A tres años de gobierno de AMLO:¡Luchar y organizarse por una verdadera trasformación!

LIGA COMUNISTA INTERNACIONALISTAComité de Organización por la Reconstitución de la Cuarta Internacional

  Manifiesto a tres años de gobierno de AMLO: ¡Luchar y organizarse por una verdadera trasformación!

¡Por un Congreso Constituyente que renacionalice todo lo privatizado y rescate la Soberanía Nacional!

¡Avancemos en la necesaria independencia política de la clase trabajadora, por un partido obrero independiente!

¿Qué mandato dieron los trabajadores al votar por Obrador en 2018?

Hace tres años, 30 millones de mexicanos votamos para colocar a AMLO en la Presidencia de la república, lo hicimos para dar un golpe a los viejos partidos tradicionales cómplices del régimen capitalista que casi destruyó a la nación; lo hicimos para frenar la entrega de las riquezas naturales, para acabar con el desempleo, los abusos y la explotación laboral ante los salarios de miseria y la falta de derechos sindicales, para poner fin a la violencia provocada por la economía de la droga y la miseria, para poner fin a las privatizaciones destructoras y la militarización.

A tres años de distancia, a la mitad del sexenio, la política económica llamada 4T, se ha limitado a la entrega de apoyos sociales insuficientes y plagados de corrupción (caso del programa Jóvenes Construyendo el Futuro) y reformas cosméticas como en los casos de la reforma Educativa y el outsourcing. Los avances en el mandato popular han sido mínimos, no se han echado atrás las reformas constitucionales, la continuidad con las políticas macroeconómicas del pasado es evidente en los casos de los salarios de miseria, en el caso de la falta de libertades sindicales, de la aceptación de imposiciones de los E.U.  (migración, el T-MEC, militarización, etc.). Reaparecen agresiones laborales como los reglamentos de excepción contra los sindicatos y el desconocimiento de la bilateralidad patró-sindicato, imponen la UMA para reducir las pensiones, solo se maquilla el outsourcing y las Afores privatizadas continúan.

Las oposiciones burguesas (empresarios y aliados en el interior de todos los partidos oficiales, incluida el Morena) con el aval y apoyo del imperialismo se organizan para detener cualquier reforma progresista en este sentido, valiéndose de todos los medios, de los instrumentos e instituciones jurídicas impuestas en los sexenios pasados, mientras que la clase trabajadora sigue sin una representación política propia que haga valer y pesar su fuerza en defensa de  sus intereses vitales para su existencia hoy más amenazada que nunca.

Ningún partido nos ha representado, defendido o acompañado en nuestras luchas cotidianas

En las elecciones federales y estatales recientes, la voz de la oprimida clase trabajadora y sus sectores, no estuvo representada por ninguno de los partidos oficiales y sus coaliciones. Solo se trató de una pugna interburguesa para saber quiénes detentarían por tres años el control del Estado mexicano y su administración, para continuar con los negocios particulares y continuar salvaguardando a los dueños del capital explotador interno y principalmente del exterior.

 El partido del presidente, Morena, perdió 5 millones de votos aunque por la enorme irritación social contra el PRI, PAN y PRD, obtuvo 11 gubernaturas, que no tardarán en desilusionar a las masas populares. Debido a la antidemocracia interna y las imposiciones corruptas y antidemocrátricas en las candidaturas, ha aumentado el descontento de la población trabajadora con sus administraciones morenistas que han impuesto un severo “plan de austeridad”, como siempre, lo mandataron las instituciones del gran capital (FMI, BM y OCDE). Crece la desconfianza en Morena por sus alianzas con grupos de poder caciquil tradicional, y políticos venidos del PRI y del PAN, VERDE, por su alianza con grupos de la mafia organizada, pero sobre todo, por su inconsecuencia política, al no ser capaz -el gobierno de la 4T- siquiera de llevar adelante el moderado programa que en su campaña agitó el mismo Obrador (empleo para todos, salarios suficientes, reducir los precios del gas, gasolinas, encarcelar a la mafia del poder, etc.).

Las demandas populares no fueron retomadas por los candidatos oficiales y el divorcio es cada día mayor con los sectores populares y el sindicalismo, sobre todo el independiente, que durante décadas lucharon contra el llamado “neoliberalismo”. Obrador y la 4T,  apuesta por la “estabilidad política” y la reconstrucción de un nuevo régimen corporativista de conciliación de clases, como en la época de control de las masas con   la CTM, CNOP, CNC, PRI y PAN.

Como nunca antes se pone a la orden del día la necesidad de la independencia política de la clase trabajadora, única fuerza capaz de llevar adelante las trasformaciones necesarias y de unir detrás de sí -ante la posibilidad de un estallido social-, con sus propias demandas, a las capas oprimidas de la ciudad y el campo, a las mujeres, a los jóvenes, a los pueblos originarios.

Es urgente avanzar en la construcción de un Partido Obrero Independiente, para avanzar en el proceso de la tarea histórica por la Revolución Socialista no burocrática, bajo control Obrero y Campesino, un partido proletario que en este momento plantee la necesidad de la destrucción del viejo régimen y sus instituciones putrefactas (SCJN, INE, cámaras legislativas, reformas destructoras, leyes injustas e impuestas a la clase trabajadora, etc.)  y la organización de la clase proletaria con sus propias organizaciones democráticas e independientes (sindicatos democráticos, centrales sindicales Independientes, asambleas de pueblos y barrios en todo el país sobre todo, etc.).

