Reportaje desde el infierno del desguace naval de Chittagong (Bangladesh)

El lugar se llama Sitakunda. Este astillero de desguace naval está situado en Chittagong, una gran ciudad portuaria a la entrada del golfo de Bengala. Se trata de la segunda ciudad más grande de Bangladesh.

Llegamos allí un mediodía de septiembre. El calor es sofocante.

Para evitar quemarse las manos, los trabajadores utilizan sus calcetines como guantes mientras cortan acero al rojo vivo. Se enrollan la camisa alrededor de la boca para evitar inhalar los vapores tóxicos. Descalzos, transportan fragmentos de acero que en cualquier momento pueden escapárseles de las manos.

A pesar de que el acceso está prohibido a los extranjeros e incluso a cualquier visitante, el corresponsal de La Tribune des travailleurs pudo entrar excepcionalmente al astillero gracias a un contacto de confianza.

Un trabajador, Jamal Hossain, nos explica:

«Las empresas no proporcionan a los trabajadores ni equipos de protección ni las herramientas necesarias para realizar el trabajo de manera segura».

En agosto, al menos nueve trabajadores murieron y otros cinco permanecían desaparecidos después de una fuga de gas tóxico a bordo de un barco. Este había sido utilizado anteriormente para transportar gas natural licuado (GNL).

Continúan las labores de búsqueda de los trabajadores desaparecidos. La empresa Ferdous Steel había comprado ese barco para desmantelarlo.

El responsable de bomberos Md. Towfiqul Islam Bhuiyan explicó a La Tribune des travailleurs:

«Parece que no se respetaron los procedimientos de seguridad. El barco debió haber sido completamente liberado de cualquier resto de gas antes de comenzar las operaciones de corte. Los responsables del astillero no siguieron las instrucciones. Los trabajadores expuestos al gas murieron, mientras que quienes se encontraban más lejos sobrevivieron. Recuperamos tres cuerpos en el lugar y vimos a varias personas tendidas en el suelo, inconscientes. Fueron trasladadas a un hospital de Chittagong».

Testigos declararon que, después de escuchar gritos provenientes del interior del barco, tuvieron que llevar ellos mismos al hospital a algunos de los heridos.

«¿Qué será de mí ahora?», se pregunta entre lágrimas Bhoumika Jaladas, embarazada de ocho meses, quien perdió a su esposo, Palash Jaladas, en el accidente.

Otros testimonios son aterradores.

Los trabajadores cuentan que han resultado heridos por la caída de fragmentos de acero o que han quedado atrapados dentro de los barcos cuando estos se incendian o cuando explotan las tuberías.

En estos astilleros de desguace no existe atención médica de emergencia accesible. A los trabajadores se les niegan los descansos. Incluso cuando resultan heridos en el trabajo, no tienen derecho a bajas por enfermedad.

En la mayoría de los casos, los trabajadores reciben solamente una parte de la remuneración a la que legalmente tendrían derecho de acuerdo con la legislación de Bangladesh sobre salario mínimo.

El medio ambiente no recibe un trato mejor que los trabajadores.

El astillero ha convertido la playa en un lugar lleno de peligros, ya que los residuos tóxicos son arrojados directamente sobre la arena y al mar. La contaminación es terrible y el ecosistema costero ha quedado devastado.

Son precisamente estas condiciones extremas de explotación las que convierten a Bangladesh en uno de los destinos preferidos de las multinacionales para el desguace de barcos.

Desde 2020, los trabajadores bangladesíes han desmantelado más de 520 barcos, un tonelaje muy superior al de cualquier otro país.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha descrito el desmantelamiento de barcos como uno de los trabajos más peligrosos del mundo.

Con el crecimiento del transporte marítimo y el envejecimiento de las flotas, el sector del desguace naval se ha convertido en una mina de oro para algunos, pero en una pesadilla para miles de trabajadores.

