Este 6 de junio vota por los candidatos obreros de la OPT

Este 3 de junio salió la nueva edición de nuestro boletín Transición, de la Liga Comunista Internacionalista. Te invitamos a adquirirlo. A continuación reproducimos la editorial.

Vota por los candidatos obreros de la OPT, Construyamos un Partido Obrero Independiente

La situación mundial en este momento se caracteriza por la profundización de la crisis económica que se ha ahondado por los efectos de la pandemia del COVID 19 que vive su tercera ola: El Banco Mundial estima que esta crisis será la más profunda desde la de 1929, el desempleo, la reducción de salarios y las tragedias humanitarias como la que vemos hoy en la India son la expresión más inmediata de la falta de salidas que ofrece el sistema capitalista. Al mismo tiempo los pueblos y los trabajadores comienzan a movilizarse nuevamente, como lo vemos en Chile, en Colombia, en Palestina, buscando acabar con los regímenes que les oprimen y condenan.

En este contexto el próximo 6 de junio se realizan las elecciones intermedias en nuestro país. Se elegirá a la nueva cámara de diputados federal, 15 gubernaturas y congresos locales. Estas elecciones serán cruciales para el rumbo de la nación y para el futuro del gobierno de AMLO.

La LCI, agita  una plataforma electoral, que recupera las necesidades urgentes de los trabajadores y la nación mexicana. Durante los últimos meses hemos discutido con activistas de los movimientos sociales, con las bases de MORENA y del PT la necesidad de presentar candidatos que retomen estas demandas. Candidatos con una política independiente que se enfrenten a los políticos, a los grupos de poder que dentro y fuera del gobierno pretenden dar continuidad a la política de destrucción de derechos y entrega de la soberanía.

También hemos discutido sobre la falta de un instrumento político de la clase trabajadora, que permita a los explotados y oprimidos irrumpir en la política nacional, como protagonistas del cambio, para dejar de ser una masa electoral amorfa movida por los intereses de tal o cual grupo burgués.  Hemos planteado la necesidad de construir un Partido Obrero Independiente, donde converjan las corrientes y dirigentes del movimiento obrero que se coloquen en el terreno de la independencia política de la clase trabajadora.

El diálogo ha sido enriquecedor, nos ha constatado el deseo de resistencia, la voluntad de cambio que existe entre diversos sectores del proletariado y campesinado mexicano, entre quienes se han movilizado las últimas décadas, entre quienes vieron en AMLO un punto de apoyo para golpear al régimen y avanzar en un cambio para la nación (algunos de ellos han vistos sus expectativas frustradas).

No es cuestión de voluntad es un asunto de clase.

A tres años de tsunami electoral que llevó a AMLO al poder, los cambios no llegan: Resulta incomprensible, para una buena parte de los mexicanos que, la mayoría otorgada en las cámaras de Senadores y Diputados no se viera reflejada en los cambios que se necesitan.

Aparentemente MORENA y el presidente desperdiciaron la posibilidad histórica de echar atras las reformas constitucionales del llamado “periodo neoliberal”, romper con los Tratados de Libre Comercio, realizar un profundo cambio en el poder judicial, desaparecer los llamados órganos autónomos y avanzar en la recuperación de la soberanía nacional.

Si bien se ha justificado que no era posible cambiarlo todo en unos cuantos meses, también es real que este gobierno ha contado con el mayor apoyo popular para lograr estos cambios. Apoyo que se ha ido desgastando conforme avanza su gestión.

También se argumenta que no son posibles los cambios radicales y que el gobierno ha actuado en el marco dejado por los gobiernos anteriores. Pero también es verdad que se pudo haber convocado a un Congreso Constituyente donde de manera democrática y a través de amplias mayorías la población avalara los cambios. La elección de diputados constituyentes en Chile es un claro ejemplo de que existen alternativas para acabar con la herencia de los regímenes neoliberales.

También se ha dicho que el gobierno de AMLO ha buscado no polarizar ni dividir a la población, pero en los hechos y pese a no haber realizado ninguna reforma de importancia, la derecha, detrás de ella el imperialismo, han constituido un bloque bien cohesionado y cada vez más reaccionario para oponerse a las demandas populares. Con un discurso demagogo capitaliza la crisis económica y los efectos de la pandemia, la desilusión con las administraciones de MORENA.

Para nosotros la LCI, queda claro que no ha sido la falta de voluntad o las condiciones dejadas lo que ha impedido los cambios, sino que se trata del horizonte programático de MORENA y del presidente, para el cual, la corrupción es la principal causa de la pobreza y desigualad en el país.