Un partido que proponga al pueblo de México la convocatoria a un Congreso Constituyente libre y soberano, para echar abajo las reformas estructurales, renacionalizar lo privatizado y recuperar la riqueza de la nación, garantizar los servicios públicos y los derechos sociales.

Un partido que luche por llevar adelante un programa de lucha contra la crisis económica capitalista, que ponga en marcha las medidas para salir de la crisis sanitaria y social.

La Liga Comunista Internacionalista sección del Comité de Organización por la reconstitución de la Cuarta Internacional, llama a los trabajadores, a los jóvenes, a las mujeres a organizarse en ese sentido.

Revolución y contrarrevolución

El escenario internacional se agita socialmente entre socialismo o barbarie, no hay tercer camino para el futuro y existencia de la clase trabajadora y la civilización, hoy más amenazadas que nunca.  México no se escapa de esta situación.

No podemos construir con éxito una organización política nacional, sin considerar la situación internacional (la lucha de clases es internacional en su origen y contenido y nacional en su forma y ritmos). La crisis económica de México y del mundo, es reflejo de la crisis internacional del capitalismo y de sus aparatos de control sobre las masas. La crisis sanitaria derivada del coronavirus, provocado por los intereses capitalistas mundiales (imperialismo), ha sido la oportunidad para la burguesía internacional y sus gobiernos pro-imperialistas, de tomar medidas para intentar salir de la crisis permanente recesiva del sistema de explotación de la propiedad privada de los medios de producción,  (rebajar el precio –salarios- de la fuerza de trabajo obrero, aumentando  las condiciones de explotación a nivel internacional aniquilando derechos políticos y laborales conquistados en décadas de lucha de clases, para profundizar el saqueo de recursos naturales y someter la resistencia de los pueblos por medio de la policía, militares, bandas armadas, reforzadas con el confinamiento impuesto.

Los gobiernos de todos colores (salvo raras excepciones) han endeudado a sus pueblos con los bancos imperialistas y han dado millones de dólares a las empresas privadas bajo el pretexto de salvar la economía; han contraído millones en deuda para estos rescates, sumas que serán pagadas por los pueblos que ni los solicitaron ni gozarán de dichos préstamos.

Al mismo tiempo, la pandemia del COVID muestra hasta dónde puede llegar el puñado de imperialistas en el desprecio por la vida de la clase trabajadora, quien es principalmente la aniquilada. Detrás de todos los discursos se ensaya el teletrabajo, destruyen nuestros derechos sindicales y políticos, se ocultan los grandes beneficios que ha traído esta crisis a la clase burguesa, en particular al monopolio y especulación con las vacunas: las transnacionales de las farmacéuticas han visto crecer sus fortunas colosales en la misma medida en que se ha destruido el nivel de vida de los pueblos del mundo.

En todo el mundo la mayoría de direcciones políticas y sindicales oficiales llamadas charros, alineándose a los intereses del imperialismo y sus gobiernos de todo color ideológico, han hecho llamados a los pueblos y los trabajadores para aceptar las medidas de austeridad, los despidos y de reducción de salarios a nombre del “bienestar común”. Rechazando llevar hasta el final las demandas sociales, en particular las relacionadas con la socialización o nacionalización de las patentes de las vacunas; el caso de la India es patético y criminal.

El gobierno norteamericano y sus aliados de la OTAN, aumentan la presión sobre China y Rusia, incrementando los ensayos militares conjuntos y en una abierta guerra económica que terminarían pagando los pueblos de esos países, pues en defensa de sus privilegios como casta gobernante y opresora, los gobernantes no tienen diferencias fundamentales, se unen contra la clase trabajadora del mundo y de sus países.

Pese a ello, y pese a todo tipo de obstáculos que enfrenta aún por su falta de organización sindical y política independiente, la resistencia de los pueblos y de la clase obrera se mantiene y vive un nuevo ciclo de movilizaciones a nivel internacional.

En la India, hace tan solo unos meses se vivió una segunda huelga de más de 300 millones de trabajadores del campo y la ciudad, en contra de las medidas anti obreras y movilizaciones de decenas de miles en contra de las leyes “anti campesinas”.

En Palestina, como respuesta a las agresiones del Estado Sionista y artificial de Israel se convocó a una Huelga General “desde el Mediterráneo hasta el Jordán” que movilizó al conjunto de los palestinos, incluidos quienes viven al interior del Estado de Israel, movilización que logró el momentáneo cese a los ataques (que proseguirán).

En Francia, los trabajadores de los aeropuertos de París se han puesto en huelga rechazado la reducción de un 15% de su salario, exigiendo también la renacionalización de los aeropuertos y líneas aéreas.

En América latina, los últimos tres años han sido de movilizaciones, solo interrumpidas por las medidas de “distanciamiento social-confinamiento forzado” derivadas del virus.   En Chile las movilizaciones sociales de millones de personas, lograron imponer la convocatoria a una Asamblea Constituyente para barrer con las viejas y opresivas instituciones del régimen heredadas de la genocida dictadura militar de Pinochet, en particular cuestionando y rechazando las masas, el sistema de pensiones por cuentas individuales y la privatización de los servicios públicos.

En Ecuador las movilizaciones de finales de 2019 e inicios de 2020, en contra de la eliminación de los subsidios sociales y el aumento de precios impuestas por el presidente Lenin Moreno como exigencia de las recetas neoliberales. Estas medidas contra los sectores proletarios, han puesto en cuestión el sometimiento de la económica ecuatoriana desde la implementación de la dolarización en 1999.

