y la ola de calor apenas comienza
Artículo Extraído de LA TRIBUNE DES TRAVAILLEURS #548

Es urgente liberar los recursos necesarios para salvar miles de vidas
Entre el 22 y el 28 de junio murieron 2 025 personas más como consecuencia de la ola de calor, lo que representa un aumento cercano al 30 % respecto al mismo periodo del año pasado.
Y aun así, Salud Pública de Francia advierte que este cálculo es muy parcial y que los especialistas esperan evaluaciones definitivas —dentro de algunos meses— mucho más elevadas.
Como explica Basile Chaix, epidemiólogo:
«Los estudios indican que la mayor parte de la mortalidad ocurre durante los tres o cuatro días posteriores a la ola de calor, pero después hay enfermedades que se agravan».
Este aumento afecta principalmente a las personas mayores de 65 años.
Entre ellas, el número de muertes ocurridas en los domicilios casi se duplicó: aumentó un 91 %. Según Basile Chaix:
«Lo que se está poniendo en marcha actualmente no es suficiente».
Sin embargo, una buena parte del parque habitacional podría adaptarse a las olas de calor. El Centro Científico y Técnico de la Construcción señala tres medidas sencillas y poco costosas:
«Aislar los techos, instalar sistemas de protección contra el sol y colocar ventiladores de techo».
Pero para ello sería necesario que los organismos de vivienda social liberaran los fondos correspondientes.
En cuanto a los propietarios privados, que pronto podrán volver a poner en el mercado sus viviendas convertidas en auténticos hornos gracias a la ley del ministro de Vivienda, Jeanbrun, actualmente discutida en el Senado, no se entiende por qué realizarían estas obras.
Mientras una tercera ola de calor comienza esta semana, el personal sanitario ya se encuentra exhausto.
Enfrentados a una grave escasez de trabajadores incluso en “tiempos normales”, los profesionales de la salud tuvieron que realizar numerosas horas extraordinarias durante la ola de calor, mientras otros fueron requisados mediante la activación de los llamados “planes blancos”.
Desde entonces, el gobierno solo ha liberado 100 millones de euros para adquirir “equipos de enfriamiento”. Como consecuencia, se mantiene activo el plan Orsan 3, que implica la movilización máxima de todos los actores del sistema sanitario a escala nacional.
La ola de calor también provoca sequía y el sur del país está ardiendo.
Más de 11 000 hectáreas ya fueron consumidas por las llamas, frente a las 5 700 hectáreas registradas el año pasado en la misma fecha, mientras una veintena de incendios deben ser combatidos simultáneamente.
Cerca de 10 000 personas tuvieron que ser evacuadas de 26 municipios. Un bombero y un habitante resultaron heridos y se encuentran en estado de extrema gravedad.
Hay que señalar que, en este ámbito —como sucede con las escuelas y los hospitales—, el gobierno tampoco consideró necesario reforzar los recursos disponibles.
De los doce aviones Canadair existentes, ya envejecidos, dos se encuentran en mantenimiento y otros dos fueron encargados para… 2032. Los ocho aviones Dash llegarán al final de su vida útil de aquí a 2035. Mientras tanto, los 259 000 bomberos ven deteriorarse sus condiciones de trabajo debido al envejecimiento de los equipos.
Un informe parlamentario publicado en julio de 2025 describía un equipamiento que:
«Ya no está adaptado a las necesidades, las cuales aumentan rápidamente como consecuencia del calentamiento climático».
El informe también señalaba:
«Una disponibilidad muy insuficiente de las aeronaves frente al surgimiento de los megaincendios».
¿De quién es la responsabilidad, sino de los sucesivos gobiernos que, pese a las numerosas advertencias de los climatólogos, eligieron destinar los recursos a las armas en detrimento de las vidas humanas? ■
Christel Keiser

