
Por Daniel Gluckstein Editorial del número 548 de LA TRIBUNE DES TRAVAILLEURS
En su discurso pronunciado el 4 de julio en ocasión del 250 aniversario del nacimiento de los Estados Unidos, Trump no hizo ninguna referencia a los Amerindios ni a los Negros.
¿Se puede uno sorprender?
La Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776 evoca a los Amerindios como “salvajes sin piedad”. Se funda una nueva nación sobre la base de la legitimidad de hecho de una esclavitud practicada en muchos Estados en esa época. En cuanto a las mujeres, no existe ninguna mención de sus derechos en una sociedad patriarcal, que lo que espera de ellas es la sumisión y el trabajo doméstico gratuito.
No importa lo grande que sean sus desacuerdos, los diferentes sectores de la burguesía que constituían en ese entonces a los Estados Unidos tenían un objetivo común: el empuje del capitalismo fundado sobre la propiedad privada de los medios de producción. Que ello signifique propiedad total y personal del amo sobre el esclavo o del derecho del capitalista para explotar la fuerza de trabajo durante la fracción de la jornada en donde, por el pago de un salario, se vuelve el único amo del uso de la fuerza de trabajo del proletario: era necesario que en 1776 esos dos sectores se unieran antes de que su rivalidad permitiera que uno de ellos se viera superada por el otro.
Al no mencionar a los Negros en la historia estadounidense, Trump se inscribe en la continuidad de 1776: los Estados Unidos se construyeron sobre el reconocimiento institucional de la esclavitud. Todos los Estados: los del Sur que la practicaban, y los del Norte que se unían a ellos sobre esa misma base. Es por lo que, incluso después de la abolición formal de la esclavitud – como continuación de la derrota del Sur en la guerra de Secesión, ochenta años más tarde -, las disposiciones del Código de la esclavitud fueron en su mayoría rebautizadas y … mantenidas.
En 1852, el viejo esclavo y militante abolicionista Frederick Douglass, invitado a tomar la palabra en ocasión del 14 de julio, declaraba: “Permítanme preguntarles por qué se me pide hablar el día de hoy. Yo y todos aquellos a quienes represento ¿tenemos algo que ver con vuestra independencia nacional? ¿Los grandes principios de libertad política y de la justicia natural inscritos en esta Declaración de independencia tienen algo que ver con nosotros? (…) ¿Qué puede significar para el esclavo americano vuestro “4 de julio”? Para mí, esta fecha señala, más que cualquier otro día del año, la espantosa injusticia y la terrible crueldad en donde el esclavo es la víctima permanente. Para el esclavo, esta conmemoración es una vergüenza; vuestra libertad es fanfarrona, un alborozo irreverente, vuestra grandeza nacional, una vanidad abotargada (…); vuestras denuncias de los tiranos son de una desfachatez desvergonzada; vuestros grandes discursos sobre la Libertad y la Igualdad de una ironía sin fondo.”
Así hablaba Frederick Douglass. Con “Vuestro 4 de julio”, del otro lado del Atlántico, y con “vuestro 14 de julio” desde este lado se pretende celebrar, a decir verdad, una libertad antes que cualquier otra: la de explotar y la de enriquecerse sobre el trabajo de los demás, ya sea del esclavo o del asalariado.
“Vuestra Constitución” de allá – la del 1776 embellecida con enmiendas – y “vuestra Constitución de aquí – la misma desde hace casi setenta años – tienen ambas la única función: garantizar el ejercicio de esta libertad de explotar.
Racismo, patriarcado, guerra, opresiones y discriminaciones desaparecerán cuando el mal se arranque desde las raíces: el régimen de la propiedad privada de los medios de producción.