En Colombia las recientes movilizaciones en contra de la reforma fiscal que carga sobre los sectores populares las deudas del estado colombiano y los rescates a las empresas privadas, han derivado en un repudio explosivo contra las instituciones del régimen uribista y del sometimiento de la nación al gobierno norteamericano. Duque debe ser echado del poder y solo lo salva la complicidad de los aparatos y la presencia de la sexta flota norteamericana.

En Bolivia la movilización popular contra el golpe de Estado al presidente Evo Morales no cejó a pesar de la represión estatal y del apoyo que el imperialismo dio a los usurpadores. La población a través de las movilizaciones y las elecciones, volvió a llevar al poder al Movimiento al Socialismo (MAS) y hoy exige el castigo y cárcel contra los golpistas y la reversión de sus medidas privatizadoras.

En Brasil, las movilizaciones por la salida del presidente Bolsonaro se han reactivado en todo el país, a las denuncias de fraude y de corrupción hoy se suman las demandas para el control de la pandemia que oficialmente a registrado ya medio millón de muertos.

En Perú, la población ha votado masivamente por Pedro Castillo, un maestro rural, sindicalista que dirigió una huelga de profesores y ligado al movimiento campesino: candidato presidencial del partido Perú Libre, quien “ha prometido” convocar a una Asamblea Constituyente para derogar la constitución redactada bajo el mandato de Alberto Fujimori porque dice: “Planeamos cambios, no parches o reformas como otros candidatos de izquierda”.

En Venezuela las masas resisten al imperialismo a pesar del asedio de bandas colombianas y de la OEA y al bloqueo criminal de los EU y la política errática de Maduro que se niega a expropiar al capital, lo que de paso niega su “socialismo del siglo XXI”.

En Cuba. Debemos estar atentos ante las grandes posibilidades de que el pueblo cubano, harto de la burocracia y sus privilegios cada día más ostentosos y públicos, harto de las necesidades materiales, desate movilizaciones por su liberación política y por el establecimiento de un Gobierno Obrero y Campesino, que de inmediato sería enfrentado por la burocracia China, Rusa, y del propio imperio de los EU: la enorme dificultad que enfrentarían las masas cubanas rumbo a la revolución política, que no social, es la ausencia de una Internacional aún.

En nuestro continente estas movilizaciones tienen algo en común: echar abajo las instituciones heredadas en las últimas décadas, que mantienen los dispositivos de dominación imperialista. El rechazo social a las leyes y tratados internacionales que permiten el saqueo de los recursos naturales y laborales, la desreglamentación laboral, la privatización de los servicios públicos, la represión al pueblo. Pero las masas en lucha también tienen en común los obstáculos que les ponen los partidos burocráticos tradicionales, los dirigentes sindicales oficiales, sus gobiernos bonapartistas (Venezuela, Bolivia, Perú, si el imperialismo no impone a Keiko Fujimori, Nicaragua, Argentina…) y la falta de centrales Sindicales Independientes y partidos independientes.

La presión imperialista se acentúa sobre la nación mexicana.

El pueblo mexicano realizó una revolución a principios del siglo XX, consiguió avanzar en el camino de la independencia política y de la soberanía nacional, con base en la fuerza de las armas logró incorporar en la constitución de 1917 la reforma agraria, las nacionalizaciones y expropiaciones, el control nacional de los recursos naturales. La clase campesina impuso la restitución de tierras a los pueblos originarios y el reparto agrario, dando un duro golpe a los terratenientes, a las empresas británicas y norteamericanas, que poseían las mejores tierras de cultivo y para explotación minera. 

La clase obrera inscribió en las leyes los derechos laborales, como la jornada laboral de ocho horas, las vacaciones, el día de descanso obligatorio, el derecho a la huelga y sindicalización. El petróleo, las minas, las aguas y todas las riquezas del suelo y el subsuelo se reservaron como monopolio exclusivo de la nación.

Sin embargo, la revolución mexicana quedó interrumpida, inconclusa, no pudo imponer un gobierno obrero y campesino que dirigiera a la nación hacia el socialismo, ante la falta de un partido de la clase obrera y de los campesinos, que pugnara por el control efectivo de estos recursos y expropiara la propiedad privada. Fueron los grupos burgueses quienes se adueñaron del Estado mexicano y quienes lo condujeron opresivamente durante todas estas décadas, para su propio beneficio. A pesar de ello estas conquistas arrancadas siempre estuvieron en la mira del imperialismo, que desde un principio desconoció la Constitución mexicana y financió a los grupos políticos que lucharon permanentemente para modificarla.

La historia reciente de nuestro país ha sido la lucha de los grupos burgueses y del imperialismo por echar abajo una a una las conquistas de la revolución, por controlar y corromper a las direcciones sindicales y desorganizar a la clase trabajadora. Esta lucha se agudizo en las últimas tres décadas, durante las cuales los gobiernos del llamado “periodo neoliberal” llevaron adelante las “reformas estructurales”, que año tras año, sexenio tras sexenio fueron reformando la Constitución, abrogando artículos o modificándolos a la conveniencia de los intereses empresariales e imperialistas. La entrega de empresas públicas, de las carreteras, puertos y aeropuertos a privados, el cese de la reforma agraria y la privatización de tierras, la privatización de servicios públicos y las pensiones, la contención salarial y las reformas laborales, son todo parte de esta lucha de clases contra los trabajadores.

