Francia: una juventud que se organiza con los trabajadores para conquistar su futuro

Escuelas sin profesores, obstáculos para ingresar a la universidad y miedo a no encontrar un empleo digno. La juventud francesa se moviliza por problemas que también conocemos en México y América Latina. En esta lucha, la Federación de Jóvenes Revolucionarios–Cuarta Internacional y nuestros camaradas de la OCI defienden una orientación: que los estudiantes decidan democráticamente y unan sus fuerzas con los trabajadores.

«Por un futuro. Un futuro mejor». Así respondió una estudiante de bachillerato cuando unos turistas le preguntaron por qué se manifestaba en París. Su respuesta explica lo que suele desaparecer entre las imágenes de enfrentamientos: miles de jóvenes están luchando por la posibilidad de construir su vida.

Los reportajes del número 562 de La Tribune des travailleurs (semanario del Partido de los Trabajadores) recogen esa preocupación. En las manifestaciones del 17 de octubre participaron 800 mil personas según los organizadores y 550 mil según el Ministerio del Interior. Las cifras difieren, pero ambas muestran la magnitud de una movilización que reunió a estudiantes de preparatoria, universitarios y trabajadores.

Entre los manifestantes, una pareja llevaba una pancarta: «Recursos para nuestros hijos». Explicaban: «Cuando tus hijos de 15 o 16 años te dicen que no creen en el futuro, les aseguro que se te revuelven las entrañas. ¿Qué podemos responderles?».

La pregunta también nos interpela en México y América Latina. ¿Cómo pedirle a una generación que confíe en el futuro cuando encuentra obstáculos para estudiar, trabajar o independizarse? La experiencia francesa merece conocerse porque muestra cómo esa preocupación puede convertirse en organización colectiva.

Una escuela sin profesores también cierra oportunidades

Elisa —nombre cambiado en el reportaje— estudia en el liceo Jean Monnet, en Joué-lès-Tours. Los liceos franceses corresponden, aproximadamente, a nuestras preparatorias. Su testimonio permite entender las razones concretas de la movilización.

Cuenta que un grupo pasó seis meses sin profesor de Francés, aunque debía presentar el examen de esa materia al concluir el curso. También denuncia grupos de al menos 32 alumnos, donde los docentes tienen dificultades para atender a quienes necesitan apoyo.

Para un lector mexicano, acostumbrado a salones incluso más numerosos, esa cifra puede parecer pequeña. Pero acostumbrarnos a condiciones deficientes no las vuelve aceptables. La cuestión es si existen los recursos necesarios para garantizar una educación adecuada.

Cuando un profesor falta y nadie lo sustituye, los estudiantes pierden clases. Quienes pueden pagar buscan ayuda particular; quienes no pueden hacerlo cargan con la desventaja. Así, una decisión presupuestaria termina profundizando desigualdades entre jóvenes.

Elisa y sus compañeros comenzaron a movilizarse el 29 de septiembre. Organizaron bloqueos de su escuela y participaron en las manifestaciones. Además, formaron grupos para escribir colectivamente sus demandas: identificar los problemas y acordar qué exigir fue parte de su organización.

«¡El futuro no es un algoritmo!»

Una de las principales demandas es la supresión de Parcoursup. Para quienes no conocen el sistema francés, se trata de la plataforma que organiza las solicitudes de ingreso a la educación superior. Los jóvenes presentan opciones, pero no tienen garantizado estudiar la carrera que desean.

Elisa explica su preocupación: «Lo que me da miedo es que no se acepte ninguna de mis opciones». Después añade: «Todo nuestro futuro depende de un algoritmo cuyos criterios no conocemos».

Ella quiere estudiar Veterinaria. Sin embargo, señala que presentar el concurso de ingreso que menciona cuesta 80 euros. También explica que algunas solicitudes para otras formaciones tienen costos semejantes. Acumular esos pagos reduce las posibilidades de las familias con menos recursos.

No significa que todas las solicitudes de Parcoursup tengan una cuota. El problema que denuncia es que, además de la selección académica, determinados procesos de ingreso introducen una barrera económica.

En México y América Latina conocemos la incertidumbre de presentar un examen, pagar trámites y esperar un lugar. Los sistemas son diferentes, pero comparten una pregunta: ¿por qué el deseo de estudiar debe chocar con la falta de espacios y recursos?

Los estudiantes franceses exigen plazas suficientes para ingresar a la carrera de su elección. Por eso rechazan que la respuesta se limite a ajustar la plataforma. Su consigna expresa una demanda de fondo: «¡El futuro no es un algoritmo!»

