México, Estados Unidos y la Cumbre de las Américas

U.S. President REUTERS/Daniel Becerril

Por Juan Carlos Vargas y Alan Benjamin

Esta semana se desarrolla en Los Ángeles la novena cumbre de las Américas, impulsada por el gobierno estadounidense, una reunión de jefes de estado que desde su inicio en 1994 se planificó como un mecanismo para impulsar el “libre comercio” en todo el continente, cuya primera iniciativa fue el ALCA.

En esta ocasión destaca la ausencia de diversos jefes de Estado de América: el presidente Luis Arce de Bolivia; el presidente Alejandro Giammattei de Guatemala; la presidenta de Honduras, Xiomara Castro; el presidente Luis Lacalle Po de Uruguay; y el presidente Nayib Bukele de El Salvador.

La principal ausencia es la del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien en las últimas semanas presionó públicamente para que se invitará a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, gobiernos catalogados por la administración estadounidense, como antidemocráticos (en contraste con la anunciada visita de Biden a Arabia Saudita, cuya monarquía reaccionaria le parece democráticamente aceptable).

AMLO declaró el pasado lunes 6 de junio: “No puede haber cumbre de las Américas si no participan todos los países del continente americano, o puede haber, pero nosotros consideramos que es seguir con la vieja política de intervencionismo, de falta de respeto a las naciones y sus pueblos”.

Pese a ello, México participará en la cumbre a través de una representación a cuya cabeza se presenta Marcelo Ebrard, secretario de relaciones exteriores (uno de los candidatos más fuertes para suceder a AMLO en 2024) y cuyo objetivo es arrancar una serie de financiamientos para los programas asistenciales Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida, que AMLO propone ampliar a toda la región de Centroamérica y a las comunidades latinas en EUA.

Como es de todos sabido, uno de los puntos principales de la agenda de esta cumbre es abordar el tema de la migración, cuyo desplazamiento principal consiste en la migración de los países centroamericanos y del Caribe a los Estados Unidos, un tema en el cual el gobierno mexicano ha estado alineado a la política estadounidense desde la administración de Trump, poniendo a su disposición a la Guardia Nacional que se ha convertido en el verdadero muro de contención de la migración centroamericana y del caribe.

Sobre la afectación en las relaciones México-EUA, el presidente AMLO y Ebrard han sido claros que la ausencia en la cumbre no modificará la cooperación entre ambos gobiernos. El propio AMLO anunció el 6 de junio que derivado de las reuniones con altos funcionarios de la Casa Blanca ha acordado una reunión bilateral con el presidente Biden en julio próximo. Acontecimiento que no sería raro entre dos jefes de Estado, pero que tiene relevancia dado que AMLO solo ha salido del país en dos ocasiones, para reunirse con Trump y para participar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Diversos medios mexicanos han adelantado que esta reunión bilateral abordará el tema de acceso de los energéticos mexicanos por parte de Estados Unidos, en particular la exportación de petróleo y la interconexión eléctrica, temas que estuvieron en discusión en los últimos meses, ante la iniciativa de reforma energética propuesta por AMLO la cual fue frenada por la oposición en el Congreso mexicano bajo la presión abierta de congresistas estadounidenses y una intensa agenda de visitas de funcionarios de primer nivel a México.

Ebrad y Biden

Volviendo a la cumbre Biden declaró en la sesión inaugural que de entre la amplia agenda (transición energética, cambio climático, salud) destaca el tema económico y su propuesta de crear una «Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica» que implica una serie de tratados para recuperar su influencia en la región y competir con la creciente ampliación de negocios chinos en el continente, particularmente en Sudamérica.

La Secretaria de Estado estadounidense ha anunciado que EUA está dispuesto a financiar amplios proyectos en el continente, y propone una reforma del Banco Interamericano de Desarrollo, para facilitar el acceso al crédito, no solo de los gobiernos, sino también de los privados. También se ha anunciado la disposición de empresas estadounidenses de invertir en la región. Antony Blinken declaró el 8 de junio que el destino de los estadounidenses está íntimamente ligado con la economía latinoamericana. “Dependiendo de cómo le vaya al hemisferio, nos irá a nosotros”, afirmó el secretario de Estado.