La modificación constante de los principales artículos constitucionales como el 3ro, el 27 y 123, fueron la materialización del cambio en la correlación de fuerzas, donde la clase obrera y el campesinado fueron cada día perdiendo más y más fuerza social. Los últimos gobiernos de Calderón y Peña Nieto, sostenidos por el apoyo de las cámaras empresariales, los medios de comunicación y el ejército, fueron quienes más avanzaron en estas reformas, entregando prácticamente el país a las empresas extranjeras (117 millones de hectáreas en concesiones, que equivale a más de 50% de territorio del país).

Tan solo en concesiones mineras Calderón otorgó 35.5 millones de hectáreas, seguido de Ernesto Zedillo que entregó 34.6 millones de hectáreas y Vicente Fox quien cedió 24.9 millones de hectáreas, lo que supera los 100 millones de hectáreas otorgadas a campesinos con la reforma agraria entre 1921 y 1991 (¡setena años!) nos da la magnitud de entrega de riquezas de la nación. Por si esto fuera poco, estas reformas se refuerzan en los acuerdos comerciales que el gobierno mexicano ha firmado, principalmente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y su actualización, el Tratado México, Estados Unidos y  Canadá (T-MEC), con los compromisos con los órganos financieros internacionales como el BM, el FMI, la OMC y OCDE y con la creación de múltiples órganos públicos autónomos que sin soberanía alguna están encargados de mantener estas reformas en funcionamiento. Un entramado jurídico que hace casi imposible cualquier reforma progresista en el marco del régimen político actual.

Violencia y descomposición, consecuencia del desmantelamiento de la nación

La consecuencia de estas modificaciones ha sido que 61 millones viven por debajo del umbral de pobreza marcado por la CEPAL, según CONEVAL 42,4% de las mujeres se encuentran en situación de pobreza y, de ellas, 7,4% en situación de pobreza extrema[1]

A esta situación ha aportado la política de contención salarial, acordada con las direcciones sindicales charras: “1977 fue el último año cuando el salario mínimo en México tuvo un crecimiento real. De entonces a la fecha, el salario mínimo para los trabajadores mexicanos ha perdido más de 78% de su valor real”[2]. Esto se acentúa con la precarización laboral que según cifras oficiales emplea 10.8 millones[3].

El resultado ha sido la mayor migración de mexicanos al extranjero, principalmente a EUA, en 2007 se alcanzó un pico de 12,8 millones de mexicanos en E.U.A.[4], el 10% de la población mexicana. Ese mismo año la migración ilegal alcanzo los 400 mil intentos de cruces. Manteniéndose desde 2012 la deportación de 200 mil migrantes al año.

La falta de buenos empleos, de salario suficiente, también ha promovido el aumento de los negocios capitalistas ilegales y del crimen organizado como el tráfico de drogas, el tráfico de personas, la trata de blancas, la prostitución forzada. La descomposición social ha redituado también en el incremento de la violencia, derivado de la lucha entre carteles de las drogas, que se hacen de armas a través de la frontera con E.U.A. La militarización del país bajo el pretexto de acabar con el narco, no ha hecho más que justificar la militarización de la nación.

La resistencia popular y el gobierno bonapartista de AMLO

Pese a este escenario, el pueblo trabajador no se ha quedado de brazos cruzados, pese a la represión y los obstáculos ha mostrado su resistencia contra la entrega de la nación y la pérdida de derechos. No han sido pocas las grandes movilizaciones realizadas en todo el país, para defender diversas causas casi siempre enfrentando a las graves consecuencias de las reformas estructurales o en la defensa de la democracia política.

La lucha de los jóvenes de 1968,  la insurgencia sindical en los años setenta (de la que surgieron el SITUAM; STUNAM, CIOAC, UGOCP, la CNTE y otras organizaciones sindicales autónomas) los movimientos contra los fraudes electorales, han hecho salir a las calles a millones de Mexicanos.

Pero particularmente desde 1988, las consignas y demandas se han centrado en revertir las reformas estructurales, ya sea luchando contra el TLC como lo planteo en un inicio el EZLN en 1994, luchando contra la privatización de la educación como el CGH de la UNAM en 1999, o del Frente Nacional de Lucha contra la Privatización de la Industria Eléctrica, contra el despojo de Tierras como los campesinos de San Salvador Atenco, contra la reforma laboral, educativa o energética, contra el fraude electoral en 2006, la organización de la APPO en Oaxaca, las marchas contra la militarización y la violencia, las luchas contra la instalación de megaproyectos saqueadores, las movilizaciones por la aparición de vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la heroica resistencia del SME y sus intentos de conformar una Central Sindical Independiente y un partido político de la clase trabajadora (OPT), han sido  vanguardia en el intento de conformar las dos organizaciones estratégicas del proletariado, aunque aún inconclusas y con obstáculos. Han ocurrido cientos de luchas protagonizadas por el pueblo trabajador mexicano y la juventud, algunas han logrado victorias parciales, otras han sido reprimidas, pero ha sido la falta de unidad, la visión regionalista o gremialista y la cooptación o traición de las direcciones políticas lo que ha impedido el triunfo parcial de las fuerzas populares.

