Azania (Sudáfrica): «¡Nuestro enemigo es el gobierno capitalista, no nuestros hermanos y hermanas inmigrantes!»

Mandlenkosi ka Phangwa, militante de la sección azaniana de la IV Internacional Tomará la palabra el 8 de noviembre en el Mitin del Comité Internacional contra la Guerra y la Explotación, convocado por militantes de 48 países

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¡Contra la guerra y la explotación, por la Internacional Obrera!

Una oleada de pogromos xenófobos, organizados por un misterioso movimiento llamado «March to March», que cuenta con la tolerancia de la policía, recorre Sudáfrica. En pocos días, 25 000 trabajadores originarios de Zimbabue, Mozambique, Malawi, Nigeria y la República Democrática del Congo se han visto obligados a huir del país por temor a perder la vida.

La sección azaniana de la IV Internacional —miembro del Comité de Organización para la Reconstitución de la IV Internacional, CORCI— condena sin ninguna ambigüedad la actual oleada de xenofobia.

La xenofobia divide y debilita a la clase obrera. Protege al sistema responsable de la pobreza, el desempleo y las desigualdades.

Los discursos contra los inmigrantes se han vuelto habituales dentro de ciertas fuerzas políticas, que desvían la legítima indignación de los desempleados y de las víctimas del capital para dirigirla contra los trabajadores inmigrantes.

Sin embargo, estos trabajadores no poseen las tierras, las minas, los bancos ni las fábricas. Por tanto, la xenofobia sirve a los intereses de la clase capitalista sudafricana. Es la expresión moderna de la vieja estrategia colonial de «dividir para gobernar», organizada ahora por una clase política negra al servicio de los capitalistas.

Las raíces de la xenofobia se remontan a la propia conquista colonial. Las fronteras que actualmente dividen África son una herencia de la Conferencia de Berlín de 1884, durante la cual las potencias imperialistas europeas se repartieron el continente sin el consentimiento de nuestros pueblos.

Durante siglos, estos pueblos comerciaron, migraron, se mezclaron y compartieron una vida común. Fueron separados por fronteras coloniales artificiales, establecidas al servicio del saqueo y de la dominación imperialista.

En 1994, en Sudáfrica, la derrota del régimen racista del apartheid —que había oprimido al pueblo negro desde 1948— representó una victoria histórica. Millones de personas sacrificaron sus vidas para que la democracia política se convirtiera en una realidad.

Sin embargo, aunque el Congreso Nacional Africano, ANC —el partido de Nelson Mandela, que integraba al Partido Comunista Sudafricano— garantizó derechos políticos a la mayoría negra, pactó con la minoría capitalista blanca para mantener intactas las estructuras económicas del colonialismo y del apartheid.

La propiedad de la tierra continuó concentrada en manos de los granjeros blancos. Las minas, los bancos y las grandes empresas permanecieron en manos privadas.

Las privatizaciones, la masacre de Marikana —el asesinato de 35 mineros negros en huelga en agosto de 2012— y tres décadas de presupuestos de austeridad no son «errores» de gestión del ANC. Son las consecuencias de su traición de 1994.

Rechazamos los llamados al Estado burgués para que «regule las migraciones de manera humana»

Tres décadas después, millones de personas negras se encuentran desempleadas. La pobreza forma parte de la vida cotidiana de la mayoría, que continúa privada de la tierra. Los barrios marginales siguen multiplicándose.

Los jóvenes carecen de cualquier perspectiva, a pesar de vivir en un país rico en recursos naturales y humanos. Los trabajadores inmigrantes procedentes de Zimbabue, Mozambique, la República Democrática del Congo o Malawi no son responsables de esta situación.

Además, la migración de estos trabajadores hacia Sudáfrica es producto directo del orden regional imperialista: los programas de ajuste estructural impuestos a los Estados vecinos; el hundimiento de la economía de Zimbabue bajo la presión combinada de las sanciones y del saqueo realizado por sus élites; décadas de guerra alimentada por el imperialismo en la República Democrática del Congo, entre otros factores.

Rechazamos los llamados al Estado burgués para que «regule las migraciones de manera humana», como algunas veces se propone.

El Estado sudafricano es el Estado del capital, que divide y explota. Por el contrario, llamamos a las organizaciones independientes de la clase obrera a impedir esta división entre los explotados, forjando la unidad de todos los trabajadores en la lucha.

Esta lucha exige un programa de transición que vincule cada reivindicación particular con la necesidad de la conquista del poder por la clase obrera.

Contra el desempleo, necesitamos una planificación democrática del desarrollo industrial y un programa de grandes obras públicas bajo control obrero.

Contra la falta de tierras, es necesario expropiar las propiedades de los grandes terratenientes, sin indemnización ni recompra, y establecer una propiedad social y democrática de la tierra, poniendo fin a siglos de despojo colonial contra la mayoría negra.

En relación con los trabajadores inmigrantes, debemos exigir igualdad de derechos para todos, independientemente de su situación migratoria; un Código del Trabajo y un salario mínimo únicos para todos, inmigrantes o no, con el objetivo de impedir que los patrones utilicen la competencia entre trabajadores inmigrantes y nacionales para debilitar al movimiento sindical.

También debemos exigir plenos derechos sindicales y protección jurídica para los trabajadores indocumentados.

Llamamos a las centrales sindicales COSATU, FEDUSA y SAFTU a rechazar cualquier tolerancia dentro de sus filas hacia los discursos contra los inmigrantes.

Las llamamos a constituir comités de base que unan a los trabajadores sudafricanos e inmigrantes en los centros de trabajo y en el sector informal.

Vinculemos la lucha contra la xenofobia con la lucha contra el desempleo, por la tierra y contra la explotación

Estas tareas solo podrán realizarse mediante la organización y la movilización autónomas de la clase obrera contra la clase capitalista.

Se trata de construir la solidaridad internacional de los trabajadores, la unidad consciente de los explotados más allá de las fronteras coloniales que ellos no eligieron.

La única lucha válida no debe enfrentar a los sudafricanos contra otros africanos, sino a quienes trabajan contra quienes se enriquecen mediante la explotación del trabajo.

La sección azaniana de la IV Internacional llama a los trabajadores, estudiantes, jóvenes desempleados, organizaciones de los barrios y sindicatos independientes a rechazar la xenofobia bajo todas sus formas.

Vinculemos la lucha contra la xenofobia con la lucha contra el desempleo, con la lucha por la tierra y con el combate contra la explotación, porque todas forman parte de una misma lucha contra el sistema capitalista.

Nuestro enemigo no es el trabajador africano que atraviesa una frontera artificial en busca de una vida mejor.

Nuestro enemigo es el capital, el imperialismo, el Estado y el gobierno que administran nuestra explotación, tanto en Pretoria como en el resto del mundo.

¡Trabajadores de Azania, de África y del mundo: únanse!

Esta lucha es inseparable del combate por la independencia política de la clase obrera y por la conquista del poder. Por tanto, también es inseparable de la lucha por un partido de los trabajadores de Azania y por la reconstitución de la IV Internacional como instrumentos de este combate.

Esto es lo que iremos a defender desde la tribuna del mitin internacional que se realizará en París el próximo 8 de noviembre.

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