La BBC citó a un alto funcionario de la Casa Blanca que expresó: «Realmente esperamos que la participación no sea de ningún modo un obstáculo para lograr negocios significativos en la cumbre». En el mismo artículo se expresa: “La Casa Blanca aguardaba esta semana la presencia de 23 jefes de gobierno del continente y planificaba acuerdos incluso con los cancilleres o ministros que representen a los invitados ausentes”. Lo que podemos traducir es que la ausencia de los jefes de Estado de México, Honduras, Guatemala, El Salvador, Bolivia y Uruguay no implica un verdadero boicot de la cumbre y que los proyectos de la administración Biden siguen con o sin la participación de estos presidentes.

Los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua han llamado a boicotear esta cumbre cuyo objetivo es alinear a los países del continente a una nueva iniciativa de tratado de libre comercio a conveniencia de los Estados Unidos en su enfrentamiento económico con China y en el contexto del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

En definitiva, existe una contradicción entre los intereses soberanos de estos países y en particular de las conquistas de la Revolución Cubana con la integración en esta Asociación de libre comercio.

Lo que se necesita es una verdadera cumbre de los trabajadores y los pueblos de las américas que respete la soberanía de los pueblos –una cumbre que plantee en primer lugar el cese de las sanciones aplicadas a Venezuela y el término del criminal bloqueo comercial a Cuba, el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos y el alto al saqueo de los recursos naturales (por la renacionalización de todo lo privatizado por esta política de “libre comercio”), el libre tránsito de las personas, y el cese de las políticas anti-inmigración.

En ese sentido se realizará en Tijuana del 10 al 12 de junio la reunión de la Cumbre de Trabajadores de las Américas, un espacio de convergencia donde se plantea una plataforma de lucha alternativa a la del imperialismo estadounidense.

La alternativa planteada por los organizadores de esta cumbre se concentra en los 12 puntos siguientes:

  • 1. Denunciar la Cumbre de las Américas, como una instancia que busca explotar a los países del Sur con medidas neoliberales que responden a los intereses corporativos de Norteamérica (EEUU y Canadá).
  • 2. Denunciar la política de bloqueo económico contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.
  • 3. Denunciar el secuestro del diplomático Alex Saab por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
  • 4. Denunciar el vergonzoso muro fronterizo entre México y Estados Unidos, que constituye una política anti-inmigrante y racista de Estados Unidos contra los pueblos del Sur.
  • 5. Denunciar la necropolítica en la que el gobierno de Estados Unidos ha embarcado el futuro de nuestro planeta.
  • 6. Establecer relaciones directas con los actores políticos avanzados de la sociedad mexicana, estadounidense y canadiense, que luchan por un nuevo mundo donde el medio ambiente, la naturaleza y el ser humano sean la prioridad.
  • 7. Hermanamiento con organizaciones sindicales de México, Estados Unidos y Canadá.
  • 8. Denunciar la brutalidad policial en Estados Unidos.
  • 9. Integración regional (CELAC vs. UNASUR).
  • 10. Promover la lucha de los pueblos indígenas de nuestra América.
  • 11. Denunciar la OTAN, una vergüenza en nuestro continente
  • 12. Denunciar las sanciones que matan a los pueblos.

Por nuestra parte nos pronunciamos por una amplia discusión de estos puntos, con el objetivo de clarificar y refinar algunos de ellos; por ejemplo, la OTAN es mucho mas que una “vergüenza”; es un instrumento de guerra y destrucción masiva contra los pueblos. O en el caso de integración regional, ”¿podemos limitarnos a una discusión entre CELAC vs. UNASUR? ¿No es necesario una discusión mas de fondo –una discusión que abarque todos los puntos de una política de ruptura nacional y regional con la política imperialista estadounidense?

Estaremos en esta Cumbre de Trabajadores de las Américas. En próximas entregas informaremos sobre los desarrollos de esta contracumbre.

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