Todas estas luchas han sufrido la falta de una representación política propia, de un programa común partidista, de una perspectiva de clase, han sido encauzadas y dirigidas por las corrientes políticas burguesas que se presentan como “nacionalistas o de izquierda”, primero por el PRD y hoy por Morena o por corrientes burocráticas gremialistas que terminan en brazos del Estado por su falta de perspectiva que los conduce al oportunismo. En 2006 y 2018 AMLO logró canalizar en su persona el deseo de cambio de amplias masas y la fuerza de estas múltiples luchas. Su llegada a la presidencia tuvo grandes expectativas desde los sectores populares, que en estos últimos años han otorgado una tregua en las movilizaciones. En parte porque Obrador “pudo amarrar al Tigre”.

Así, para la oligarquía que domina este país, AMLO también fue la alternativa para someter a un movimiento social que en los últimos meses de gobierno de Peña Nieto amenazaba en convertirse en una explosión social. López Obrador encarna la definición de un gobierno Bonapartista, que juega al equilibrio y concertación de clases (Frente Popular burgués apoyado por Morena) para imponer el interés de la clase dominante destruyendo de paso la independencia política de las organizaciones proletarias.

AMLO un proyecto utópico de conciliación de clases

Para el presidente López Obrador el principal problema de México “es sólo  la corrupción”. Durante tres años ha repetido su frase de “no robar, no mentir, no traicionar”, con contradicciones evidentes (como el encubrimiento del general Cienfuegos, la liberación de Elba Esther Gordillo, la integración en su gabinete y como funcionarios en los estados, a gran parte de la mafia proveniente del PRI, PAN, PRD, VERDE, etc., incluyendo a la mafia organizada o de la droga y el tráfico) ha tomado medidas contra la corrupción, por la “transparencia” y la austeridad (transparencia que aún no se controla), para obtener recursos y favorecer la implementación de los programas sociales para intentar mitigar la pobreza. Pero esta llamada “austeridad republicana” que consiste en adelgazar al estado (despedir) y recortar subsidios sociales, no crear empleos, siempre fue la petición y exigencia de las instituciones del gran capital.

A nombre de la “justicia social” –declarativa- también ha tomado algunas medidas como el aumento de los salarios mínimos. Que siendo de aproximadamente 138 pesos diarios, no alcanzan ni para comprar un pollo rostizado.

Al mismo tiempo, AMLO ha dado continuidad a las políticas neoliberales macroeconómicas, como  ha sido la firma del T-MEC, que es la base de la pérdida de la soberanía nacional. El impulso de los megaproyectos saqueadores o la militarización del país con la Guardia Nacional[5].

Teniendo la mayoría en las cámaras, Obrador no ha avanzado en la derogación de las reformas privatizadoras, solo ha lanzado iniciativas para regular estas privatizaciones, para supuestamente combatir la corrupción derivada de las mismas, como es la entrega de contratos leoninos que cargan sobre el erario público las ganancias de los capitales privados.

Para López Obrador y su partido el problema no está en las privatizaciones ni en el sistema capitalista, sino en la corrupción con la que fueron hechas. Su enfoque está en amenazar el castigo a la mafia del poder, es decir, de quienes se beneficiaron de los negocios de manera “poco ética” Obrador dice a los empresarios: “el país alcanza para todos, se pueden hacer negocios, pero con ética”. Como una forma también de presionar a los grupos políticos y empresarios que se le oponen.

Su programa no rebasa el horizonte del capitalismo, lo que busca es reformarlo para volverlo más ético (capitalismo con rostro humano, pero al fin explotador y destructor). Para el presidente AMLO, es posible un “capitalismo decente”, regido sobre “principios éticos y una economía de moral”, donde los grandes patrones actúen de “manera honesta y solidaria con los más pobres”.  ¡Como si fuera posible en el marco de este sistema en descomposición que nos conduce a la barbarie social y que no deja disyuntiva: socialismo o barbarie, socialismo o destrucción de la civilización! ¡Como si el imperialismo no exigiera ir hasta el final en la explotación laboral donde no caben los humanismos!

CTM y CROC avalan la reforma al outsourcing impuesta por las cámaras empresariales

En ese sentido, el gobierno de AMLO apuesta por la desmovilización de las clases populares, por los intentos de construir una estabilidad capitalista  mediante un nuevo pacto corporativo que someta e inmovilice a los trabajadores: una conciliación entre el capital y el trabajo, en el que son una pieza central las viejas y nuevas direcciones sindicales charras, como la del SNTE, a quien le devolvió el control del sistema educativo a cambio de apoyo político-electoral; o las confederaciones como la CTM que han sido consultadas para avalar las reformas al outsourcing y las pensiones. Pero también las direcciones de los movimientos sociales y organizaciones sindicales “independientes” quienes durante estos años dieron un cheque en blanco al gobierno y se han sometido al Morena. O bien, las direcciones condenan a los trabajadores al gremialismo, haciendo que den vueltas en el mismo lugar o realizando acciones ya mecánicas o tradicionales, con poco efecto por estar aisladas de las masas de otros sectores y por no abrir una perspectiva de construcción de las organizaciones estratégicas del proletariado: las centrales sindicales independientes y el partido obrero y campesino.

La necesaria independencia política

La clase obrera mexicana se ha caracterizado y ha sufrido derrotas por la falta de organizaciones independientes. Después de la revolución, los principales sindicatos se integraron al Estado con ayuda de sus dirigentes charros, actuaron con corrupción alejados de las necesidades de sus bases y sirviendo al gobierno en turno. A cambio de la “paz laboral”, sus dirigentes gozaron de puestos políticos y se hicieron millonarios. Fueron pocas las expresiones de independencia sindical y de lucha auténtica de los trabajadores, como las huelgas petroleras, de los maestros, electricistas y ferrocarrileros. Casi todas ellas reprimidas por su aislamiento gremial y por la ausencia de una Central Sindical Independiente y de un partido de la clase trabajadora.

