AFRICOM: brazo armado del imperialismo estadounidense en África

Publicado en Black Republic (núm. 58, julio de 2026), boletín de la sección azaniana de la IV Internacional.

«Cuando los jefes militares comparecen ante el Congreso de Estados Unidos, con frecuencia dicen más de lo que quisieran.

El general Anderson intervino allí para hablar de “seguridad, terrorismo y estabilidad en África”. Sin embargo, detrás de esos discursos se esconde una realidad: Estados Unidos solo percibe África a través del prisma de sus propios intereses estratégicos.

El general advirtió así sobre China, que amplía su influencia económica en el continente, y acusó a Rusia de aprovecharse de la inestabilidad que allí existe.

Concluyó asegurando al Congreso que cada dólar invertido en AFRICOM —el comando militar unificado estadounidense para África— contribuiría directamente “a la seguridad, la protección y la prosperidad de Estados Unidos”.

Desde hace décadas se repite a los africanos que las asociaciones militares extranjeras tienen como objetivo la paz, la democracia y el desarrollo.

El general Anderson tuvo el mérito de mostrar claramente que, si África ocupa un lugar central en los cálculos geopolíticos de Estados Unidos, es debido a su posición estratégica, sus minerales críticos y su importancia económica.

Así es precisamente como funciona el imperialismo.

Actualmente, África rebosa de recursos minerales, pero cientos de millones de sus habitantes padecen desempleo, precariedad, trabajo informal y profundas desigualdades sociales.

Los trabajadores extraen inmensas riquezas del subsuelo. Pero solo una mínima parte de esas riquezas se destina al desarrollo de la industria, a la creación de empleos reales y a la construcción de verdaderos sistemas públicos modernos de educación y salud.

Esta contradicción no puede resolverse mediante la expansión militar.

Ninguna asociación militar puede sustituir al desarrollo industrial, la reforma agraria, la planificación democrática y la soberanía económica.

La lucha contra la guerra es inseparable de la lucha contra la explotación.

Una sociedad marcada por el desempleo masivo, las desigualdades y la desesperación constituye un terreno fértil para los conflictos.

Una paz duradera exige justicia social, no una militarización permanente».

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