Palestina: Los gobiernos occidentales son cómplices de la violencia

«Soldados israelíes abatieron a un adolescente palestino de 14 años durante una incursión» en el campamento de refugiados de Al-Askar, en Cisjordania, denuncia el periódico israelí Haaretz (23 de agosto).

En 2025, el ejército israelí ya había tomado el control de los campamentos de refugiados de Yenín, Tulkarem y Nur Shams, expulsando a sus habitantes.

El ministro de Defensa, Katz, acaba de ordenar la toma de control de un nuevo campamento en Nablus, mientras se construye una base militar permanente cerca de Yenín.

Haaretz sospecha que esta base está «destinada a la protección de los colonos israelíes».

Y esto ocurre mientras el gobierno israelí se prepara para iniciar la construcción de 1,200 viviendas en el marco del proyecto de colonización E1, que dividiría Cisjordania en dos, como preludio de su anexión.

La situación ha llegado tan lejos que la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, llama al gobierno de Netanyahu a garantizar que «los responsables de la violencia cometida por los colonos rindan cuentas».

¡Qué audacia!

Como si Kallas no supiera que son Netanyahu y sus ministros fascistas Ben Gvir y Smotrich quienes arman y alientan a los colonos.

Por su parte, 102 exembajadores franceses y británicos exigen sanciones contra Israel, denunciando la «limpieza étnica».

Pero ¿qué sanciones?

Según el canal israelí Canal 13, las sanciones que la Unión Europea «contempla» podrían «incluir el etiquetado de productos procedentes de todo Israel, y no únicamente de aquellos provenientes de los asentamientos [colonias], así como una reducción de la cooperación universitaria».

¡Nada que pueda hacer temblar a los genocidas!

Para el historiador Vincent Lemire, «es precisamente la inacción de los gobiernos occidentales la que permite que la violencia se desate» (Le Monde, 18 de agosto).

La única vía para poner fin a la violencia, tanto en Gaza como en Cisjordania, es aislar al régimen sionista.

Esto supone, para comenzar, la anulación inmediata del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel y la ruptura de todas las relaciones —diplomáticas, militares, económicas, culturales…— del gobierno francés con el Estado genocida. ■

Dominique Ferré

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