Numerosos armadores, para reducir costos y aumentar sus ganancias, envían sus buques mercantes, petroleros y barcos de crucero a terminar su vida útil en astilleros peligrosos y contaminantes.

Chittagong es uno de los mayores centros de desmantelamiento de barcos del mundo, si no el mayor.

En las costas del golfo de Bengala, decenas de miles de personas de esta región portuaria dependen de este trabajo para sobrevivir.

La semana siguiente a nuestra visita al astillero se reportaron otros dos accidentes graves.

Un trabajador de Chittagong Steel sufrió una grave lesión en la cabeza y permaneció tres días en cuidados intensivos en el hospital.

Estos accidentes repetidos subrayan la urgencia de garantizar que las promesas del Convenio Internacional de Hong Kong para el Reciclaje Seguro y Ambientalmente Racional de los Buques (CHK) se traduzcan en hechos concretos.

El CHK fue ratificado por Bangladesh en 2023 y entró en vigor en junio de 2025. Representa un primer paso para avanzar hacia una mayor seguridad laboral en los astilleros.

Pero es necesario ir más allá del simple cumplimiento sobre el papel.

Sin un compromiso real de los empleadores, una inspección eficaz por parte del gobierno y una fuerte participación de los trabajadores, la industria del desguace naval de Bangladesh seguirá siendo una de las más mortíferas del mundo.

Es cierto que existen reglamentos internacionales que prohíben exportar barcos hacia astilleros que no cuentan con medidas de protección laboral y ambiental.

Pero también existe toda una red bien establecida que permite a los armadores eludir estas regulaciones.

Se aprovechan de vacíos legales, como las empresas fantasma y las llamadas «banderas de conveniencia». Esto permite que empresas radicadas en la Unión Europea (UE) puedan afirmar que sus barcos proceden de otros lugares.

De esa forma, no están obligadas a enviarlos a un astillero de desguace autorizado por la UE.

En Bangladesh, el reciclaje de barcos está bajo la responsabilidad del Ministerio de Industria, que creó el Consejo de Bangladesh para el Reciclaje de Buques (Bangladesh Ship Recycling Board, BSRB).

Este organismo debería actuar como la autoridad competente encargada de certificar que los astilleros cumplen con las normas y de autorizar o rechazar el varamiento y posterior desmantelamiento de los barcos.

El BSRB está formado por miembros del Ministerio de Industria e incluye representantes de la Federación de Empleadores del sector del reciclaje naval.

Sin embargo, no cuenta con ningún representante de los trabajadores.

El gobierno de Bangladesh debería mostrar un compromiso político y técnico mucho mayor con la seguridad.

Ningún trabajador debería tener que arriesgar su vida para ganarse la vida.

Ante los accidentes que continúan produciéndose en estos astilleros de desguace naval, resulta urgente adoptar medidas obligatorias para proteger a los trabajadores.

Durante la última década, se calcula que al menos 135 trabajadores han muerto y más de 300 han resultado gravemente heridos.

Los sindicatos de la región han reclamado la creación de una base de datos exhaustiva que permita conocer la identidad de todas las personas presentes en los astilleros.

En efecto, los trabajadores, procedentes de distintas regiones del país en busca de empleo, son registrados únicamente mediante números de matrícula —como si fueran prisioneros— y, cuando se producen accidentes y muertes, no es extraño que los cuerpos sean simplemente arrojados al mar, al golfo de Bengala, para hacerlos desaparecer.

Las familias quedan entonces imposibilitadas para saber qué ocurrió con sus seres queridos.

Las organizaciones sindicales de la ciudad continúan exigiendo la creación de una oficina de registro sindical en Chittagong y que se permita constituir sindicatos dentro de los astilleros.

En ocasiones se enfrentan a hombres de choque al servicio de los patrones.

Es una lucha difícil, pero justa y necesaria.

Amlan Dewan, Bangladesh
5 de septiembre de 2026

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