Estudiantes y trabajadores tienen demandas comunes

Elisa plantea una conclusión que atraviesa los reportajes de este número de La Tribune des Travailleurs: «Creo que debemos movilizarnos con los profesores en la unidad, ¡porque en realidad nuestras reivindicaciones son comunes!».

Tiene razón. Las condiciones de trabajo de los maestros son también las condiciones de aprendizaje de sus alumnos. Contratar docentes permite atender mejor los grupos; mejorar las instalaciones beneficia a toda la comunidad; garantizar personal de apoyo evita que necesidades fundamentales queden desatendidas.

Esta relación se extiende fuera de las escuelas. Los estudiantes también necesitan hospitales, transporte y familias con ingresos suficientes. Muchos trabajan mientras estudian. Al terminar su formación, buscarán incorporarse a un mundo laboral donde ya enfrentan dificultades sus padres y hermanos.

En Nanterre, estudiantes de Historia se reunieron con sus profesores para preparar una posición común que llevarían a sus respectivas asambleas. Es un ejemplo sencillo de cómo construir unidad: discutir juntos, identificar necesidades y acordar acciones.

En Estrasburgo, una asamblea del personal universitario elaboró y votó sus demandas. Al discutir cómo conquistarlas, una trabajadora administrativa expresó: «¡Hace falta un movimiento de conjunto, una huelga general le haría bien a todo el mundo y es el medio para ganar!».

Qué significa preparar una huelga general

Para alguien que comienza a interesarse por la política, la expresión puede parecer lejana. Una huelga general supone la participación conjunta de trabajadores de distintos sectores que suspenden sus actividades para hacer valer demandas comunes.

Su fuerza proviene del lugar que ocupan en la sociedad. Los trabajadores mantienen en funcionamiento transportes, escuelas, hospitales, fábricas y servicios. Su acción organizada puede ejercer una presión que una protesta aislada difícilmente alcanza.

La unidad con los estudiantes amplía esa fuerza. Permite enfrentar conjuntamente decisiones que afectan tanto a quienes trabajan como a quienes se preparan para hacerlo.

Pero una huelga general necesita preparación: discutir en los centros de trabajo y estudio, acordar reivindicaciones, involucrar a los sindicatos y convencer a quienes todavía dudan. Una consigna adquiere fuerza cuando miles de personas la hacen suya y se organizan para realizarla.

Los testimonios muestran esa búsqueda. También muestran obstáculos: convocatorias dispersas, decisiones tomadas por grupos reducidos y dificultades para coordinar las acciones. Resolverlos forma parte de la lucha.

La FJR defiende que decidan los estudiantes

Nuestros compañeros de la Federación de Jóvenes Revolucionarios–Cuarta Internacional, FJR-IV Internacional, intervienen directamente en esta discusión.

Los reportajes de la publicación de nuestros camaradas, describen varias convocatorias a reuniones y coordinaciones estudiantiles que competían entre sí. Esta dispersión dificulta que quienes apenas se incorporan sepan dónde participar, quién convoca y qué decisiones representan realmente al movimiento.

En Estrasburgo, un estudiante propuso designar a los integrantes de un comité de movilización para saber quién actuaba en nombre de la asamblea. La respuesta de la mesa fue que no había tiempo. Sin embargo, elegir representantes es una condición para que la organización pertenezca a sus participantes.

Una militante de la FJR, que no pudo inscribirse para intervenir en aquella reunión, hizo llegar al periódico su propuesta: que las asambleas eligieran delegados con instrucciones precisas y con posibilidad de ser sustituidos.

Son los llamados delegados elegidos, mandatados y revocables. Elegidos porque los nombran sus compañeros; mandatados porque llevan acuerdos que deben defender; revocables porque la asamblea puede reemplazarlos si incumplen.

Mahel, también militante de la FJR, defendió una coordinación común basada en esos representantes. La propuesta permite que las decisiones nazcan de las escuelas y facultades, y que ninguna organización se proclame por sí sola dirección del movimiento.

Para los jóvenes latinoamericanos, esta experiencia tiene valor: participar significa poder discutir, votar, representar a los compañeros y pedir cuentas a quienes hablan en nombre de todos.

La intervención de nuestros camaradas de la OCI

La Organización de los Comunistas Internacionalistas de Francia, OCI, parte integral del Partido de los Trabajadores, aporta a esta movilización una perspectiva que relaciona las demandas inmediatas con la lucha contra el capitalismo.

