El Che Guevara fue asesinado…

Artículo publicado en Tribuna Internacional-La Verité (IV Internacional-CIR); No. 42, diciembre de 1987.

Hace veinte años Ernesto “Che” Guevara fue asesinado en Bolivia algunas horas después de que fue capturado por el ejército de ese país. Durante las horas que precedieron a su asesinato fue echado en un salón de escuela. Estaba herido de bala. Médico, el mismo, sabía que sus heridas no eran mortales. Pero sabía que estaba condenado y que la orden de asesinarlo no podía durar más que algunas horas: el tiempo necesario para que los oficiales del lugar tomaran contacto con el gobierno boliviano y este con el de Estados Unidos.

Se pudo ver luego, en la calma que mostró durante esas últimas horas que antecedieron a su muerte, un signo más general: el del fatalismo, el del fin inevitable de un hombre que había dedicado su vida, bajo el signo de una aventura romántica y cuyo único propósito había sido dejar un ejemplo.

Esto es olvidar lo esencial: Ernesto “Che” Guevara fue un militante revolucionario dotado de una rara eficacia. Había sido uno de los dirigentes más importantes de la Revolución Cubana que, afines de los años 50, desafiaba abiertamente el orden imperialista a solo una centena de kilómetros de las fronteras del imperialismo más poderoso: el imperialismo norteamericano. Fue Ministro de Economía del Estado resultante de la revolución y, con este titulo, forjador de la transformación de una economía sobre la base de la expropiación de lo esencial del capital imperialista. Luego, durante los años que permaneció en África, antes de partir hacia Bolivia, participó de manera decisiva en los movimientos que condujeron en particular a la derrota del imperialismo portugués.

El Che fue uno de los que supo sacar, más profundamente, el balance de las derrotas que habían conocido dos revoluciones en América Latina en los años 50: la de Bolivia y la de Guatemala. El había comprendido que cuando se desafía el orden imperialista, la revolución sólo puede encontrar base de apoyo sólida en las masas obreras y campesinas, y que desde ese momento sólo puede tener eficacia una política que responda a los intereses de éstas.

En este cuadro él fue uno de los que había combatido más fuertemente en Cuba para que sean expropiadas las grandes propiedades en manos de las compañías norteamericanas. Esta eficacia es la que los gobiernos norteamericanos de la época temían. Es por ello que el Che era uno de los hombres más odiados por estos. Es por esta razón que el Che marco a toda una generación de hombres y de mujeres, de dirigentes estudiantiles y de obreros, sobre todo en América Latina.

Además, muy temprano Guevara comprendió, como otros dirigentes de la Revolución Cubana comprendieron, el peligro mortal que representaba el aislamiento para esta revolución. Como consecuencia de esto ellos intentaron tomar contacto con los otros pueblos de la región, comenzando por el pueblo norteamericano pero sobre todo en dirección a los pueblos de América Latina y de África.

ernesto-guevara-ministro-industriasEl símbolo de esta voluntad fue a principios de los años 60, el cambio de de toda la delegación cubana de la ONU hacia un departamento situado en Harlem, el barrio más marginal de Nueva York. Desde entonces, ellos encontraron, y en particular Ernesto Che Guevara, la oposición determinante y total de la burocracia stalinista de Moscú y de todos los partidos “comunistas” que de ella dependían. Hoy se imagina mal la violencia de los ataques y de la ofensiva de los PC pro Moscú o pro Pekín contra el Che Guevara. No se ha comprendido aún la firmeza de la respuesta de dirigentes como el Che a esta posición contrarrevolucionaria de la burocracia. La respuesta tenía sus orígenes en el hecho de que la Revolución Cubana había que tenido que enfrentar la alianza abierta entre el dictador Batista y el PC cubano (el PSP), pero también con tentativas de desestabilización abierta que venían de Moscú y Pekín contra la revolución Cubana. Es seguramente pensando en la situación de Cuba, y en el momento en que una parte de la dirección cubana comenzaba a tomar el camino de una estabilización en el cuadro de un status quo que implicaba medidas contra la movilización revolucionaria del pueblo cubano, que el Che Guevara escribiera en relación a Vietnam: “Si analizamos la soledad de Vietnam, nos sentimos cogidos por la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión, sus crímenes son inmensos y se extienden al mundo entero. ¡Esto nosotros lo sabemos señores! Pero son también culpables los que a la hora de la decisión dudaron en hacer de Vietnam una parte inviolable del territorio socialista.” Sin embargo, en estas frases está también toda la expresión de las debilidades de esta evolución política. El “momento ilógico” supone un error, ahora bien este error no existía, no había nada de tal. La Revolución Cubana, como todas las otra, estaba confrontada a la hostilidad abierta de una burocracia cuyo apoyo abierto al imperialismo no deviene de un error sino de intereses profundos: la hostilidad contra los pueblos a los cuales la burocracia se opone por la necesidad de defender sus intereses de casta privilegiada y , por lo tanto, la necesidad en este cuadro de desarrollar una política de alianza permanente con el imperialismo.

Allí donde estaba la naturaleza de una casta burocrática, el Che Guevara solo vio una política errónea…esto explica que haya tomado sobre él la responsabilidad de decir a los trabajadores de América Latina, en la vía de la revolución, que podrían en alguna medida evitar no la acción revolucionaria sino el trabajo pertinaz de construcción de nuevos partidos. Así, partiendo hacia Bolivia para intentar debilitar el cerco contra Cuba, pensó que podía obligar al Partido Comunista de Moscú a apoyarlo. Fue abandonado por ese partido y por su secretario general Mario Monje, cuyo nombre permanece ahora como símbolo de la traición.

Su asesinato nos recuerda, veinte años después, que nada podía remplazar el esfuerzo consciente de construir una Internacional y que esta no podrá construirse más que en un combate encarnizado contra el imperialismo y la burocracia stalinista, pero también teniendo confianza en el futuro revolucionario de la humanidad, sin lo cual no se podría comprender la evolución de hombres como Ernesto Che Guevara.

Miguel Cristóbal Artículo publicado en Tribuna Internacional-La verité (IV Internacional-CIR); No. 42, diciembre de 1987.

Miguel Cristóbal fue dirigente de la IV Internacional Centro Internacional de Reconstrucción. Fallecido en abril del 2005 a la edad de 54 años. Este gran camarada  desde su adolescencia actuó en el movimiento obrero de su país: Chile.

Militó en las filas del MIR de las cuáles se separó después de la experiencia del golpe de Estado, para más datos de Miguel Cristóbal consulte la Revista La Verdad No. 43-mayo del 2005.

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