No se ha contado con un partido auténtico de la clase trabajadora, por su programa, lo más cercano a ello fue el Partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón.  En términos generales, las organizaciones provenientes del estalinismo, terminaron aliándose al gobierno del PRI, bajo la premisa de que representaba un gobierno popular emanado de la Revolución. A pesar de las luchas heroicas de muchos de sus militantes, el PPS y el PCM con su política, jamás lograron un profundo arraigo, ni representaron los intereses de la clase trabajadora.

Las experiencias de agrupamiento políticos en las décadas de los setentas y ochentas terminaron arrastradas por la marea del Cardenismo e integradas en el PRD donde cualquier referencia de clase fue borrada por la orientación burguesa de destruir organizaciones de los trabajadores y convertirnos en “sociedad civil y ciudadanía”, es decir, eliminar nuestra forma de clase organizada e individualizarnos. Una persona en la calle es ciudadano o sociedad civil, un trabajador organizado en su sindicato o en su partido, multiplica su fuerza y se convierte en clase, nuestro carácter de clase trabajadora es lo que han buscado eliminar, mientras ideológicamente nos tratan de manipular al afirmar que los trabajadores somos “clase media”. Buscaron ideologizarnos con nuevos términos proburgueses: anticapitalismo por antineoliberalismo, la revolución socialista por la revolución democrática o “antisistémica”, socialismo por “un mundo donde quepan muchos mundos” (incluido el mundo burgués), gobierno obrero y campesino por “mandar obedeciendo” aunque en el poder estén el PRI, PAN o Morena.

Han existido varias iniciativas de “unidad” diversos agrupamientos de “la izquierda” de los autodenominados “socialistas” o “revolucionarios”, pero han carecido de un auténtico arraigo en la clase trabajadora, por su corrupción una vez que reciben subsidios, por su búsqueda de espacios para incrustarse en los aparatos de gobierno, y la supuesta “unidad” no ha sido más que la suma de siglas. No se requiere un partido solo como una suma de siglas o personalidades, se requiere un partido compuesto por trabajadores, sobre todo obreros y sus sectores, mujeres, campesinos, juventud, etc.

La organización política del pueblo y los trabajadores, convocada por el SME en 2011 ha sido la experiencia que más se ha aproximado a la creación de una organización política proletaria con una base sindical y presencia en los movimientos sociales. Pero ha quedado limitada por el peso de los intereses políticos de corrientes que prefirieron sumarse a Morena, o por las dinámicas gremiales de su columna vertebral, el Sindicato Mexicano de Electricistas. Hoy esta organización está sumamente debilitada y solo son algunos núcleos estatales los que se mantienen activos en la lucha de clases.

La tarea de poner en pie una organización partidista de los trabajadores sigue inconclusa y es más urgente para recuperar las experiencias y luchas de estos últimos treinta años y sobre todo, para ofrecer una salida a la clase trabajadora, que de otra forma irá de derrota en derrota y una y otra vez, ayer por ilusiones por el PRI, luego por el PAN, luego ilusiones por el PRD, Verde y ahora por Morena. Para dar una orientación que trascienda el marco del sistema capitalista y dar solución a sus demandas. Para tratar de evitar que las organizaciones de trabajadores y la juventud, sean arrastradas o manipuladas en lo sindical, en lo electoral y en lo ideológico-político, por los mismos partidos oficiales que se han convertido en instrumentos del capital y verdugos de la clase trabajadora, se requiere construir el partido proletario. Ponemos el ejemplo amargo de las masas que aún votan por Morena descompuesta, y si no ofrecemos otra opción independiente, repetirán esta experiencia amarga en cada jornada electoral y en cada intento de lucha que será saboteada por los partidos oficiales.

Las tareas de la clase trabajadora

La lucha entre liberales y conservadores plasmada en los libros escolares, se replica en forma manipulada; el gobierno de AMLO se presenta como el “progresista liberal” (capitalismo al fin) y a la oposición como los “conservadores”, pero en esta historia nacional contada por los triunfadores, por los de arriba, siempre está ausente la opinión y la fuerza organizada de la clase trabajadora, quien ha puesto los muertos en sus enfrentamientos.

Es hora  de que la clase trabajadora y los oprimidos irrumpamos en la historia nacional como un sujeto político propio, organizar nuestra enorme fuerza aun dispersa, sin caer de nuevo en la falsa división entre los burgueses buenos y los burgueses malos, burgueses nacionalistas y burgueses entreguistas, progresistas y reaccionarios.

Para la LCI, la tarea central de los revolucionarios en este momento, es la de construir las organizaciones nacionales independientes y de combate de la clase trabajadora, romper con el corporativismo, con el sometimiento a ambas facciones burguesas (liberales y conservadores) que se disputan la dirección del país. Es necesario plantear el proyecto de nación de la clase trabajadora con demandas transitorias para ir politizando a las masas a fin de que tomen en sus propias manos organizadas su propio destino político y su necesidad de existencia hoy amenazada por las guerras, pandemias, desempleo, droga, etc.

Para ello es imprescindible organizar a los miles de trabajadores que carecen de sindicatos, de contratos colectivos, de derechos, es necesario avanzar en la organización gremial y en la conformación de una Central Sindical Independiente.

