos como una conquista histórica para una industria tradicionalmente caracterizada por una baja sindicalización. Los contratos abarcan trabajadores vinculados a World of Warcraft, Overwatch, Diablo, Hearthstone y otras áreas de Blizzard.

Las conquistas no se limitan a los salarios. Los acuerdos incluyen procedimientos formales para resolver conflictos laborales, protecciones frente a despidos sin causa justificada, disposiciones sobre trabajo remoto e híbrido y obligaciones para negociar determinadas formas de utilización de inteligencia artificial en los centros de trabajo.

El caso resulta especialmente relevante porque la industria del videojuego ha experimentado importantes oleadas de despidos durante los últimos años. La sindicalización de casi dos mil trabajadores de una de las empresas más conocidas del sector muestra que la organización colectiva empieza a extenderse hacia ramas de la economía donde históricamente había tenido poca presencia.

Mamdani y Trump: del enfrentamiento electoral a la cooperación institucional

Otro acontecimiento significativo se produjo en Nueva York.

El alcalde Zohran Mamdani recibió a Donald Trump en la residencia oficial de Gracie Mansion el 21 de septiembre. Después de la reunión, ambos participaron juntos en una conferencia de prensa.

Mamdani explicó que sus conversaciones con Trump se habían concentrado en el costo de la vida, el crecimiento económico y la construcción de vivienda. En particular, anunció que los equipos del Ayuntamiento y de la Casa Blanca continuarían negociando un proyecto para desarrollar aproximadamente 12,000 viviendas y 30,000 empleos en Sunnyside Yard.

Trump, por su parte, manifestó públicamente que esperaba que Mamdani fuera “un buen alcalde” y valoró positivamente el encuentro.

La relación ha llamado la atención porque ambos mantienen importantes diferencias políticas. El propio Mamdani ha señalado públicamente que existen numerosos desacuerdos entre ellos, pero sostiene que está dispuesto a trabajar con cualquier dirigente cuando considere que puede obtener resultados para los habitantes de Nueva York.

Al mismo tiempo, su administración ha mantenido enfrentamientos con Washington en otros terrenos. A comienzos de septiembre, por ejemplo, Mamdani acompañó a la gobernadora Kathy Hochul en una protesta contra la retención de fondos federales destinados a programas antiterroristas de Nueva York.

Por ello, más que una simple alianza entre ambos dirigentes, lo que aparece es una relación contradictoria de cooperación en determinados proyectos y confrontación en otros.

Varias caras de una misma sociedad

Estos cuatro acontecimientos pertenecen a ámbitos distintos y no deberían reducirse automáticamente a una sola explicación.

Pero puestos uno junto al otro permiten observar algunas tensiones centrales de Estados Unidos en 2026.

Por un lado, existe un poderoso aparato estatal capaz de organizar deportaciones internacionales y sostener operaciones militares prolongadas. Por otro, esas mismas políticas producen conflictos jurídicos, humanitarios y sociales, e incluso fuertes presiones dentro de las propias fuerzas armadas.

Simultáneamente, en los lugares de trabajo aparecen procesos diferentes. Los empleados de Blizzard demuestran que incluso en una industria tecnológica históricamente poco sindicalizada es posible construir organizaciones colectivas y obtener convenios que regulen salarios, despidos, condiciones laborales e incluso el uso de nuevas tecnologías.

Finalmente, la experiencia de Nueva York plantea otra discusión: qué ocurre cuando dirigentes surgidos de movimientos que cuestionaron a Trump pasan a administrar instituciones que necesariamente deben negociar con el gobierno federal.

Migración, guerra, condiciones de trabajo y política institucional aparecen así como dimensiones distintas de una sociedad atravesada por profundas contradicciones.

Y probablemente sea en la relación entre estas contradicciones —el poder del Estado, las condiciones de vida de los trabajadores y la capacidad de organización colectiva— donde se encuentren algunas de las claves para comprender la evolución política y social de Estados Unidos durante los próximos meses

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