Para el presidente AMLO, es posible un capitalismo decente, regido sobre principios éticos y una economía de moral, donde los grandes patrones actúan de manera honesta y solidaria con los más pobres.

Siendo así entonces no existe divergencia de fondo con las medidas tomadas por los gobiernos neoliberales, la diferencia se centraría en cómo fueron llevadas a cabo dichas medidas, es decir, en quienes se beneficiaron de ellas. Un ejemplo: las privatizaciones que fueron realizadas de manera poco transparente, beneficiando a pequeños grupos del poder político y económico, la llamada “mafia del poder”.

Para el gobierno de la 4T, la llamada rectoría del estado, se limita entonces a garantizar condiciones ecuánimes en el mercado y a la recaudación fiscal para apoyar a los más necesitados, sin cuestionar al sistema de la propiedad de los medios de producción.

Como hizo en el gobierno de la Ciudad de México, AMLO se centra en reducir el conflicto político en las calles, cooptando a las dirigencias sindicales y de los movimientos sociales para lograr estabilidad en el gobierno, al tiempo que busca alianzas con los grandes empresarios y negocia con los grupos económicos que no se someten, amenazándolos con el uso de la fuerza institucional del Estado. Lo que en terminología marxista llamamos un gobierno bonapartista.

Caracterización clásica a la cual hay que sumar las condiciones generadas por la crisis y descomposición del capitalismo, que ha generado una desigualdad social nunca antes vista, que se refleja en la descomposición social, la precariedad y la pobreza generalizada, que sin atención estatal puede resultar en un estallido social, de ahí la prioridad dada a los “pobres” a través de los programas sociales, que garantizan la fidelidad de esta capa desorganizada al gobierno en turno.

El horizonte de cambio de la 4t se enmarca en un sistema capitalista utópico, que no reconoce la lucha de clases, pero es precisamente esta lucha la que se impone en la realidad de este gobierno: la férrea voluntad de algunos sectores en mantener la continuidad de los proyectos económicos de los gobiernos anteriores confrontado al deseo de cambio desorganizado y disperso de su base electoral.

En esta disputa el imperialismo toma partido, el gobierno norteamericano y sus agentes están dispuestos a tomar medidas para evitar que el pueblo organizado y movilizado imponga al gobierno medidas que rebasen el marco de su programa, como sucedió en Venezuela o Cuba. La posibilidad de la intervención extranjera como en Bolivia o Venezuela, no está descartada.

Las medidas contradictorias

En el sistema capitalista en descomposición dominado por el saqueo de los recursos por las empresas trasnacionales, por la búsqueda de la reducción del costo de la fuerza del trabajo y la descomposición social, el margen de maniobra para un gobierno bonapartista como el de AMLO es muy reducido, de ahí que se agudicen sus contradicciones.

Los gobiernos bonapartistas buscan mantener la estabilidad social para ello deben otorgar algunos derechos, beneficios a la clase obrera y a los sectores oprimidos, para lograr la estabilidad económica deben complacer a los sectores imperialistas que dominan la economía y disciplinar a su arbitrio a los sectores de poder nacionales. En el marco de una nueva crisis económica iniciada a finales de 2018 y profundizada por la pandemia del COVID, esta resulta ser una tarea nada sencilla para Obrador.

En Latinoamérica hemos tenido la experiencia de gobiernos de este tipo, y fue gracias al alto precio de las materias primas que exportan estos países, que estos gobiernos pudieron aplicar políticas sociales y redistributivas y mantenerse en el poder por varios años.

Pero en el caso mexicano, las condicionantes son mayores, debido a su dependencia respecto al imperialismo norteamericano, que, a través de su alianza con la oligarquía mexicana, modificó las leyes nacionales a su beneficio, facilitando la explotación de mano de obra barata, las privatizaciones y el saqueo (a través del TLCAN y las reformas estructurales).

Por otra parte, la oligarquía organiza una oposición, que, aunque debilitada por el desprestigio de los partidos tradicionales, actúa de manera activa y militante, capitalizando el descontento social, con un discurso cada vez más reaccionario.

A esto hay que sumar que AMLO no cuenta con un partido fuerte, ni ideológica ni organizativamente, mucho menos democrático. Al interior de MORENA conviven viejos priistas, panistas, conservadores, con líderes populares personajes de la “izquierda”. Han sido los propios legisladores de MORENA quienes han obstaculizado algunas reformas presentadas por AMLO.