En el Viernes Marxista del 16 de octubre, Daniel Gluckstein abordó la exigencia de derogar Parcoursup. Su razonamiento partió de una consecuencia práctica: si todos deben tener la posibilidad de estudiar, es necesario abrir lugares, contratar docentes y recuperar las instalaciones universitarias.

La discusión sobre el presupuesto aparece entonces inevitablemente. ¿De dónde saldrían los recursos? La OCI plantea enfrentar las prioridades que favorecen las ganancias empresariales y el gasto militar mientras restringen los servicios públicos.

Gluckstein añadió otra cuestión: después del título «tiene que haber trabajo al final». Los hospitales y las escuelas necesitan personal. Existen necesidades sociales que podrían atenderse mediante empleos estables y útiles.

Desde esta perspectiva, la falta de oportunidades no puede explicarse simplemente diciendo que los jóvenes eligieron mal su carrera o no se esforzaron lo suficiente. Hay decisiones económicas y políticas que impiden satisfacer necesidades existentes.

La OCI sostiene que conquistar estas medidas exige construir una fuerza capaz de hacer retroceder al gobierno. Esperar una elección deja intactos, mientras tanto, los problemas que afectan a estudiantes y trabajadores.

Unidad para luchar, con independencia política

Gluckstein explicó también la disposición de los revolucionarios a actuar junto con otras corrientes que estén de acuerdo en organizar la lucha por estas demandas.

Esto significa que estudiantes y trabajadores pueden movilizarse juntos aunque no compartan todas sus ideas. Pueden coincidir en exigir lugares universitarios, contratación de personal y el fin de la represión, conservando cada organización sus posiciones.

Para nuestros camaradas de la OCI, esa unidad debe servir para preparar la acción común y fortalecer la capacidad de decisión de los participantes.

La perspectiva socialista se vincula así con necesidades inmediatas: estudiar, trabajar y recibir atención médica. Plantea reorganizar la sociedad para satisfacerlas, colocando los grandes medios de producción al servicio colectivo y terminando con la explotación.

Esa orientación se expresa en las consignas impulsadas durante las manifestaciones por militantes del Partido de los Trabajadores de Francia y de la FJR: «¡Fuera Macron, abajo la represión!» y «¡Estudiantes de bachillerato, universitarios, trabajadores: huelga general en la unidad!»

Frente a la represión, ampliar la organización

Los camaradas denuncian la respuesta policial y el tratamiento mediático que concentra la atención en los destrozos mientras desplaza las demandas de cientos de miles de manifestantes.

Una participante, citada en los reportajes, afirma haber presenciado el ensañamiento policial y protesta porque los medios muestran únicamente a los alborotadores. Esa selección de imágenes dificulta conocer por qué se movilizan los jóvenes.

Defender el derecho a manifestarse es indispensable. También lo es esclarecer las agresiones y exigir responsabilidades. El Partido de los Trabajadores propone una comisión independiente integrada por representantes de organizaciones obreras y delegados de los estudiantes movilizados.

Al mismo tiempo, el periódico cuestiona los saqueos a pequeños comercios. Esas acciones no construyen la fuerza necesaria para transformar la sociedad y pueden alejar a personas que también padecen sus problemas.

La orientación revolucionaria defendida exige ampliar la participación consciente. Organizar una asamblea representativa, ganar el apoyo de los trabajadores y preparar una acción conjunta puede parecer más difícil que un gesto espectacular, pero permite construir una fuerza duradera.

Una lucha que también nos concierne

Francia y América Latina tienen historias e instituciones distintas. Conocer esta experiencia permite aprender sin trasladar mecánicamente sus formas de organización.

Su enseñanza principal es cercana: las dificultades que vivimos individualmente pueden tener causas comunes. Reunirse con los compañeros permite reconocerlas, formular demandas y buscar aliados.

Desde Tribuna de los Trabajadores expresamos nuestra solidaridad con la juventud y la clase trabajadora francesas. Respaldamos el combate de la FJR-IV Internacional y de nuestros camaradas de la OCI por la unidad, la democracia en el movimiento y una salida al servicio de los explotados.

El mitin internacional contra la guerra y la explotación del 8 de noviembre en París, con participación de una delegación de la LCI de México, será una ocasión para enlazar estas luchas.

Invitamos a los jóvenes a conocer y sumarse a la Liga Comunista Internacionalista y al combate del CORCI, Comité de Organización por la Reconstitución de la Cuarta Internacional. La preocupación por el futuro puede convertirse en una fuerza organizada para conquistarlo.

¡Recursos para la educación, no para la guerra!
¡Abajo la represión contra la juventud!
¡Estudiantes y trabajadores, unidos para vencer!
¡Por un futuro sin explotación!

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