Detrás del “acuerdo” entre Washington y Teherán

Hicieron falta tres meses y medio de guerra, semanas de oscilaciones y cambios de rumbo para llegar a ello: el domingo 14 de junio, Estados Unidos anunció que había alcanzado un acuerdo de paz con Irán. Salvo que sea cuestionado antes de esa fecha, el texto será firmado el 19 de junio en Ginebra, antes de que comiencen nuevas negociaciones sobre la cuestión nuclear. “Todavía nos queda mucho trabajo, pero es una gran victoria”, afirmó JD Vance, vicepresidente de Estados Unidos.

Pero no basta con proclamar una victoria para ganar una guerra. Lo que la administración estadounidense se niega a admitir es que su acuerdo de paz con Irán marca definitivamente su derrota en una guerra que ella misma desencadenó. “El primer objetivo de Donald Trump e Israel era la caída del régimen iraní. Hoy es ese mismo régimen iraní el que ha negociado y firmado”, explicaba el politólogo Hasni Abidi en France Inter el 15 de junio. “Ese régimen sigue ahí, se ha fortalecido y endurecido; desde ese punto de vista, ha ganado”.

En realidad, el conflicto con Irán puede reanudarse en cualquier momento. Nada garantiza que el protocolo de paz llegue hasta el final. Apenas unas horas después de su anuncio triunfal del 14 de junio, Trump declaró al New York Times que no dudaría en reanudar los bombardeos si Irán no lograba un acuerdo sobre la cuestión nuclear. Para Estados Unidos, salir de la guerra en Irán resulta casi tan imposible como ganarla. Y todos tienen presente la cifra revelada por la cadena estadounidense CNN: desde marzo, Trump anunció cerca de cuarenta veces que un acuerdo con Irán estaba a punto de concretarse… sin ningún resultado.

Si el presidente estadounidense busca desesperadamente una salida, es porque la crisis política se ha agravado considerablemente desde los primeros bombardeos contra Irán. La guerra es tan impopular como cuestionada. Y a medida que se acercan las elecciones de medio mandato, Trump necesita asegurarse la fidelidad de quienes apoyaron su elección en 2024. Durante su campaña electoral, les había prometido poner fin a las costosas aventuras militares para devolver a los estadounidenses su poder adquisitivo. Dos años después, la realidad es muy distinta: la guerra en Irán parece no terminar nunca y la inflación alcanzó en mayo su nivel más alto de los últimos tres años.

Pero su derrota en Irán no bastará para convencer a Trump de renunciar a la guerra. El imperialismo estadounidense tiene otros objetivos… por ejemplo, prepararse para una guerra contra China. En respuesta a quienes le reprochan no respetar sus promesas de campaña, Trump declaró el 7 de junio: “Nunca garantizé que no habría guerras. Si no, ¿por qué habría construido el ejército más poderoso del mundo?”. Tres días después, los republicanos hicieron público el detalle de su proyecto de presupuesto de defensa: 1 billón de dólares (un millón de millones) para 2027. ■

Nelly Mary

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