Los cambios propuestos en el marco de la “economía moral” de la Cuarta transformación, en su mayoría no van al fondo de los problemas y han buscado una conciliación entre clases que solo beneficia la continuidad del proyecto neoliberal.

Las reformas a las AFORES, la reciente reglamentación del Outsourcing, se negociaron a espaldas de los trabajadores, teniendo como interlocutores principales a las cámaras empresariales, a los bancos y a los líderes charros.

Las reformas laborales, que atendieron a la adecuación al marco del nuevo Tratado de Libre Comercio (T- MEC),  han quedado en letra muerta, ya que no han garantizado ni la democracia, ni la libertad sindical, por el contrario ejemplos como el de la consulta por la ratificación del contrato en la planta de General Motors en Silao, muestran el apoyo que las estructuras de gobierno siguen dando a las organizaciones sindicales corporativas. Lo mismo ha sucedido con los ataques a las organizaciones sindicales democráticas como el SME o SUTNOTIMEX.

Un espacio especial merece la Reforma Educativa, que lejos de abrogar la reforma de Peña Nieto, mantiene su esencia privatizadora, si bien se canceló la evaluación punitiva de los docentes, se ha implantado el USICAMM otra forma de evaluación, además se ha regresado el control administrativo al SNTE, quien ahora se presenta como un aliado del presidente.  Mientras que el cumplimiento de las demandas de la CNTE y de los normalistas son incumplidas.

Por otra parte, las medidas que en alguna medida afectan los intereses del imperialismo han sido obstaculizadas, como sucede con reformas energéticas de AMLO (electricidad e hidrocarburos), aprobadas en las cámaras, pero frenadas por el poder judicial que las considera anticonstitucionales y cuestionadas por los legisladores norteamericanos que las consideran violatorias del T MEC (Tratado comercial negociado por Peña Nieto y firmado por AMLO)

Por otra parte, ante la nula respuesta a sus demandas, hartos de la política de diálogos sin resoluciones ni soluciones, las organizaciones sociales y sindicales que actuaron por décadas contra los gobiernos del PRIAN, que debieran ser considerados aliados naturales de un gobierno que dice representar al pueblo, despiertan de la luna de miel y comienzan a emprender movilizaciones, que han sido descalificadas y criminalizadas.

La represión vivida en los últimos días en Chiapas, contra los profesores de Telebachillerato Comunitario y contra los estudiantes normalistas, muestra como los gobiernos locales de la 4T han reiniciado la represión a los sectores movilizados.

La pugna inter burguesa, y la descomposición de MORENA

Es en este escenario que se desarrolla la elección intermedia, donde se presentan dos bloques de partidos burgueses que se disputan la posibilidad de gestionar el estado mexicano y posiciones para acomodarse a la nueva forma de dominación política

Por una parte, están los viejos partidos del régimen, el PRI, PAN y PRD unidos en coalición y respaldados por las cámaras empresariales. Su desprestigio sigue siendo profundo entre las masas y salvo algunos bastiones electorales que aun controlan se proyecta que no logren vencer a la coalición que respalda a AMLO.

Por su parte MORENA, se presenta en una alianza con PT y Verde, que según las encuestas logrará la mayoría absoluta en la cámara de diputados y al menos 11 de las gubernaturas en disputa.

Como aliados del gobierno también se presentan los partidos de reciente registro, que no lograron ir en coalición por que lo prohíben las leyes electorales, estos partidos son RSP (antiguo PANAL, ligado a Elba Esther Gordillo) Fuerza por México (ligado a la central sindical CATEM) y el PES, partido conservador de origen evangélico. Pese a que estos partidos no representan una fuerza considerable, su peso en las cámaras será crucial, ya que sus votos serán necesarios para que AMLO pueda aprobar cualquier reforma o presupuesto. Venderán su amor muy caro.

Un elemento que marcó estas elecciones fue el acelerado proceso de descomposición de MORENA, al cual se han mudado diversos personajes provenientes de los viejos partidos del régimen. Para nadie fue un secreto el malestar que desató entre las bases del partido la imposición de candidaturas desde la dirección nacional que en aras de la competencia electoral favoreció a estos personajes arribistas y oportunistas.

El método de selección vía encuesta, mostró su antidemocracia, ya que no se consultó a los militantes y bases de MORENA y en muchos casos las propias encuestas y su metodología fueron impugnadas.

