
El estrecho de Ormuz «seguirá cerrado mientras Estados Unidos no acepte todas [nuestras] condiciones», declararon el 9 de agosto las autoridades iraníes, pese a las amenazas de bombardeos estadounidenses.
Una confesión de fracaso para Trump.
Más aún porque, ese mismo día, Netanyahu anunció que «se opone firmemente» al plan del presidente estadounidense para Gaza, que Hamás acababa de aprobar. Un «nuevo revés», según The Washington Post.
¿De qué se trata?
Como escribimos la semana pasada, Netanyahu es un auxiliar de Trump, pero tiene sus propias motivaciones:
«Tiene dos objetivos: avanzar lo más lejos posible en la instauración de un “Gran Israel” basado en el apartheid y en la negación de la existencia del pueblo palestino; prolongar un estado de guerra que le permita mantenerse en el poder y… escapar de la cárcel que lo amenaza, debido a las acusaciones de corrupción en su contra».
Ante la proximidad de las elecciones legislativas israelíes de finales de octubre, Netanyahu continúa su guerra genocida en Gaza y Líbano y empuja a los colonos y al ejército israelí a expulsar al pueblo palestino de sus tierras en Cisjordania.
Pocos días antes de rechazar el plan de Trump, lo había acusado en estos términos:
«La existencia de Israel no está sujeta a negociación».
Trump quiere (re)construir una base militar para 5 mil soldados entre las ruinas de Gaza
Trump, por su parte, tiene otros problemas, comenzando por sus dificultades en Irán y las elecciones de medio término de noviembre.
Amplios sectores de su electorado están descontentos por la inflación, mientras que el apoyo a Israel cae fuertemente entre la opinión pública.
A principios de junio, Trump había filtrado al medio digital Axios la reprimenda que dirigió a Netanyahu:
«Sin mí, estarías en prisión. Ahora todo el mundo te odia, todo el mundo odia a Israel por esto».
Así, Trump debe ahora tomar una decisión:
«Aumentar la presión sobre Netanyahu, corriendo el riesgo de alejar a algunos de sus aliados proisraelíes, o dejar que su proyecto de paz para Gaza se estanque, quizá indefinidamente», escribió The Guardian el 10 de agosto.
Sin embargo, ese periódico británico acababa de revelar que el «Consejo de Paz» presidido por Trump había dado luz verde para iniciar la construcción de una primera base militar en Gaza, destinada a recibir a 150 soldados marroquíes de la «fuerza internacional» contemplada en el plan de Trump.
El diario precisó que las ambiciones del «plan de reconstrucción» habían sido «considerablemente reducidas»: ya no se habla de una «Riviera de Medio Oriente».
En cambio, lo único que Trump quiere (re)construir entre las ruinas de Gaza es una base militar con capacidad para 5 mil soldados.
Además de Marruecos, los gobiernos de Uganda, Kosovo, Albania y Kazajistán ya se habrían comprometido a proporcionar tropas.
La respuesta de Trump a Netanyahu aún no se conocía.
Pero el alto representante del «Consejo de Paz», Mladenov, ya declaró en un canal israelí que el plan estadounidense para Gaza constituye «la única vía a seguir».
Aunque añadió, a modo de advertencia, que esto estaría condicionado a que no se produjera un ataque similar al del 7 de octubre de 2023.
En cuanto al pueblo palestino, no podrá vivir libre ni bajo las botas del Estado genocida ni bajo las de una «fuerza internacional» dirigida por Trump.
Dominique Ferré

