La Stampa teme que su lucha «se una» con la de los agricultores y los obreros

El 16 de octubre, decenas de miles de jóvenes se manifestaron en toda Italia contra la guerra y el deterioro de los edificios escolares, para defender la escuela pública y contra los decretos del gobierno que, bajo el pretexto del elevado número de alumnos inmigrantes que no hablan italiano en los grupos, crean un clima de racismo y división. El diario La Stampa informa de 400 000 participantes, de Turín a Bolonia, de Roma a Milán, pasando por Cagliari y Nápoles… En los días anteriores se habían ocupado decenas de establecimientos. En efecto, los jóvenes están privados de futuro, mientras en las escuelas se multiplican los proyectos de apertura al sector privado, al ejército y a la policía, e incluso de colaboración con la industria armamentística, como Leonardo. Los jóvenes manifestantes del 16 de octubre eran a menudo los mismos que se habían movilizado un año antes contra el genocidio en Gaza.
Un motivo adicional de preocupación para el gobierno Meloni: estas manifestaciones coinciden con una movilización muy fuerte de agricultores del sur del país y transportistas contra el aumento de los precios, que cortaron carreteras y bloquearon la circulación durante cinco días.
Y la situación es todavía más tensa en la siderúrgica Ilva, en Génova y Tarento. En Génova, ante el anuncio de una reducción de la producción y del paso de miles de trabajadores al régimen de desempleo parcial, los obreros se declararon en huelga y acudieron masivamente a la prefectura de la ciudad, que ocuparon hasta que se les garantizó la suspensión de las medidas de desempleo parcial. Pero, dos días después, la dirección de Ilva anuncia que se desdice de sus compromisos. La reacción de los obreros, encabezados por la Fiom —federación sindical metalúrgica de la CGIL, nota de la redacción—, no tardó: se convocó una nueva manifestación para el 19 de octubre, mientras que en Tarento, ante los anuncios de cierre de la producción, se prepara la lucha. Un editorial de La Stampa se inquieta: «Las luchas corren el riesgo de unirse».
Porque el gobierno acaba de hacer aprobar en el Parlamento una nueva ley electoral que eleva el umbral de firmas necesarias para presentar una lista a las elecciones legislativas y garantiza a la lista más votada un número significativo de representantes en nombre de la «estabilidad»… Un nuevo ataque a la democracia.
En este contexto, la manifestación organizada por la CGIL en Roma el 17 de octubre, aunque basada en consignas muy generales y confusas —«Defensa de la democracia, de la Constitución, por otra política», etc.—, reunió a 100 000 trabajadores, jóvenes y jubilados. Landini, secretario general de la CGIL, anunció allí una «huelga general» para el 20 de noviembre. Previamente, los llamados sindicatos de base habían anunciado una huelga para el 30 de noviembre.
Es seguro que trabajadores y jóvenes están dispuestos a «unir sus luchas». La cuestión que se plantea es precisamente la de la unidad con las organizaciones, sobre la base de reivindicaciones concretas, para hacer ceder al gobierno y expulsarlo sin esperar a las elecciones del verano de 2027.
Lorenzo Varaldo, 18 de octubre.