El resultado es que fueron los grupos de poder locales quienes se han apoderado de la mayoría de las candidaturas, muchos de ellos serán reelectos ahora a través de MORENA, numerosos son los casos en que los personajes que lleguen a los cargos a nombre de la 4T sean los mismos contra quienes han luchado los movimientos sociales y aún las mismas bases de MORENA.

Ante la falta de una alternativa popular y de los trabajadores, las elecciones se presentan abiertamente como una pugna entre dos grupos burgueses que se disputan la administración del estado y un lugar en la nueva forma de dominación que se construye actualmente.

La polarización: un engaño para la clase trabajadora

Ambas coaliciones aparecen como enfrentadas, pero tienen en común la defensa del sistema capitalista, ninguna de ellas cuestiona el sometimiento al imperialismo o las prácticas de explotación.

Se ha presentado esta disputa interburguesa como un conflicto entre dos polos, por una parte, la oposición habla de quienes “llevan al desastre a México” y quienes “quieren recuperar el rumbo” y el oficialismo habla de “liberales contra conservadores”.

Si bien hay que reconocer que existen diferencias entre ambos bloques, que uno representa volver al pasado de represión y corrupción y que otro busca regenerar al régimen implementando un nuevo corporativismo, ninguna de las dos coaliciones representa los intereses de la clase trabajadora.

En este discurso donde se pretende que solo existen dos opciones, y que habría que votar por el mal menor,  la clase trabajadora y el pueblo en general están ausentes como opción electoral, y este es precisamente el problema apremiante que debe resolverse, para avanzar en la independencia de clase.

Avanzar en la conformación de un Partido Obrero Independiente

La Liga Comunista Internacionalista, ante la falta de una representación de la clase trabajadora ha impulsado en los últimos meses la discusión de una plataforma política que responde a la pregunta: ¿Cuáles son las medidas que un gobierno obrero debería tomar para enfrentar la crisis, rescatar la soberanía y los derechos?

Actuando al interior de la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT) hemos impulsado foros, asambleas, discusiones para dialogar con los movimientos sociales, corrientes políticas, colectivos y con las bases de MORENA y del PT, les hemos planteado utilizar cualquier resquicio en el sistema electoral burgués para presentar una alternativa política independiente.

Como resultado se ha logrado postular a candidatos de la OPT bajo el registro del PT en Chiapas, en diversos municipios, candidaturas que presentan un programa de defensa de los servicios públicos, de los derechos y promotoras de la organización de asambleas populares. Candidatos que denuncian las imposiciones del Partido Verde, de los caciques que buscan seguir gobernando Chiapas ahora bajo los colores de MORENA.

En Baja California, la OPT ha lanzado una campaña a gobernador sin registro electoral, llamando a votar en el espacio en blanco, contra las imposiciones y los grupos de poder locales. Con una plataforma que recoge las demandas que han movilizado al pueblo bajacaliforniano, en particular la salida de la empresa Constellation Brands.

En ambos lados de la frontera, con condiciones particulares, la LCI y los compañeros que se reclaman de la OPT, hacen notar la necesidad de la construcción de un Partido Obrero que se proponga disputar el poder político y ser una alternativa a la disputa interburguesa.

 Cualesquiera que sean los resultados de las elecciones de este año, la intención es agrupar a quienes están de acuerdo con la plataforma y en conformar un Partido Obrero Independiente. En ese sentido estamos convocando para los próximos meses a un Encuentro Nacional de 100 dirigentes por la construcción de un Partido Obrero Independiente.

Un partido que deberá ser democrático al interior e independiente, un partido que viva el cumplimiento de las demandas sociales, para ampliar los derechos laborales y sociales, para rescatar la soberanía nacional.

Un partido creado para luchar y no solo para las elecciones, conformado por comités vivos en la lucha de clases, que tomen las decisiones del partido de manera democrática por sus propios militantes.

Un partido que, a diferencia de MORENA, sea consecuente en la prohibición del outsorurcing, en la renacionalización de lo privatizado, en la garantizar pensiones dignas, acabar con las AFORES, ampliar los derechos sociales… que se proponga la convocatoria de un Congreso Constituyente para retomar el espíritu del artículo 39 de la constitución que a la letra dice:

“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”

Te invitamos a que conozcas esta propuesta, que discutas con nosotros la plataforma que hemos propuesto a construir juntos esta reunión nacional por un POI.

Vota por los candidatos obreros de la OPT.

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