
Coral Wheeler, militante sindical y miembro de Socialist Organizer
Las elecciones de mitad de mandato de 2026 plantean una cuestión crucial para la clase obrera y los oprimidos de Estados Unidos: quién gobierna la sociedad y en beneficio de quién.
Desde hace dos años, el régimen de Trump enfrenta una resistencia creciente de la clase obrera estadounidense. De Los Ángeles a Chicago, el ICE —policía de inmigración y aduanas— ha sido rechazado por una resistencia popular que no deja de ampliarse y que encontró su expresión más fuerte en Minneapolis, donde el movimiento sindical y sus organizaciones comenzaron, desde la base, a sentar los fundamentos de una huelga general.
Esto no significa que Trump haya dejado de llenar los bolsillos de los beneficiarios de la guerra y de la clase de los multimillonarios, ni que haya puesto fin a la expansión constante de la guerra mundial —Irán, Ucrania, Cuba, Venezuela, Palestina y preparativos de guerra contra China—. Tampoco significa que haya detenido sus ataques contra los trabajadores inmigrantes ni las persecuciones políticas contra los militantes. Lo esencial es que tampoco se ha concretado la «solución fascista» destinada a aplastar a los trabajadores y sus organizaciones.
De una u otra forma, la resistencia a Trump se expresará en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Sabemos que la respuesta a las reivindicaciones de la clase obrera no puede ser el Partido Demócrata, que no es más que el otro partido que representa los intereses del capital financiero estadounidense. Basta recordar que el presupuesto militar récord de 1.15 billones de dólares sólo pudo aprobarse el 22 de julio gracias al voto decisivo de seis legisladores demócratas.
¿Puede surgir de estas elecciones una verdadera alternativa a la política de Trump? Numerosos candidatos del Partido Demócrata se reivindican de su ala «izquierda»: los miembros de Democratic Socialists of America (DSA). Reciben hoy el apoyo de trabajadores y jóvenes que aspiran a romper con la política de republicanos y demócratas. Pero la experiencia muestra que la elección de estos candidatos de «izquierda» no conduce necesariamente a satisfacer las reivindicaciones de los trabajadores.
En Nueva York, por ejemplo, el alcalde de DSA Zohran Mamdani tuvo que someterse a las instituciones y aplicar recortes presupuestarios: en los primeros cien días de su mandato bloqueó la ampliación de un programa de ayuda a la vivienda y recortó 30 millones de dólares del presupuesto de bibliotecas públicas.
Dicho esto, las razones por las que cientos de miles de jóvenes y trabajadores votarán por esos candidatos de la «izquierda» demócrata son razones que compartimos. Por eso quienes preparamos el mitin internacional contra la guerra y la explotación nos dirigimos también a ellos.
Para satisfacer todas nuestras reivindicaciones, para terminar con la política de guerra y con Trump, ¿no hace falta una verdadera ruptura del movimiento obrero tanto con los republicanos como con los demócratas?