Es necesario avanzar en el acompañamiento de la organización de los pueblos originarios y de las comunidades en la defensa de sus tierras, sus recursos y en contra del saqueo.

Es necesario organizar a la juventud en la lucha por un futuro digno, contra la precarización, por la educación, el empleo y sus derechos.

Es necesario organizar a las mujeres, por su plena emancipación y por el cumplimiento de sus demandas en conjunto con toda la clase trabajadora, de la cual forman parte.

Pero lo más importante -y para ayudar a lograr en la lucha de clases todo lo anterior- es vital avanzar en la construcción de una organización partidista propia. Un Partido Obrero Independiente, un Partido de los Trabajadores del campo y la ciudad, que, con un programa de independencia política, una organización democrática, una perspectiva clasista y un horizonte socialista pueda aglutinar las luchas y darles una perspectiva a través del acompañamiento y la discusión constante.

Para la LCI, nuestro horizonte de lucha es el comunismo, pero somos conscientes que para llegar a él debemos partir del nivel de conciencia y de organización de la clase trabajadora tal cual y como se nos presenta en la realidad. 

Para nosotros la LCI, se trata en este momento de avanzar en la ruptura con la burguesía local y con las ataduras al imperialismo, se trata de construir un instrumento político transitorio que ayude a la clase trabajadora y a las capas oprimidas del pueblo a diferenciar sus intereses de liberación, de los intereses de explotación de la clase burguesa, que le permita a los trabajadores sentir y usar para su beneficio y sobrevivencia su fuerza política y la haga transformarse de “clase en sí a clase para sí”, una tarea y misión de educación política que no puede cumplir ninguna escuela formal-oficial, eso sólo puede ser tarea del partido como escuela informal en la escuela de la lucha de clases.

Entre la masa que se mueve y la toma de la conciencia, no hay un proceso automático, se requiere una correa de transmisión o conductor, esa correa son los militantes del partido. Solo poniendo en pie una organización de cuadros militantes (obreros, jornaleros, indígenas, jóvenes y mujeres) con influencia de masas-(logradas con el acompañamiento en sus luchas de clases) podremos hacer frente a estas tareas.

Una organización construida desde abajo, con participación real de sus cuadros militantes en los sectores de trabajadores y en las luchas cotidianas del pueblo.

Una organización de combate y coordinación que no viva ni muera por las elecciones, donde la participación en ellas sea una táctica libremente acordada a través de la discusión y no sea lo electoral-burgués la esencia que nos aglutine.

Un partido transitorio conformado por Comités de Base, nacional federativo, con campañas nacionales y de acompañamiento permanente a los sectores en lucha, con su autofinaciamiento a través de las cuotas de sus militantes para poder resistir las presiones de los gobiernos (el que paga manda) un partido que rechace todas las privatizaciones, que luche por renacionalizar todo lo privatizado, que sea de funcionamiento democrático y no acepte el caudillismo, un partido que sea independiente financiera y políticamente del gobierno, empresarios jerarcas de iglesias, ONG´s, etc. Un partido que sea solidario con todas las luchas de los trabajadores del país y del mundo.

Frente Único Obrero

Para la LCI, el acompañamiento de las luchas es esencial, y en cada rincón donde nos encontramos promovemos la unidad y la solidaridad de clase. Para la LCI la construcción de las organizaciones de clase no se dará de manera espontánea sin el acompañamiento de los militantes, aun y cuando de manera instintiva la clase obrera ha mostrado su fuerza y protagonizado paros y manifestaciones en los últimos años; como  los jornaleros agrícolas de San Quintín, los trabajadores de las maquiladoras en Tamaulipas o los paros en las ciudades fronterizas por el resguardo durante la pandemia. 

Estas movilizaciones requieren del paso a la organización sindical o social independiente y cuando esta se ha logrado de manera legal, se requiere continuar la lucha por la firma de contratos colectivos de trabajo; así como politizar y construir la conciencia de clase, en forma constante a los trabajadores y a través de ganar a los mejores cuadros para el trabajo partidista independiente.  Esto demanda la más amplia discusión, formación y preparación de los trabajadores para mantener la democracia sindical, para que sean los trabajadores mismos quienes dirijan y controlen sus organizaciones.

Para la LCI en el momento actual se debe recuperar la consigna “gobierne quien gobierne los derechos se defienden” por ello llamamos a la clase trabajadora a luchar en unidad por las siguientes consignas:

  • NO a la UMA, derogación del USICAMM, prohibición total del outsourcing, estatización de las Afores privatizadas
  • Abajo la reforma Educativa
  • Aumento de salarios, no al pago de la deuda externa y el Ipab-Fobrapoa, para contar con recursos para empleos y salarios suficientes
  • Democracia y libertad sindical ¡respeto a la bilateralidad! ¡Anulación de la toma de nota que impone el estado capitalista!
  • Abrogación del T-MEC y renacionalización de todo lo privatizado para tener recursos suficientes (petróleo, electricidad, minas, puertos, bancos, tierras, agua, etc.)

Llamamos a las acciones unitarias y a la construcción de  Centrales sindicales independientes. 

