Estados Unidos: cuando el imperialismo senil vuelve a cuestionar el voto de las mujeres

Una discusión que parecía enterrada hace más de un siglo reaparece en Estados Unidos: sectores de la derecha cristiana y de la ultraderecha plantean sustituir el voto individual por un “voto por hogar”, en el cual el esposo, considerado “jefe de familia”, representaría políticamente a toda la familia.

La influencer ultraconservadora Savanna Faith Stone, por ejemplo, ha defendido públicamente la idea de “una familia, un hogar, un voto”, dejando la decisión final en manos del marido. Otras voces del mismo espacio político han llegado incluso a plantear abiertamente la derogación de la Decimonovena Enmienda, que reconoció constitucionalmente el derecho de las mujeres estadounidenses al voto.

En agosto de 2025, el propio secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, difundió un video de dirigentes religiosos que defendían derogar esta enmienda y sustituir el voto individual por el voto familiar. Aunque posteriormente el Pentágono afirmó que Hegseth respaldaba el sufragio femenino, el episodio demuestra hasta qué punto ideas anteriormente marginales encuentran hoy espacios dentro de las altas esferas del poder estadounidense.

La Decimonovena Enmienda, ratificada en 1920, prohibió negar el derecho al voto por razones de sexo. No fue un regalo de las instituciones estadounidenses. Fue producto de décadas de movilización, organización, desobediencia civil, persecución y cárcel sufridas por generaciones de mujeres. Incluso después de su aprobación, millones de mujeres negras continuaron enfrentando obstáculos racistas para ejercer plenamente ese derecho.

Por eso estamos ante algo que rebasa el sufragio femenino. El imperialismo estadounidense, en su etapa de decadencia y senilidad, comienza a poner nuevamente en discusión conquistas democráticas que durante décadas presentó como pruebas de su propia superioridad política.

Y México no está aislado de esta ofensiva reaccionaria. También existen sectores de la ultraderecha y del conservadurismo religioso que aspiran a hacer retroceder derechos conquistados por las mujeres, particularmente en materia de autonomía, derechos sexuales y reproductivos e igualdad jurídica. Lo que hoy algunos sectores se atreven a plantear abiertamente en Estados Unidos puede convertirse mañana en bandera política en otros países.

El capitalismo en crisis busca hacer pagar sus contradicciones a los trabajadores, las mujeres y la juventud. Junto con la militarización, la guerra y el autoritarismo aparece el cuestionamiento de conquistas democráticas que parecían irreversibles.

El voto femenino y los derechos de las mujeres fueron conquistados mediante la lucha. Sólo la movilización independiente de las mujeres, de la clase trabajadora y de la juventud podrá impedir que la ultraderecha haga retroceder la historia.

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