Francia: la juventud se levanta por su futuro

Estudiantes, docentes y trabajadores comienzan a encontrarse en una misma lucha

Desde mediados de septiembre, Francia vive una movilización estudiantil que se ha extendido rápidamente por todo el país. Lo que comenzó en algunos liceos se transformó, en cuestión de semanas, en un movimiento nacional protagonizado por decenas de miles de jóvenes que reclaman algo elemental: profesores, grupos menos saturados, escuelas en condiciones dignas, alimentación adecuada, servicios de salud escolar y la posibilidad real de continuar sus estudios.

El 6 de octubre, cientos de miles de personas participaron en manifestaciones en distintas ciudades francesas. La mayoría eran estudiantes de bachillerato, acompañados por universitarios, docentes, organizaciones sindicales y trabajadores que acudieron a respaldarlos.

Detrás de las consignas hay una realidad concreta.

En numerosos liceos faltan profesores desde el inicio del ciclo escolar. Hay grupos de 36 a 40 estudiantes, planteles con baños inutilizables, techos deteriorados, falta de computadoras, ausencia de enfermeras y trabajadores sociales, y comedores incapaces de atender adecuadamente al alumnado. Los propios estudiantes resumen su demanda de manera sencilla: “Queremos un futuro”.

No están protestando por cuestiones abstractas. Están defendiendo su derecho a estudiar.

“Queremos simplemente tener éxito”

Una frase recogida por los corresponsales del periódico expresa quizá mejor que cualquier discurso el contenido de este movimiento:

“¿Sabe, señor? Nosotros simplemente queremos tener éxito.”

Los jóvenes rechazan que se les presente únicamente como responsables de disturbios. Frente a ese relato, enumeran sus propias reivindicaciones: profesores suficientes, enfermería escolar, asistencia social, reparación de edificios y mejores condiciones materiales.

Otro de los grandes motivos de protesta es Parcoursup, el sistema utilizado para asignar plazas en la educación superior francesa. Muchos estudiantes consideran que los obliga a competir entre ellos y que no garantiza el acceso a la carrera universitaria elegida.

Para una parte de esta juventud, el problema comienza incluso antes: ¿de qué sirve terminar el bachillerato si después no existe una plaza universitaria disponible?

La respuesta: represión

El movimiento estudiantil también ha colocado en el centro del debate la actuación policial.

Según las cifras del Ministerio del Interior citadas por La Tribune des travailleurs, durante una semana de movilizaciones hubo cerca de 5,000 detenciones, 85 % de ellas de menores de edad. El Ministerio de Educación contabilizaba además al menos 170 estudiantes y 65 trabajadores de la educación heridos.

Los casos relatados son particularmente graves.

Un joven de 16 años perdió el uso de un ojo después del impacto de un proyectil policial. Otro estudiante sufrió una lesión grave en circunstancias similares. En Lens, un adolescente de 15 años perdió una mano tras la explosión de una granada policial.

Los artículos también recogen testimonios de estudiantes que rechazan las provocaciones y los destrozos. En distintos centros, los propios jóvenes han explicado que su objetivo es organizarse alrededor de sus demandas y no destruir sus escuelas.

Eso resulta fundamental para comprender lo que ocurre: el centro del movimiento son las reivindicaciones estudiantiles, no las imágenes de enfrentamientos que frecuentemente ocupan los titulares.

Estudiantes y profesores: las mismas reivindicaciones

Algo importante está comenzando a producirse.

Los profesores reconocen que muchas de las reivindicaciones de sus estudiantes son también las suyas.

Faltan docentes, auxiliares educativos, personal administrativo y trabajadores destinados a atender estudiantes con discapacidad. Los edificios se deterioran y las condiciones laborales empeoran.

Por eso, en distintos liceos, asambleas de profesores han votado apoyar las movilizaciones estudiantiles, participar en huelgas y acompañar a los jóvenes.

En Montreuil, por ejemplo, una asamblea de trabajadores de la educación declaró su apoyo al movimiento y señaló que las reivindicaciones de los estudiantes “coinciden con las nuestras”.

Este encuentro entre estudiantes y trabajadores de la educación representa uno de los elementos políticamente más importantes de la movilización.

Una juventud que empieza a mirar más allá de las escuelas

Las consignas recogidas en las manifestaciones muestran que una parte de los jóvenes comienza también a relacionar sus problemas educativos con cuestiones más amplias.

En varias ciudades aparecieron pancartas que cuestionaban el contraste entre la falta de recursos educativos y el crecimiento del gasto militar.

La portada del propio periódico plantea esta contradicción: mientras el gobierno prepara un presupuesto con 54 mil millones de euros en recortes, el gasto militar recibiría miles de millones adicionales.

La movilización estudiantil ocurre, además, en un contexto donde otros sectores de trabajadores también mantienen conflictos por salarios, empleo, servicios públicos y condiciones laborales.

De ahí surge una pregunta que atraviesa los artículos del periódico: ¿puede producirse una convergencia entre estudiantes, trabajadores de la educación y el conjunto del movimiento obrero?

Lo que ocurre en Francia no concierne sólo a Francia

Para quienes vivimos fuera de Francia, sería un error observar estos acontecimientos como un problema exclusivamente francés.

En muchos países conocemos situaciones semejantes: escuelas deterioradas, docentes insuficientes, universidades saturadas, precarización juvenil, dificultades para conseguir vivienda y presupuestos públicos sometidos a recortes.

También conocemos el discurso que afirma que “no existen recursos” para satisfacer las necesidades sociales mientras enormes cantidades de dinero se destinan a armamento, rescates empresariales o beneficios privados.

Por eso, el movimiento estudiantil francés merece ser seguido atentamente por jóvenes, docentes, sindicalistas y trabajadores de otros países.

No porque todas las situaciones sean idénticas, sino porque plantea cuestiones universales:

¿Quién decide las prioridades presupuestarias?
¿Debe la juventud aceptar que no existen recursos para garantizar su educación?
¿Qué ocurre cuando estudiantes y trabajadores descubren que muchas de sus reivindicaciones son comunes?

Solidaridad internacional

El internacionalismo comienza por conocer las luchas de otros pueblos y trabajadores.

Expresar solidaridad con los estudiantes franceses significa, ante todo, hacer visibles sus reivindicaciones, compartir información sobre lo que está sucediendo y defender el derecho de los jóvenes a organizarse y manifestarse pacíficamente sin sufrir violencia.

Significa también seguir con atención el encuentro que comienza a producirse entre estudiantes, profesores y organizaciones obreras.

Las imágenes de miles de jóvenes marchando en París, Rennes, Lyon, Toulouse, Brest y muchas otras ciudades muestran una generación que se niega a aceptar pasivamente el deterioro de sus condiciones de estudio.

Su mensaje es sencillo y comprensible en cualquier idioma:

queremos estudiar, queremos condiciones dignas y queremos tener un futuro.

Quienes estamos fuera de Francia podemos escuchar ese mensaje, difundirlo y mantenernos atentos a la evolución de una movilización que podría convertirse en una referencia importante para otros movimientos juveniles y sociales.

Porque cuando una generación comienza a organizarse para defender su futuro, lo que ocurre deja de ser únicamente un asunto nacional.

Se convierte también en una cuestión de solidaridad internacional entre jóvenes y trabajadores.

Deja una respuesta