Frente Único Antimperialista

En los momentos actuales la lucha contra el imperialismo, en general, y contra el imperialismo norteamericano en particular, pasa por la ruptura con el Tratado de Libre Comercio T MEC y el pacto migratorio, pasa por la ruptura con las instituciones heredadas el régimen. Para ayudar a la clase trabajadora, es posible llegar a acuerdos coincidentes con sus dirigentes formales, a fin de ayudar a las masas a movilizarse y en ese proceso destituir a sus viejas direcciones corporativas. El Frente Único Antiimperialista (FUA) se basa en movilizarnos con los puntos coincidentes, dejando para otros espacios y momentos la discusión de las diferencias; lo primero es ayudar a movilizarnos con las masas sobre puntos comunes, problemas comunes provocados por el ataque del imperialismo a todos los sectores, incluidos la pequeña burguesía.

Como LCI, apoyamos cualquier medida progresista que vaya en ese sentido. Manifestamos que, si el presidente AMLO está dispuesto a avanzar en propuestas progresistas, aunque aún limitadas, apoyaremos las propuestas (eliminar trato preferencial a las compañías privadas en Pemex y CFE, juicio a los expresidentes, estatizar prisiones, aumento a las pensiones populares, renacionalizar lo privatizado, etc.). Pero, siempre manteniendo nuestra independencia política y sin convertirnos en obradoristas y mucho menos morenistas. Y sin abandonar ni sacrificar nuestras consignas transitorias.

Manifestamos que la forma más eficiente para poder echar atrás las medidas que desmantelan la nación y realizar verdaderos cambios, es a través de un Congreso Constituyente, que impulse la modificación total de la actual Constitución y el sistema económico y político, para acabar con las barreras jurídicas y legales que impiden estos cambios.

Un Congreso Constituyente Libre y Soberano para:

  • Que recupere lo más avanzado de la Constitución de 1917
  • Desmantele el poder judicial y las cortes, instituyendo tribunales populares
  • Desconozca el injusto pago de la deuda externa
  • Renacionalice los sectores esenciales de la economía
  • Reincorpore al patrimonio público las empresas privatizadas
  • Garantice el goce de los derechos políticos y sociales (en el caso de los sindicatos, desaparecer la toma de nota opresiva)
  • Obtener recursos para empleos, salarios, servicios públicos, subsidios al campo y a la industria nacional para garantizar la soberanía, para fortalecer los sistemas de salud, para empleos y salarios suficientes, construir carreteras y liberar casetas de cobro, agua potable, universidades gratuitas, y demás necesidades sociales.

Para nosotros, la LCI, un Partido de los Trabajadores del campo y la ciudad debería de encabezar la lucha por este Congreso Constituyente e involucrar a diversos sectores por medio de sus cuadros militantes, presentarse sus cuadros como los más decididos y optimistas frente a los trabajadores y la juventud, en la lucha por la soberanía nacional y por recuperar las demandas de los sectores oprimidos, haciendo un llamado al pueblo en general para movilizarse en las calles y huelgas, hasta lograr bajo la presión social la convocatoria, organización y defensa de las decisiones del  Congreso Constituyente, como hizo el pueblo chileno aun con sus problemas.

Únete a la LCI y luchemos por la construcción de un Partido obrero Independiente: conformado por Comités de Base, con composición de la clase trabajadora, con funcionamiento democrático, que sea sostenido por las cuotas de sus cuadros militantes para conservar su independencia, y que acompañe las luchas cotidianas de los trabajadores y sus sectores, incluyendo a la juventud.

La Liga Comunista Internacionalista, sección mexicana del Comité de Organización por la Reconstitución de la Cuarta Internacional (LCI-CORCI), te llama a organizarte con nosotros para avanzar en las tareas descritas líneas arriba.

Te invitamos a la lucha en contra del sistema capitalista, un sistema que promueve la desigualdad y la discriminación de todo tipo, un sistema que es incapaz de brindarle un futuro a la humanidad, donde los derechos más elementales, a la salud, la educación, la vivienda el salario y una pensión digna son negados y solamente pueden ser defendidos y satisfechos acabando con este sistema.

Solamente acabando con este sistema y estableciendo un gobierno de los trabajadores se pueden defender los intereses de la mayoría y liberar a México del yugo del imperialismo.

Te invitamos a ser un militante de nuestra organización a conocer el programa de la Cuarta Internacional, a luchar por la Revolución Socialista en México y el mundo. Al mismo tiempo, en un marco democrático y de libre discusión política, te invitamos a  sumarte a la construcción de un partido transitorio, del Partido Obrero Independiente, del partido de la clase trabajadora mexicana, con vínculos fraternales con la clase trabajadora del mundo. Un partido de trabajadores, donde predomine la representación de la clase trabajadora y su juventud, y en donde la LCI y las diferentes corrientes, podrán ser parte componente en forma y funcionamiento democrático, con los mismos derechos y obligaciones, todos integrados en su Comité de Base.

Para dar el primer paso práctico en la organización de la propuesta, te invitamos a ser parte de los 100 dirigentes invitados al Primer Encuentro presencial y virtual, donde estableceremos las primeras tareas para avanzar en promover las condiciones para proclamar al Partido de la Clase Trabajadora. Anexamos la propuesta de Convocatoria de este Primer Encuentro, que será autofinanciado, para iniciar con la independencia política y financiera necesaria.


[1] Ver https://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza-2018.aspx

[2] Ver: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/38-anos-de-contencion-salarial-20150112-0001.html

[3] Ver https://factorcapitalhumano.com/leyes-y-gobierno/10-8-millones-de-mexicanos-tienen-empleos-precarios-el-mayor-registro-historico/2020/02/

[4] Ver: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46705825

[5] La que se aseguró que sería una fuerza civil, pero en estos momentos se discute en el congreso su incorporación a la Secretaria de la Defensa Nacional

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