Certezas e incertidumbres en medio de una mentira dominante


EDITORIAL del número 545 de La Tribune des Travailleurs, semanario del Partido de los Trabajadores francés
Por Daniel Gluckstein

Si finalmente, como fue anunciado, se firma el 19 de junio el acuerdo entre los Estados Unidos e Irán, ello significará la derrota del imperialismo americano considerando los objetivos de guerra que habían sido proclamados. Es una certeza política que todo el mundo reconoce, excepto, por supuesto, Trump y un puñado de fieles amigos suyos.


Otra certeza: Trump tenía necesidad de mostrar el rostro de una victoria a su llegada al G7 para tapar mejor su derrota.

No tenía otra opción que la de buscar un acuerdo dado el agotamiento de su arsenal militar y el temor de una derrota en las elecciones de la mitad de mandato a finales de año, en las que su electorado al parecer podría expresar el rechazo a su política.

Otra cosa es el contenido de ese acuerdo. Otra cosa es saber lo que pasará en las negociaciones futuras. Saber si este acuerdo va a estallar o no en las próximas horas y la guerra recomience en este proceso. Sobre todos esos puntos, persiste la mayor incertidumbre.

Otra incertidumbre: ¿hasta qué punto Netanyahu aceptará plegarse a los términos de un
acuerdo que condena y busca hacer explotar?

Certeza: en un “acuerdo global” sobre el Medio Oriente, el pueblo palestino desapareció, enterrado bajo los escombros de las destrucciones en Gaza y perseguido en Cisjordania. Es así como las grandes potencias imperialistas – los Estados Unidos, aunque también las de Europa – aprueban el hecho de que el pueblo palestino debería pagar con su existencia el precio del genocidio perpetrado por Israel.

Otra certeza: las grandes potencias imperialistas se han acomodado definitivamente en el estante de los accesorios inútiles cuando se habla del principio del derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos, principio que se ha vuelto una fórmula vacía cuando se trata del pueblo palestino – aunque también de todos los pueblos del mundo -, en donde el imperialismo americano se arroga el derecho, en todas circunstancias, de atacar militarmente el territorio y de asesinar a sus dirigentes.

Otra certeza: todos los imperialismos europeos se inclinan frente a Trump, el más rociador de adulación es sin duda Macron extendiendo la alfombra roja del Castillo de Versalles. Y es que Europa no reivindica otra cosa que la de estar asociada a los planes de Trump. En esas condiciones, aún si los ritmos y los plazos no se pueden conocer, es claro que una firma efectiva del acuerdo entre los Estados Unidos e Irán marca una nueva etapa en la preparación de nuevas confrontaciones militares.

Una vez que la administración estadounidense anunció el retiro de una gran parte de sus tropas en Europa integradas a la OTAN, los gobiernos europeos se disponen a preparar un aumento brutal de sus gastos militares, aumento financiado en Francia por el deterioro de las bajas por enfermedad, por el reembolso de las medicinas y otros ataques más contra los derechos obreros, los servicios públicos y la Seguridad social.

Mientras tanto, el imperialismo americano refuerza su dispositivo militar frente a China, organiza los stocks de armamentos en Australia y envía a su marina a cruzar el Mar de China.

Otra certeza: la marcha a la militarización general de la economía, el desarrollo de economías de guerra y de gobiernos de guerra va a agravarse. Ante esto la clase obrera se opone mano con mano a las consecuencias de esos presupuestos de guerra y se lanza resueltamente en el combate para defenderse, como nuestro semanario lo hace cada semana.

En ese contexto, hay otra certeza: es inaceptable el rechazo obstinado de las organizaciones obreras por centralizar el combate contra el presupuesto de guerra, anti-obrero y anti-juventud en una manifestación de conjunto contra el gobierno.

La marcha a la guerra solamente puede ser combatida yendo a las raíces: la crisis del sistema capitalista fundado en la propiedad privada de los medios de producción.

Este combate invita a la organización de la lucha de clases contra nuestro propio gobierno. Tarde o temprano, la irrupción de millones y millones de trabajadoras, de trabajadores y de jóvenes unidos con sus organizaciones forzará el retroceso de este gobierno de guerra con todo y sus presupuestos mortales.

Ese es el centro de la campaña del Parti des travailleurs contra la guerra impulsada por Macron-Lecornu al exterior contra los pueblos siguiendo los pasos del imperialismo estadounidense, y al interior contra el pueblo trabajador en Francia. Ese es el significado del mitin internacional del 8 de noviembre.

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