Artículo extraído de LA TRIBUNE DES TRAVAILLEURS #546

Recordemos: hace apenas unas semanas, Trump anunciaba triunfalmente la firma de un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán.
Apenas transcurrieron unas semanas y Trump declaró que la tregua había terminado y que el acuerdo de paz ya no tenía razón de existir.
¿Qué justifica esta decisión? Según la versión de Trump, tres ataques no reivindicados contra barcos que atravesaban el estrecho de Ormuz. ¿Es verdad? Un presidente nunca miente, por supuesto, y mucho menos el presidente de la principal potencia capitalista.
Sin embargo, debe señalarse que Irán no reivindicó los ataques en cuestión. Sobre todo, no queda claro qué interés tendría Irán en provocar incidentes de este tipo.
Lo que sí es seguro es que la «respuesta» de Estados Unidos estaba prevista, preparada y fue completamente desproporcionada. Durante la primera noche de bombardeos, del 7 al 8 de julio, fueron alcanzados 80 objetivos militares, además de infraestructuras civiles, especialmente puentes ferroviarios.
Según el Ministerio de Salud iraní, catorce personas murieron y setenta y ocho resultaron heridas. Desde entonces, los bombardeos estadounidenses contra Irán se han repetido casi todas las noches.
¿Qué debemos concluir? Que, para Trump, la situación no podía haber sido más oportuna. Era una manera de presentarse como un guerrero victorioso en la cumbre de la OTAN y de afirmar: conmigo nunca habrá paz ni guerra, sino una guerra permanente, interrumpida por periodos más o menos prolongados de ausencia de combates.
Un estado permanente de guerra y caos que el imperialismo estadounidense se atribuye el derecho de intensificar o reducir a su conveniencia, de manera similar al genocidio contra el pueblo palestino: en algunos momentos muy intenso, en otros «más discreto», pero siempre en curso.
Añadamos que, de esta manera, Trump pudo conseguir fácilmente que sus socios de la OTAN destinaran decenas de miles de millones adicionales a armar a Ucrania. Esto le permite desligarse militar y financieramente de Europa para concentrarse en su propio rearme: hoy contra Irán y mañana contra China.
Además, obtuvo una «bonificación»: el anuncio del restablecimiento del bloqueo estadounidense sobre el estrecho de Ormuz y la imposición de un impuesto del 20 % a las mercancías que lo atraviesen.
Macron, quien ayer aplaudía con entusiasmo la paz supuestamente conseguida por Trump, aplaude hoy el rearme del corrupto régimen ucraniano decidido por la OTAN, con el respaldo de los gobiernos europeos.
En resumen, hasta el final de su mandato seguirá siendo, como lo ha sido hasta ahora, el obediente perrito faldero de Trump. ■
Sophie Rimbaud

