
Este 11 de junio se inaugura en la Ciudad de México la Copa Mundial de Futbol de la FIFA, organizada conjuntamente por México, Estados Unidos y Canadá. Mientras los gobiernos y las grandes empresas celebran uno de los espectáculos deportivos más rentables del planeta, miles de trabajadores y sectores populares se movilizan en las calles exigiendo respuestas a demandas que llevan años siendo ignoradas.
Desde el pasado 1 de junio, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantiene una huelga nacional y un campamento permanente en el Centro Histórico de la capital del país. Los maestros demandan la abrogación de la reforma a las pensiones de 2007, que privatizó el sistema de retiro de los trabajadores del Estado y lo sustituyó por cuentas individuales administradas por los bancos.
La lucha de la CNTE pone sobre la mesa una realidad que afecta a millones de trabajadores: después de décadas de labor, las Afores condenan a la mayoría a recibir pensiones miserables. Frente a ello, los docentes exigen el retorno al sistema solidario e intergeneracional, basado en la responsabilidad colectiva y no en la especulación financiera.
Durante su campaña presidencial, Claudia Sheinbaum prometió revisar y derogar las reformas que lesionaron los derechos de los trabajadores estatales. Sin embargo, ya en el gobierno, su administración se ha negado a revertir la reforma de 2007, argumentando que ello provocaría una crisis en las finanzas públicas. Para los trabajadores, el verdadero problema no es la falta de recursos, sino la decisión política de seguir privilegiando a los bancos y grandes grupos financieros que se enriquecen administrando los ahorros de millones de empleados.
La CNTE exige una mesa de negociación en la que participe directamente la presidenta de la República. Ante la falta de respuestas, este 11 de junio está convocada una gran movilización en las inmediaciones del Estadio Azteca con el objetivo de visibilizar el conflicto en el marco de la inauguración mundialista.
La protesta ha trascendido el ámbito magisterial. A ella se sumarán colectivos de familiares de desaparecidos, trabajadores de la salud, productores del campo, transportistas, pensionados, estudiantes y diversos sindicatos. Todos ellos representan sectores golpeados por políticas que privilegian las ganancias privadas mientras se deterioran los derechos sociales.
La consigna que unifica estas luchas expresa con claridad el sentir de miles de personas: “Si no hay solución, no rodará el balón”. Detrás del brillo de los estadios y de los multimillonarios negocios de la FIFA existe un país atravesado por profundas desigualdades, salarios insuficientes, pensiones precarias, desapariciones forzadas y servicios públicos en crisis.
Los trabajadores recuerdan que ningún espectáculo deportivo puede ocultar indefinidamente los problemas sociales. Mientras los gobiernos buscan proyectar una imagen de estabilidad y prosperidad ante el mundo, las calles de la Ciudad de México muestran otra realidad: la de quienes luchan por una jubilación digna, por justicia para los desaparecidos, por salud, educación y condiciones de vida que permitan vivir con dignidad.
La disputa que hoy se desarrolla alrededor de la inauguración mundialista es también una disputa por quién tiene derecho a ser escuchado. Y miles de trabajadores han decidido que, si sus demandas siguen sin respuesta, el mundo deberá escucharlas por encima del ruido de los festejos.

